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Sergio López-Rivera, el maquillador español que hizo de "la mujer más fea de la música" un Óscar

© AFP 2021 / PoolSergio López-Rivera tras recibir el Óscar, junto a sus compañeras Jamika Wilson y Mia Neal
Sergio López-Rivera tras recibir el Óscar, junto a sus compañeras Jamika Wilson y Mia Neal - Sputnik Mundo, 1920, 01.05.2021
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Sergio López-Rivera es el ganador del Óscar a mejor maquillaje y peluquería. Convertir a Viola Davis en Ma Rainey le convierte en el segundo español que levanta este galardón. Tras este, una larga trayectoria que comenzó a orillas del Cantábrico y acabó bajo las palmeras californianas.
Los sueños de la niñez también se cumplen. En su caso, "fantasía", puntualiza el maquillador Sergio López-Rivera. Con pocos años, sentía devoción por la gala de los Óscar. Se pegaba a la pantalla del televisor para ver cómo las estrellas del mundo del cine desfilaban hacia la deseada estatuilla. Le gustaba el hecho de que reconociesen un trabajo bien hecho. Fuese con un premio o una fiesta. También le atraía el glamour que emanaba la ceremonia. Un ir y venir de esmóquines y vestidos de vapor y brillo. Pompa que llegaría a sentir en su propia piel. Él sería uno de los asistentes a la noche dorada del séptimo arte. Y no solo eso. Saldría de allí con un óscar. El galardón a mejor maquillaje y peluquería, por su labor en La madre del blues, junto a Jamika Wilson y Mia Neal.
Ya han pasado unos días desde aquel 25 de abril en la Union Station de Los Ángeles. López-Rivera dice que todavía siente el "jet lag posgala". Su cuerpo entero se ha relajado tras los seis meses de campaña previos a los Óscar. Sin embargo, su vida ha cambiado. Su móvil no para de sonar. No ha dejado de hacer entrevistas desde el anuncio de la candidatura. Tampoco tras la victoria. "Estoy sintiendo una gigantesca ola de cariño, especialmente desde España. La verdad es que no me lo esperaba, sobre todo después de la cantidad de años que llevo en Estados Unidos", señala el artista, sevillano de nacimiento, pero criado en Santander.
Ma Rainey le ha dado la gloria. En sus manos recayó la transformación de la actriz Viola Davis en la que era conocida como la mujer más fea de la música. Una diva gorda y sudorosa que poco tiene que ver con su actual misión: convertir a Davis en Michelle Obama. "El truco no es intentar replicar al personaje. Es imposible que una persona sea otra solo con maquillaje. La cosa es generar una serie de detalles que ayuden a relacionar una cara con otra. Alejarme de Viola y acercarme a Michelle. Encontrar el punto medio entre las dos. El resto del cuadro lo completa la cabeza del espectador", indica.
Palabras que comparte con Sputnik Mundo desde Atlanta, donde se graba The First Lady, una serie en la que se recorrerá la vida de las primeras damas Eleanor Roosevelt, Betty Ford y, por supuesto, Michelle Obama. No ha transcurrido una semana de aquella mágica velada y las brochas ya están en su mano. Al final, su profesión es su pasión. Y no le falta trabajo.
—¿Cómo vivió la noche de los Óscar?
—Era mi primera vez en los Óscar e iba con una retahíla de comentarios que decían que la gala es larga y pesada. Pero, la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Casi me parece hasta injusto decirlo, pero es así. La Union Station lucía preciosa, la organización era excelente… Es más, creo que deberían reconsiderar este nuevo formato, más estilo una fiesta. Por decir algo, era como la mejor boda que te puedas imaginar. Y, aunque no te lo creas, estaba tranquilo. Estuve más nervioso el día antes que en la propia gala.
—Pero seguro que cuando sonó "And the Oscar goes to…" sintió algo en el estómago…
—Solo tenían que decir las dos primeras letras del título de la película. Había otro filme que empezaba igual, aunque se pronuncia distinto. En el momento que dijeron Ma, dejé mi cuerpo. Estaba en las nubes y se te vienen mil y una emociones. Es complicado de explicar. Por una parte, no te lo puedes creer. Parece una película que le está pasando a otra persona, aunque en realidad te está pasando a ti. Por otro lado, es difícil conectar el trabajo que hiciste con ese premio. Cuando diseñas un maquillaje, te centras en la investigación, el arte o la técnica para sacarlo adelante, pero jamás se te pasan por la cabeza los elogios o los premios. Muchísimo menos que te van a dar un Óscar.
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Además, todos los artistas padecemos lo que se llama el síndrome del impostor. Una voz interior que nos dice que hemos llegado hasta ahí por suerte, que no nos lo merecemos… La tenemos todos. Desde estrellas como Meryl Streep o Viola Davis hasta yo mismo. Pero bueno, esa inseguridad también hace que el artista tome riesgos. La que te obliga a nunca estancarte. Y, por supuesto, a seguir adelante e ir superándote.
—La estatuilla es una recompensa a ese camino de riesgos que escoge el artista. Un trayecto que en su caso arranca prácticamente en la niñez…
—De pequeñín pintaba en revistas y caras. Pero, primero comencé con el dibujo. Me apasionaba y me ayudaba a relajarme. Era como un ansiolítico para mí. Digamos que dibujo y maquillaje los conecté yo solo. Cogía las muñecas de mis hermanas y me dedicaba a maquillarlas. Pero, jamás llegué a imaginar que podía ser una profesión. Crecí en la España de los 70. Nací en una casa tradicional en la que los niños jugaban al fútbol y las niñas con muñecas. Las líneas estaban demasiado marcadas para tener la libertad de soñar con otras alternativas.
De hecho, antes de ser maquillador profesional, yo ya trabajaba en el mundo del cine. Fui chófer, asistente…hasta heladero. Llegué a Los Ángeles con 19 años y jamás pensé en el maquillaje como carrera. Eso sí, cuando decidí aventurarme en el mundo de las brochas, descubrí que esa era mi vocación. Y la verdad, no hay nada mejor que trabajar de lo que a uno le gusta. Yo no necesitaba el Óscar, porque ya era feliz con mi vida. Y eso, no le pasa a todo el mundo.
—¿Cómo comenzó su aventura en el mundo del maquillaje?
—En Los Ángeles, yo ya había hecho un par de películas. Empecé como chófer de algún director de cine. Trabajé en varios proyectos con el cineasta Bill Duke, un hombre fantástico que me presentó a otros actores. Así conocí a Mimi Rogers, con la que conecté rápidamente. Me ofreció ser su asistente personal y lo acepté sin dudar. Los Ángeles es carísimo y necesitas dinero para todo. Recuerdo de pasar temporadas en las que sobrevivía con una caja de arroz instantáneo a la semana.
© Foto : Cortesía de Impact24 Public RelationsSergio López-Rivera en el set de "La madre del blues"
Sergio López-Rivera en el set de La madre del blues - Sputnik Mundo, 1920, 30.04.2021
Sergio López-Rivera en el set de "La madre del blues"
Con Mimi estuve como tres años. En una ocasión, ella tenía que grabar un anuncio y la maquilladora que tenía que ir sufrió un accidente. Le comenté que si quería la podía maquillar yo. No iba a ser la primera persona, porque cuando estudié en Oxford y Dublín, yo era el que maquillaba a mis amigas antes de salir o hacer sesiones de fotos. Mimi aceptó la propuesta y yo me encargué de arreglarla. Al ver el resultado, me dijo: "Sergio, te quiero con locura y me encantaría que estuvieses conmigo para siempre. Pero, tienes que hacer esto".
Entonces, se me encendió la bombilla. "¿Y si me dedico a esto?", pensé. En un principio, da miedo, porque, desde niño, yo mismo había desvalorizado el maquillaje como profesión. Me había escondido tras este precepto de que era un simple hobby. Hasta que conseguí romper el estigma. Me apunté a la academia de Joe Blasco. Es muy prestigiosa, pero también cara. Tuve que pedirle un préstamo a mi abuela, que ni pestañeó. Allí, aprendí muchísimo. Aproveché las clases todo lo que pude y más. Siempre me quedaba hasta tarde para seguir mejorando. Salí de allí como el número uno de mi clase.
—Y de la escuela a los platós. Supongo que, para llegar a series y películas, el proceso sería paulatino…
—Totalmente. Primero, me salieron proyectos en películas independientes. Algunas tan siquiera vieron la luz. Lo bueno es que te rodeas de un grupo de artistas que también están empezando. Casi, casi, nos movíamos en manada hacia arriba, hasta que llega el momento de independizarse. Es bonito luego encontrarte luego a esas personas en estamentos más altos de la industria. Personas que han avanzado paso a paso, como tú.
—¿Cuáles fueron sus primeros pinitos conocidos en pequeña y gran pantalla?
­—Mi primer pinito conocido fue en la serie Felicity. La filmaba en invierno y en verano trabajaba en el show de HBO La mente del hombre casado. Ahí conocí a las actrices y ahora amigas Sonya Walger y Kate Walsh. Fue Kate la que me hizo quedarme en la televisión un par de años más, porque yo estaba un poco saturado de la pequeña pantalla. Ella llevaba un tiempo en Anatomía de Grey y en 2006 la ficharon para la serie Sin cita previa. Ella sabía que iba a dejar la televisión, por lo que me preguntó si conocía a alguien que estuviese interesado en hacer el maquillaje para el piloto. Al final, le dije que ya se lo hacía yo. Ahí conocí a Amy Brenneman, Paul Adelstein, Tim Daly… Nos enamoramos todo el equipo instantáneamente. Dije que me quedaba hasta Navidad. Al final me quedé seis años.
© Foto : Cortesía de Impact24 Public RelationsSergio López-Rivera en el set de 'La madre del blues'
Sergio López-Rivera en el set de 'La madre del blues' - Sputnik Mundo, 1920, 30.04.2021
Sergio López-Rivera en el set de 'La madre del blues'
Lo importante de esta colaboración es que me situé como la persona de referencia para la productora de Shonda Rhimes, que está detrás de series como Anatomía de Grey o Scandal. Me ofrecieron muchísimos trabajos. 13 años estuve a su lado. Me permitieron hasta contratar a mis propios peluqueros y maquilladores. La última serie en la que participé fue en Cómo defender a un asesino. En la grabación en Filadelfia conocí a Viola Davis.
—Desde ese momento, usted se convirtió en el maquillador de confianza de Viola Davis. ¿Cómo es trabajar con ella?
—Es lo mejor. La verdad es que he tenido suerte de tener a las mejores clientas. Después de tantos años en el mundo del espectáculo, el glamour y la fama no te interesa nada. Te interesa estar con una persona humana, cariñosa y cercana. Alguien que te permita desarrollarte como artista. Viola es una de ellas.
© Foto : Cortesía de Impact24 Public RelationsSergio López-Rivera maquillando a Viola Davis de Ma Rainey
Sergio López-Rivera maquillando a Viola Davis de Ma Rainey - Sputnik Mundo, 1920, 30.04.2021
Sergio López-Rivera maquillando a Viola Davis de Ma Rainey
Ella siempre quiere llegar al mayor grado de autenticidad en cada personaje. Le interesa mucho saber la visión de todos los artistas que la rodean. Esta inmensa curiosidad, te anima a buscar maneras más profundas de alcanzar la meta final. En esta industria, tenemos que manejar la vanidad de los actores y es fantástico cuando una actriz elimina ese obstáculo. Viola no tiene la necesidad de que la hagan guapa. Sabía que Ma Rainey era fea, sudorosa y gorda. Te deja trabajar a ti solo, sin estar pendiente de su vanidad. Te permite lanzarte al vacío y ahí es donde nace la creatividad.
—Ma Rainey es tu obra oscarizada. ¿Qué hizo para diseñar el aspecto de la cantante?
—Me encantan las películas de época. Me fijo en todos los detalles, desde la forma de las cejas hasta el tipo de papel de las paredes. Cuando me ofrecieron el proyecto, me metí de lleno en los años 20. Me zambullí en la documentación existente. Realicé una investigación histórica, sociológica y económica. Quería descifrar qué era ser una mujer negra en el Estados Unidos a principios del siglo XX. Quería saber quién era Ma Rainey.
Solo había siete fotos en las que se veía a Ma Rainey, por lo que me base en lo que se decía de ella. Que era gorda, que sudaba mucho… Según citas de aquellos años, ir a verla era maravilloso y repugnante a la vez. Era una mujer criticada, repudiada por ser el tono oscuro de su piel. Una persona que tuvo que luchar por todo lo que consiguió. No era fácil ser ella. Mi intención era que los espectadores de la película sintiesen lo mismo que aquellos que la contemplaron en vida.
© Foto : Cortesía de Impact24 Public RelationsDiseño del maquillaje de Ma Rainey
Diseño del maquillaje de Ma Rainey - Sputnik Mundo, 1920, 30.04.2021
Diseño del maquillaje de Ma Rainey
Para el maquillaje, investigué en la industria cosmética del siglo XX. No había casi nada para las mujeres de color. Solo había algunos polvos y alguna crema para aclarar la piel. Las barras y el rímel eran los de las blancas. Me acordé de las historias de mi abuela en la Guerra Civil, cuando las mujeres no tenían acceso a maquillaje. Empleaban soluciones caseras, como el zumo de remolacha como colorete o la táctica de quemar un corcho de vino y untarlo en mantequilla para hacer sombra de ojos… Pensé en maquillajes hechos en casa, por aquellas mujeres negras que no tenían productos para ellas.
Su maquillaje tenía que ser casero, mal hecho, corrido por el sudor y dramático, al criarse en los espectáculos teatrales. Un símbolo de su vida.
© Foto : Cortesía de Impact24 Public RelationsViola Davis caracterizada de Ma Rainey
Viola Davis caracterizada de Ma Rainey - Sputnik Mundo, 1920, 30.04.2021
Viola Davis caracterizada de Ma Rainey
—Se ha hecho con el Óscar por devolver a la vida a “la mujer más fea de la música”. Pero, su travesía hasta él, casi se puede decir que es bonita. Es un poco el sueño cumplido de todas aquellas personas que llegan a Hollywood con un sueño.
—"Llegué a Los Ángeles con una maleta y sueño". (Risas). Es un cliché, pero hay gente que lo pasa muy mal. En mi caso, yo vine casi sin dinero, pasé hambre, soledad…Pero, no me ha quedado ningún trauma. Era por las ganas que tenía. Nada me detuvo.
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