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Refugiado egipcio en Madrid: "Mi delito era mostrar una imagen que el país no quería"

© Foto : Cortesía de Belal DarderEl fotoperiodista Belal Darder, en una calle de Egipto
El fotoperiodista Belal Darder, en una calle de Egipto - Sputnik Mundo, 1920, 25.03.2021
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Belal Darder, de 26 años, fue condenado después de crear un blog y ejercer de fotoperiodista. Tuvo que huir antes de acabar en prisión y encontró asilo en España.
Su vida era "normal". La propia de un adolescente, según resalta con ironía. Belal Darder residía en El Cairo, se preparaba para cursar estudios superiores y mantenía la rutina de una gran ciudad bajo el yugo de un líder y una religión omnipresentes. Pero llegó 2011 y "todo cambió". La denominada Primavera Árabe agitó los cimientos de varios países, incluido el suyo. En Egipto, el mandato de Hosni Mubarak llegó a su fin después de tres décadas. La plaza Tahrir de la capital prendió como lo hicieron otras de Túnez, Libia o Siria y el líder renunció a su cargo antes de salir del país.
Las revueltas se consideraron un triunfo de la población, a pesar de que murieron cientos de personas por la represión de las autoridades del régimen. Darder participó con la misma ilusión que sus compatriotas. También se llevó un recuerdo en forma de metralla en la frente, pero pudo contarlo. Al malogrado presidente lo sustituyó un Gobierno elegido democráticamente a cargo de Mohamed Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes, y él se fue a Estados Unidos en verano de 2013, a terminar un postgrado sobre "compromiso civil" en la Universidad de Ohio.
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Volvió en 2014 a un lugar diferente. Un golpe de Estado restableció el mando único con Abdelfatah Al-Sisi y afloraban ecos de otras épocas: la censura campaba a sus anchas y el temor se había instalado. En un giro de guion, Darder compró una cámara, "una réflex pequeña, una Canon 600D", y empezó a escribir un blog con el título aproximado de Sonidos egipcios. Ahí contaba lo que veía, la realidad de miles de compañeros y cómo los brazos de la élite se internaban en lo cotidiano.

"El problema es que la gente veía cómo la sociedad se iba polarizando. Lo que se notaba es que había una brecha entre las clases muy altas, las que gobiernan, y la desaparición de la clase media. Con la revolución se intentó arreglar, pero nosotros no sabíamos cómo gobernar, solo protestar por lo que estaba mal. Teníamos ira, furia, mucho enfado… Sabíamos cómo actuar contra la policía, pero no cómo hacer un programa electoral", explica ahora a Sputnik desde una cafetería de Madrid.

Darder sintió la obligación de contar lo que ocurría. "Intentaba formar a la gente. Hablo inglés y francés y he tenido la suerte de optar a una educación adecuada gracias a mis padres", admite en un español sobresaliente. "Los jóvenes han sido el esqueleto de la revolución y vi que desde Europa se contaban las revueltas con una perspectiva occidental. Aquí ves una protesta en Hungría y no lo entiendes. Pero el mundo árabe es muy interesante. Es curioso. Allí hay una lengua común y una religión (aunque soy ateo) que nos une", aclara.
© Foto : Cortesía de Belal DarderUna imagen de Egipto tomada por Belal Darder
Una imagen de Egipto tomada por Belal Darder - Sputnik Mundo, 1920, 25.03.2021
Una imagen de Egipto tomada por Belal Darder
Sacaba fotos de manifestaciones, narraba las penurias de sus vecinos y analizaba algunos aspectos políticos. Poco a poco, consiguió contactos de agencias y publicó algunas de esas imágenes. La proyección más internacional lo pusieron en la diana. En 2015, por una carambola, vio que estaba en una lista del Gobierno. "Fue gracias a un amigo que trabajaba en el Tribunal. Se encontró con mi apellido, que no es muy habitual, entre los acusados de algo así como propagar rumores sobre Egipto, como una traición al país", rememora. La sentencia podía ser de unos 15 años de prisión.
Y no se lo pensó. Ese mismo domingo cogió sus instrumentos de trabajo, los metió en una mochila y buscó una vía de escape. "Nuestro pasaporte no sirve para nada", bromea, "pero vi que en Hong Kong no pedían visado y compré un vuelo", indica. El miércoles siguiente, a los tres días, estaba en el avión. "Sabía que tenía un poco de margen por la burocracia. Y no lo dudé. Había visto cómo otros compañeros, periodistas o fotógrafos, pasaban meses o años en la cárcel. En celdas que no son como las de aquí, que parecen un hotel y casi ni me importaría irme: allí donde tiene que haber 5 hay 12", ríe.
© Foto : Cortesía de Belal DarderUna imagen de Egipto tomada por Belal Darder
Una imagen de Egipto tomada por Belal Darder - Sputnik Mundo, 1920, 25.03.2021
Una imagen de Egipto tomada por Belal Darder
Una vez aterrizó, se dedicó a mirar las posibilidades. Escribió a colegas, tanteo organizaciones y, después de unos días, voló a una isla de Malasia. "Un amigo egipcio vivía allí y me había ofrecido sitio, porque tenía habitaciones libres, así que me marché", señala. En seis meses de estancia fue recibiendo negativas sobre un posible asilo. Hasta que, la misma semana, recibió la aprobación de España y Australia.
"No tenía ni idea del idioma, pero quería estar más cerca de mi madre", esgrime para justificar su elección. Tras la muerte de su padre, con ella era con quien más relación tenía. Sus hermanos ya estaban casados y con familia y él era quien vivía con ella. Por eso pensó en que quizás era más conveniente estar en un radio asequible para juntarse. Así que el 25 de diciembre de 2016 se plantó en Madrid. Con la mediación de Cruz Roja, obtuvo el documento oficial para ser considerado como refugiado y un piso en el barrio de Carabanchel con dos chicas venezolanas.
© Foto : Cortesía de Belal DarderEl fotoperiodista Belal Darder, su primer día en la Puerta del Sol de Madrid, en diciembre de 2016
El fotoperiodista Belal Darder, su primer día en la Puerta del Sol de Madrid, en diciembre de 2016 - Sputnik Mundo, 1920, 25.03.2021
El fotoperiodista Belal Darder, su primer día en la Puerta del Sol de Madrid, en diciembre de 2016
Chévere, dice con guasa, fue de las primeras palabras que aprendió. Aparte, se alimentó de manuales y libros en una biblioteca. Eso le salvó de la depresión y le sirvió para dominar un idioma que hoy maneja con soltura. "Cada trámite era muy complicado, porque no entendía nada. Hasta empadronarme era un problema porque no sabía que significaba la referencia catastral", recuerda jocosamente. Le llegó la oportunidad de trabajar y de independizarse.
En este tiempo ha visitado algunos lugares de la geografía española, ha conocido a su pareja y ha comprobado el privilegio de su condición: "El carnet rojo que te dan te marca. Muchas veces no sabe lo que es ni la policía. Pero tengo la suerte de ser blanco y una formación", reflexiona. Lo peor fue el rencuentro imposible: hace dos años, su madre falleció y no pudo verla.
"Cuando murió", confiesa, "me sentí completamente libre. Cuando no tienes nada, cuando lo pierdes todo, cuando pierdes a tu madre, a tu padre, a tu país, es cuando empiezas a pensar en vivir".
Lo hizo. Belal Darder continuó en su puesto en una aseguradora, pero vio que en breve podía desempolvar de nuevo el objetivo de su cámara. "Ya me siento bien, a gusto, para retomar la profesión", concede a sus 27 años y apurando una taza de café. Necesitaba asentar los pilares básicos de supervivencia para asomarse al futuro. El más próximo, instalarse cerca de su novia a las afueras de Madrid. Aunque sigue dándole vueltas a aquello que le hizo huir: "Me tuve que marchar, sencillamente, por mostrar una imagen del país que ellos no querían que se viera".
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