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España se enfrenta al recuerdo de las Brigadas Internacionales en un cementerio de Madrid

© Foto : Cortesía de la Asociación de Amigos de las Brigadas InternacionalesTumbas de brigadistas internacionales en el cementerio de Fuencarral de Madrid
Tumbas de brigadistas internacionales en el cementerio de Fuencarral de Madrid - Sputnik Mundo, 1920, 24.04.2021
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Una placa en el camposanto de Fuencarral, donde se homenajeaba a más de 400 voluntarios extranjeros que murieron en la Guerra Civil, provoca una discordia nacional sobre la memoria histórica. La Asociación de Amigos reivindica con un homenaje su papel en la contienda.
Vinieron de diferentes países con una misión clara: luchar contra el fascismo. Para muchos, después de la victoria del III Reich en Alemania, la consecuente persecución de judíos o el ruido de tambores que marcaba un conflicto a gran escala, la Guerra Civil española era un prólogo. El primer episodio de lo que luego se alargaría hasta 1945 y dejaría un mundo dividido en bloques. En las trincheras de Aragón, Cataluña o Madrid se internaron unos 35.000 extranjeros que, voluntariamente, se alistaron en las filas republicanas para hacer frente al ejército sublevado.
Un quinto de los participantes foráneos cayeron en el combate. Perdieron la vida antes de que sus camaradas sucumbieran al Golpe de Estado de 1936 y tuvieran un desenlace parecido: la muerte, el exilio o la represión durante 40 años. En todo ese tiempo no hubo ningún agradecimiento ni recuerdo oficial. Después, ya en democracia, se hizo de forma tímida. Mientras en el resto de países europeos levantaban altares para quienes ayudaron a terminar con el nazismo fueran de donde fueran, en España se conmemoró su actuación con algunas placas o señales repartidas en distintos puntos de la península.
En Madrid, por ejemplo, se les dedica un jardín o algunos monumentos que en los últimos meses han sido pintados con esvásticas o insultos. La polémica más reciente es la del cementerio de Fuencarral, al noroeste de la capital. En este camposanto situado entre el monte de El Pardo y el distrito con el mismo nombre se renovó hace 32 años, un 20 de marzo de 1989, una placa en honor a los brigadistas. Cuatro días antes de esta efeméride, sin embargo, Vox registró una proposición en la Junta Municipal en la que pedía retirar tanto "el monumento escultórico dedicado a la Memoria de los Voluntarios Soviéticos" como "todas las placas en memoria de Brigadistas Internacionales de diferentes nacionalidades".
La retiró in extremis, poco después de presentarla, al comprobar que no tendría respaldo. Aun así, abrió de nuevo la herida del pasado. Volvió a poner en el candelero el asunto de la memoria histórica, aludiendo a un apartado de la ley y al acuerdo para retirar las calles de Indalecio Prieto y Largo Caballero. Y sembrando dudas sobre el futuro de estos homenajes a los voluntarios que se alistaron para defender la causa de la II República. "Dicen que ofenden a las víctimas, pero lo que ofende es que no haya restos de los asesinados en un bando", protesta Almudena Cros, presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI), después de convocar un acto el 24 de abril en este espacio para mostrar su apoyo.
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"Intentar quitar la placa es gordísimo, es volverles a escupir en la tumba. Esta gente vino para luchar contra el fascismo de todos los lugares del mundo", esgrime en conversación con Sputnik. Cros, además, alega que la placa y el monumento a soldados soviéticos no son ni siquiera un culto porque los cuerpos de los fallecidos no reposan debajo. "Fue una profanación de tumbas", se queja, refiriéndose al inicio de todo este memorial. Según la historiadora, en 1936, cuando comenzó la Guerra Civil y llegaron los brigadistas, se produjeron muchas bajas en las batallas de la Comunidad de Madrid.
Hasta este rincón de la capital se trasladaron los cuerpos de 424 extranjeros. Y se les indicó con una placa en francés. Pero, al entrar en Madrid, se eliminaron todas las menciones. "En 1941 se sacan los restos por la fuerza y se llevan al monte, a fosas comunes", explica Cros, que conserva un listado con los soldados enterrados allí. Procedían de Bulgaria, Polonia, Alemania, Dinamarca o Estados Unidos, sin contar con los ingleses, italianos, franceses o soviéticos que empezaron a secundar la resistencia desde el principio.
"Todo esto lo sabemos por tradición oral. Sabemos que los cuerpos estuvieron en el cementerio, porque hay fotos, y creemos que están enterrados en un radio de no más de dos kilómetros, sobre El Pardo", incide la directora, enseñando un documento donde se puede ver que muchos están mecanografiados como "desconocido" y otros como "español".

"De los 35.000 que vinieron, muchos tenían nacionalidad española. Y no solo hay que destacar lo que hicieron por el país, sino lo que tuvieron que pasar después. Algunos fueron represaliados a la vuelta o tuvieron que seguir luchando en la Segunda Guerra Mundial", cuenta.

Cros lamenta que esta parte de la historia no se haya difundido demasiado. "Los únicos honores que tienen los brigadistas vienen por parte internacional, de las embajadas", expone, exhibiendo un vídeo de cómo se recibió en Reino Unido a estos voluntarios. "Además, los homenajes son reiteradamente atacados", añade. "En este cementerio, pequeño y apartado, ya se pintaron símbolos nazis contra el monumento a los soldados soviéticos y ahora los de Vox quieren quitarles las placas", exclama, mientras indica la permisividad que hay si se trata del otro bando: "Siguen teniendo una placa a los caídos del Cuartel de la Montaña en pleno Templo de Debod, un homenaje a los que lucharon por un golpe de estado fascista".
Giles Tremlett, periodista inglés residente en España y autor del libro The International Brigades: Fascism, Freedom & Spanish Civil War (Las brigadas internacionales: fascismo, libertad y Guerra Civil española), coincide con Cros y arguye que "parece conflictivo" hablar de estos combatientes. "En realidad, fue un grupo de voluntarios que querían luchar por la República. En el estallido los envía el Komintern, pero luego se ponen a disposición de la República, siguen sus órdenes", detalla a Sputnik. El perfil variaba. "Había de todo. Muchos eran jóvenes y luego tuvieron problemas a la hora de volver a sus países", comenta.
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Se les catalogó, indica Tremlett, de "antifascistas prematuros". "Buena parte participó después en la Segunda Guerra Mundial. Primero llegaron franceses, polacos, italianos o alemanes. Luego los americanos o británicos. Y tuvieron mucha importancia los del este", aclara, justificando que en un contingente tan amplio había todo tipo de personalidades.
"Y en España es curioso: según con quien hables, o eran unos estalinistas peligrosos o unos libertadores", ríe el escritor, que prefiere mantener los vestigios del pasado: "Quiero que se expliquen, no que se quiten", sentencia, aludiendo al cementerio de Fuencarral y otros panteones.
Este es especialmente interesante por su trayectoria. A lo que ocurrió durante la guerra y la dictadura, se le suma una serie de lances posteriores. En 1989 se inauguró el citado monumento a los voluntarios soviéticos. Fue diseñado por el escultor V. Rukavishnikov y el arquitecto M. Voskresenski y "representa a los soldados rusos que atraviesan el arco de triunfo roto y literalmente se hunden en el mapa de España. La figura femenina que aparece detrás de ellos es la de la Madre Rusia, que despide a sus hijos", tal y como describen en la entrada del blog La Esquina Roja, que envían desde la AABI. En Moscú hay uno similar "en memoria de los Españoles que combatieron por la libertad en Europa entre 1941 y 1945".
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Aparte, está la placa a las Brigadas Internacionales y los mensajes adyacentes en distintos idiomas. Se contrapone con una efigie del yugo y las flechas falangistas, en el mismo recinto. Un espacio que el Ayuntamiento planteó reformar en 2017. Este proyecto preocupó al georradarista Luis Avial Bell, explorador de fosas de la Guerra Civil. Sospechaba que cerca del cementerio podrían permanecer aún los huesos de los brigadistas, así como de un grupo de falangistas que habrían sido fusilados por milicianos republicanos al inicio del conflicto. "Habría que certificarlo", declaraba en un artículo de eldiario.es. Luis Avial Bell veía este lugar como "un microcosmos de la Guerra Civil".

"En la entrada hay enterramientos de derechistas asesinados y lo más interesante está al final del muro. Ahí había una zona específica para las tumbas de los brigadistas que obviamente fueron destrozadas cuando llegaron los nacionales. Los sacaron y tengo la teoría de que los echaron cerca del cementerio", argumentaba, apoyándose en que los franquistas "los metieron en camiones y los tiraron rambla abajo".

"Considero que es de justicia recuperarlos. Yo no soy de izquierdas pero he trabajado en más de 100 fosas de la guerra. Esta gente vino a defender la República, vinieron a morir por España", advertía, igual que Almudena Cros: "No solo lanzaron los cuerpos por el monte sino que ahora quieren quitarles la placa. Hay un fascismo sociológico que no se cuestiona, pero existe".
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