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Debate de vacunas: "Las patentes son una forma perversa de ganar dinero con el miedo"

© REUTERS / Leonardo Fernandez ViloriaLas vacunas chinas en Venezuela (imagen referencial)
Las vacunas chinas en Venezuela (imagen referencial) - Sputnik Mundo, 1920, 06.04.2021
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Liberar patentes de las vacunas COVID, ¿sí o no? ¿Serviría para aumentar el nivel de producción y vacunación masiva de la población? ¿Qué pasará si no conseguimos inmunizarnos antes de que lleguen las nuevas cepas? ¿Servirán las vacunas actuales? Los expertos reabren el debate sobre la expropiación de los sueros.
La UE ha cerrado su primer trimestre de vacunación sin cumplir ni uno solo de los objetivos que se había previsto para la campaña. Bruselas contaba con que para el 31 de marzo debía tener al 80% de la población mayor de 80 años en Europa vacunada, así como al 80% de los profesionales sanitarios. En el primer caso, apenas ha llegado al 27% de inmunización y en el caso de los trabajadores de la salud, apenas se ha vacunado a la mitad.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte en un tono más crítico del que nos tiene acostumbrados de que "el ritmo de vacunación es inaceptablemente lento", e insiste en que "la vacuna es nuestra mejor herramienta para esta pandemia".
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Pero, ¿quién dispone de vacunas en el mundo? ¿Hay vacunas para todos? ¿Qué pasa si no inmunizamos a la población a un ritmo suficientemente rápido? Está demostrado que el virus va más rápido que la campaña de vacunación y la investigación de los fármacos. ¿Podríamos encontrarnos en un escenario en el que las vacunas aprobadas hasta el momento no sirvieran para las nuevas variantes del COVID? ¿Cuántos millones de euros se habrían desperdiciado entonces? ¿Cuántas horas de investigación? ¿Está el mundo preparado para un nivel de frustración tan grande en caso de que este supuesto llegara a pasar? ¿Y cuántas muertes más supondría? ¿Sería la vuelta al comienzo?
La brecha entre países ricos y pobres sobre dosis de vacunas recibidas, así como velocidad de ritmo de vacunación tampoco es un secreto para nadie. La propia OMS también ha alertado de cifras que deberían replantear el modelo actual de reparto de los sueros. Según datos de esta organización, más del 94% de los países que están vacunando ya a su población son considerados "ricos". Regiones como América Latina, por ejemplo, ha recibido dosis para vacunar a menos del 3% de sus ciudadanos y cuatro países del continente latinoamericano acaparan casi el 90% de los viales, con lo que la balanza de las estadísticas quedaría bastante desequilibrada.
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Estos cuatro países son Brasil (15 millones), Chile (8,6 millones), México y Argentina (4 millones). Por su parte, otros países del continente como Cuba y Honduras no han recibido ni una sola dosis. En América Latina se ha popularizado enormemente la vacuna rusa Sputnik V y hasta la fecha nueve países de este continente han aprobado su uso: Argentina, Bolivia Guatemala, Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay y Venezuela. Sin embargo, solamente se ha iniciado su distribución en Argentina, Venezuela, Bolivia, México, Nicaragua y Paraguay.
La ventaja de la vacuna rusa frente a otras aprobadas en el mundo, como por ejemplo la Pfizer, ambas con características similares en cuanto a porcentaje de eficiencia (más del 91%) y con una diferencia de 21 días entre la primera y la segunda dosis, es que la Sputnik V tiene un precio base más económico y puede almacenarse a temperaturas más elevadas que la estadounidense. Sin embargo, la rusa ha sido aprobada hasta el momento solo por 55 países en todo el mundo, según el Fondo de Inversión Directa de Rusia (RDIF), que es el organismo encargado de la comercialización de la vacuna.
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La UE, sin embargo, todavía no la ha aprobado de manera oficial y su uso se encuentra en estudio por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Sin embargo, esta evaluación podría encontrarse en su última fase después de que el ministro de Sanidad ruso Mijaíl Murashko, anunciase la llegada de un grupo de expertos de esta Agencia a Moscú el próximo 10 de abril. Este viaje podría suponer el último paso para que la EMA incluya a la vacuna rusa entre las autorizadas para el continente, algo que sin duda agilizaría la campaña de vacunación en un momento crítico en Europa, con la cuarta ola que ya es una realidad en varios países y el endurecimiento de las medidas restrictivas en algunos de los miembros.
Por su parte, y volviendo sobre el proceso y los tiempos sobre la vacunación, o mejor dicho, la no vacunación en determinadas zonas del planeta, según un análisis de la revista The Economist, la mayoría de los países de Asia y América Latina tendrán que esperar hasta pasados unos cuantos meses del 2022 para tener inmunidad; y casi la totalidad de África y unos cuantos países de Asia y del continente americano no tendrán vacunas suficientes hasta el 2023, algo que supondrá un problema global según los expertos, porque de nada serviría inmunizar a una parte del planeta teniendo en cuenta el mundo globalizado en el que vivimos, con fronteras abiertas y viajes constantes. Si las personas viajan, viaja el virus, y la mutación de nuevas variantes inmunes a las vacunas actuales sería una realidad preocupante.

¿Qué significa liberar una patente? ¿Es realmente posible?

A pesar del esfuerzo titánico de las farmacéuticas por elaborar una vacuna en tiempo récord para enfrentar una pandemia mundial y de la inversión multimillonaria de los países en las primeras etapas de la investigación, no es suficiente. No hay dosis para todos y la guerra entre países por ver quién consigue más vacunas para inmunizar más rápido a su población se acrecienta a medida que pasan las semanas sin resultados más efectivos.
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De hecho, esta situación autárquica del sálvese quien pueda como filosofía de base no es un secreto para nadie. De sobra son conocidos los graves problemas de suministro de las empresas farmacéuticas para con la UE. Ninguna de las tres aprobadas por el momento por la EMA (Pfizer, Moderna y AstraZeneca) han cumplido los plazos de entrega firmados en los contratos y el número de dosis previstas.
La UE se pilló los dedos de antemano al negociar con empresas de las que depende absolutamente y su capacidad de negociación y exigencia queda relegada a un segundo plano, porque no ha invertido un solo euro en una vacuna propia, como sí ha hecho, por ejemplo, Cuba, que a pesar de ser un país de apenas 11 millones de habitantes y con innumerables problemas económicos fruto en gran medida del bloqueo permanente a la isla por parte de EEUU, ha conseguido desarrollar un suero propio: Soberana 02. Cuba ha comenzado a vacunar masivamente a su población y vacuna gratis a los turistas.
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Sin embargo, los laboratorios de las grandes empresas farmacéuticas encargadas del suministro han dado prioridad a los países que más han pagado como Israel, Estados Unidos o Emiratos Árabes. Y para más inri, EEUU y Reino Unido incluyeron una cláusula en los contratos mediante la cual se prohíbe la exportación de los sueros fabricados en su territorio hasta que sus connacionales no estén inmunizados. Este detalle ha provocado que mientras que en Europa todavía no se ha terminado de vacunar a los mayores de 80 años, en Inglaterra ya van por los de 40.
Ante esta situación, el debate sobre la liberalización de las patentes cobra cada día un cariz más importante. Si los gobiernos acceden a ellas para aumentar el número de fábricas y producción, el proceso de inmunización de rebaño sería mayor, saldríamos antes de la pandemia y la economía podría empezar a recuperarse por fin.
Pero no es tan sencillo. Así lo afirma a Sputnik Pepe Martínez Olmos, médico especialista en Medicina Preventiva: "Si se liberan las vacunas, ¿tendremos capacidad para la producción? La operación no es tan sencilla. No es solamente cuestión de expropiar patentes. Hay que hacer un gran esfuerzo económico, instalación de nuevas tecnologías y adaptación de las fábricas para generar más dosis a un ritmo récord", sostiene.
En estos momentos, y según la Ley de Patentes, la de la vacuna del coronavirus solo puede quedar libre por caducidad a los veinte años de la solicitud. Este tiempo podría revertirse o ser inmediato si se pagan las tasas por incumplimiento del contrato o hay una renuncia voluntaria de las farmacéuticas, algo que por el momento no parece que vaya a ocurrir.
De hecho, Farmaindustria, la patronal de los laboratorios en España, en uno de sus últimos comunicados en los que hablaba de esta posibilidad, aseguró que "la protección industrial a través de las patentes es fundamental para garantizar que en el próximo futuro dispongamos de nuevos medicamentos". Y sostienen que "hay muy pocas plantas en el planeta capacitadas para fabricarlas (las vacunas). Apenas una decena de compañías farmacéuticas en el mundo se dedican a desarrollar vacunas". Entonces, bajo el amparo de "solo nosotros tenemos la capacidad de producir vacunas en nuestras fábricas" los detractores de la idea de liberalizar las patentes tienen en sus manos el mejor de los argumentos hasta ahora incomprobable.
El pasado 10 de marzo, el debate, todavía no tan caliente, llegó al Consejo General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y tras varias reuniones acaloradas de sus miembros, la respuesta del organismo fue no. No hubo voluntad política por parte de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, principalmente.
Sin embargo, enfrente tienen a un movimiento pro expropiación cada vez más fuerte. Un centenar de países y casi 400 organizaciones de derechos civiles, no gubernamentales y de derechos humanos piden aumentar la producción para conseguir inmunizar a todo el mundo, algo que solo puede lograrse si se liberan las patentes de los sueros. Estas organizaciones han empezado una campaña para recoger firmas entre los parlamentarios europeos. De los 705 de la Cámara, ya han firmado 250, de los que 30 son españoles.
¿Veremos cada vez más discrepancias de opiniones en torno a las fórmulas de las vacunas? El debate, desde luego, está servido, y no deja indiferente a nadie.

¿Y qué opinan los expertos?

Médicos Sin Fronteras (MSF) estima que la UE inyectó 10.000 millones de euros para incentivar las primeras fases de la investigación sobre la vacuna frente al COVID a las farmacéuticas, y según declaraciones recogidas por EL PAÍS de Jaime Espín, miembro del Comité de Expertos en Políticas Farmacéuticas de la Organización Panamericana de la Salud, "a diferencia de lo que ocurre habitualmente, esta vez la investigación de los laboratorios ha recibido importantísimos impulsos con fondos públicos. ¿Por qué no se comparten entonces los derechos de propiedad intelectual?", se pregunta.
Teniendo en cuenta esta variable particular, ¿no sería justo que los gobiernos reclamasen a las empresas farmacéuticas el secreto de la receta para conseguir un bien común que es vacunar a la mayor parte de seres humanos en el planeta en el menor tiempo posible?
Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Asociación de Acceso Justo al Medicamento, en entrevista con esta agencia, asegura que expropiar las patentes "es absolutamente imprescindible porque el virus está sufriendo mutaciones que si no somos capaces de acotarlo volveremos a ver numerosos muertos. Las vacunas actuales no van a valer para las nuevas cepas. No es solo una cuestión de solidaridad, es un asunto de eficiencia sanitaria", sostiene.
Según cifras de esta asociación, mientras que en los países ricos se pone una vacuna cada 10 segundos, en los pobres apenas una de cada diez personas va a recibirla este año. Y esto es, según Rodríguez Sendín, fruto de la falta de voluntad de las farmacéuticas:
"Las patentes lo que han demostrado es que son la forma más perversa de transferencia de dinero público a las manos privadas. Se utiliza el miedo a la enfermedad para forzar a los gobiernos a que paguen precios abusivos y comisiones que no son de recibo. No se puede tolerar que, en este momento, después de que el mundo ha pagado miles de millones de euros para la investigación, continúen especulando y no produciendo todas las vacunas que deberían producir".
Para el experto, la liberalización de las fórmulas supondría que en el mundo se produjeran el triple de sueros y desmiente la visión de las empresas que asegura que no hay fábricas suficientes para llevar a cabo la producción. "Eso es una gran falacia", sostiene.
Y aunque es muy difícil que las farmacéuticas renuncien hoy por hoy a las patentes porque todavía no han recuperado su inversión, para Amós García Rojas, presidente de la Sociedad Española de Vacunología, "estamos en una situación extraordinaria, en una situación complicada y de grave riesgo para la salud pública; y eso requiere situaciones o respuestas excepcionales", asegura a Sputnik en entrevista telefónica.
"Tenemos que conseguir que haya una producción más rápida de vacunas y tenemos que conseguir que las vacunas lleguen a todos los países del mundo. No solo es importante que lleguen a Francia, Canadá o EEUU, sino que también tienen que llegar a Burkina Faso, República Democrática del Congo y a Honduras. Es complejo y hay que llegar a acuerdos y a negociaciones, pero hay que abrir el debate sin duda". García Rojas recuerda que no es la primera vez que las empresas se niegan a permitir que un fármaco se abra al mundo y que al final terminaron reculando, como pasó con el VIH o con el comienzo de la fabricación de genéricos.
El experto sostiene que al hablar de una pandemia, "estamos hablando de un problema global donde no se distingue de clases sociales", pero que es al poder político al que le corresponde tomar decisiones al respecto.
La pregunta entonces más inmediata es evidente: ¿tomará ese poder político decisiones contundentes al respecto? Y, ¿tiene realmente algún tipo de potestad para hacer algo al respecto?
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