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John F. Kennedy alejó a su custodia el día de su asesinato

© AP Photo / AnonymousJohn Kennedy y Wernher von Braun
John Kennedy y Wernher von Braun - Sputnik Mundo, 1920, 17.05.2021
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Días antes de ser asesinado, el expresidente de EEUU John. F. Kennedy le pidió a los agentes del Servicio Secreto que guardaran una distancia mayor de su automóvil para mostrarse más cercano y accesible a los ciudadanos. El nuevo dato es parte de una serie de revelaciones publicadas en un libro que sale a la venta.
El 18 de noviembre de 1963, solo cuatro días antes del trágico desenlace, Kennedy le exigió al entonces supervisor del Servicio Secreto, Floyd Boring, que los agentes que viajaban en lugares especiales instalados cerca del maletero de su automóvil dejaran de hacerlo y que comenzaran a seguirlo desde otro vehículo, publica Fox News.
"Es excesivo, Floyd. Y está dando la impresión equivocada a la gente. (...) Tenemos una elección por venir. El punto es que sea accesible a la gente", sostuvo el mandatario.
"Si alguien está lo suficientemente loco como para querer matar a un presidente de los Estados Unidos, puede hacerlo", le dijo Kennedy a su portavoz, según revela la reportera del Washington Post Carol Leonnig, autora del libro Zero Fail: The Rise and Fall of the Secret Service (Cero errores: el ascenso y la caída del servicio secreto).
El libro relata la historia presidencial desde el punto de vista del Servicio Secreto, documentando cómo presupuestos inadecuados, luchas internas y una cultura machista han dejado a los agentes mal preparados para misiones que salvan vidas.
Clint Hill, escolta de la primera dama, viajaba en el coche de seguimiento tras haber abandonado su lugar habitual junto a ella: "¡Sabía que debería haber estado en la parte trasera de ese coche!".
"Su cuerpo podría haber evitado que el asesino tuviera un disparo claro", escribe Leonnig, señalando que los otros agentes escucharon el disparo, pero inicialmente estaban confundidos sobre la fuente y el objetivo.
"Hill eventualmente sería considerado un héroe por generaciones de agentes después de él por su salto a un coche en movimiento", agrega la periodista.
Pero el viaje en avión a casa fue una pesadilla. Hill estuvo atormentado por punzadas incesantes de culpa que lo molestarían durante la mayor parte del resto de su vida: "Si solo hubiera estado en los escalones traseros del coche, habría estado lo suficientemente cerca como para llegar a él antes del tercer disparo".

Seducción, amantes y agentes con resaca

"En privado, los agentes del Servicio Secreto de Kennedy vieron a un hombre cortejando el peligro", escribe Leonnig tras describir la turbulenta vida del presidente, obsesionado con seducir a cuanta mujer pudiera.
"Kennedy fue extremadamente imprudente con su propia seguridad personal. Sus acciones hicieron que algunos de sus protectores se sintieran incómodos y algunos bastante enojados. Profesionalmente, fue su tarea más difícil hasta ahora", asegura la autora.
Si bien el Servicio Secreto realizaba rutinariamente verificaciones de antecedentes de cualquier persona que se reuniera en privado con el presidente, esto estaba prohibido para sus amantes.
Para cubrir la hiperactiva agenda del presidente, los agentes trabajaban en turnos dobles y en sus días libres, a menudo renunciando a una noche de sueño.
Pero a menudo, el problema no era la falta de mano de obra, sino el propio Kennedy, ya que se deshacía de sus guardias en cualquier oportunidad, creyéndolos "ineficaces".
El libro asegura que los agentes veían su trabajo permanentemente amenazado, ya que Kennedy era capaz de "subirse a un coche cualquiera con su hermano o un amigo... tratando de alimentar un apetito aparentemente insaciable por la conquista sexual". La comitiva de seguridad temía que "dentro de un mar de mujeres al azar alguien tratara de chantajearlo, envenenarlo o matarlo".
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El día anterior al asesinato, los agentes habían pasado casi 24 horas en servicio. Esa noche, en lugar de irse a dormir, nueve de los agentes, cuatro de los cuales estaban programados para presentarse a trabajar a primera hora de la mañana, terminaron en un "club nocturno legendario y escandaloso" llamado The Cellar después de la una de la madrugada.
Si bien tenían prohibido ingerir alcohol incluso en horas de descanso —ya que podían ser llamados en cualquier momento—, el bar puso en sus copas un jugo de frutas y alcohol de grano. Los agentes regresaron a su hotel entre las 2:45 a. m. y las 5 a. m.
El turno diurno comenzó a las 8 a. m. y apenas cuatro horas y media más tarde, la primera bala impactaría en el cuello de Kennedy que se había convertido en un blanco fácil con los agentes a varios metros de distancia, a pedido de la propia víctima.
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