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Prehistoria todavía fresca: analizan un rastro de huellas humanas de hace más de 4.000 años

© Foto : Cortesía Cenieh / Fundación Atapuerca / Miguel Ángel MartínHuellas humanas de Cueva Palomera
Huellas humanas de Cueva Palomera - Sputnik Mundo, 1920, 18.03.2021
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Medio siglo después se empieza a saber quién está tras las huellas de la Cueva Palomera. Los arqueólogos de Cenieh y Fundación Atapuerca tienen la misión de reconstruir un paseo subterráneo que pudo suceder hace más de 4.000 años. Una aventura grabada en arcilla húmeda a más de un kilómetro de profundidad.
Cinco espeleólogos del Grupo Edelweiss cruzaron el umbral de la Cueva Palomera en 1969. Esta gruta forma parte del Complejo Kárstico de Ojo Guareña, situado en el municipio burgalés de Merindad de Sotoscueva. Su inmensidad sorprendió a los habitantes del pueblo en una visita que realizaron con el párroco. Pidieron ayuda a la Diputación de Burgos, organismo que promocionó la llegada de expertos de todo el mundo para explorar la caverna. Entre ellos, los miembros del Grupo Edelweiss.
El quinteto avanzaba por las profundidades del suelo. Estaban a 1.200 metros de la entrada. El camino hasta ese punto no había sido fácil. Toparon con un caos de bloques en pleno trayecto, un auténtico laberinto de piedra. Se trataba de una parte no explorada de la caverna, incluida en los más de 100 kilómetros de galerías subterráneas de las Cuevas de Ojo Guareña, el complejo kárstico más grande de España. Pero, cuando miraron al suelo, vieron huellas. Se quedaron perplejos, ya que no tenían conocimiento de que otro grupo los hubiese adelantado. Al acercar la tenue luz del carburero, la sorpresa fue mayor. No eran marcas de botas. Eran pies descalzos.
© Foto : Cortesía Cenieh / Fundación Atapuerca / Miguel Ángel MartínPisada de la Cueva Palomera
Pisada de la Cueva Palomera - Sputnik Mundo, 1920, 17.03.2021
Pisada de la Cueva Palomera
Los espeleólogos se retiraron de la galería e informaron a los responsables del servicio de cultura del lugar. Acababan de hallar una impronta del pasado. "Realizaron una buena actuación. Fueron conscientes de la fragilidad del yacimiento y su importancia arqueológica", resalta Ana Isabel Ortega, arqueóloga del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) y la Fundación Atapuerca, a Sputnik Mundo. Habían descubierto lo que más adelante se denominaría como la Galería de las Huellas.
En total, más de 1.200 huellas, distribuidas en dos galerías de más de 100 metros de longitud y los 10 metros de anchura. Un rastro grabado sobre el sedimento blando del suelo de la Cueva Palomero. Su conservación ha sido posible gracias al aislamiento del espacio. No hay luz, ni viento y la humedad es constante. Además, se haya en una zona alta de la gruta, por lo que no se ve afectadas por las riadas. "Las cuevas son lugares con unas condiciones muy estables, que favorecen al buen mantenimiento de los restos arqueológicos", remarca Ortega. También es fundamental que el peliagudo acceso a la cámara haya impedido la llegada de otros grupos humanos. Al tratarse de impresiones sobre arcilla fresca, cualquier movimiento puede destruirlas.

"No hace falta un golpe fuerte. Simplemente una pisada nuestra borraría la huella anterior".

Ana Isabel Ortega
Arqueóloga

¿De quién son estas pisadas?

Más de 50 años después de su descubrimiento, las preguntas rodean al rastro de la Cueva Palomera. Incógnitas que Ortega pretende despejar. En 2012, el equipo de la investigadora del Cenieh introdujo en las entrañas de la caverna un escáner. Una tecnología no invasiva que permite identificar las huellas sin tocarlas. Una solución más eficaz que la fotografía, que no alcanzaba para las pisadas más alejadas, o la realización de moldes, técnica destructiva con las huellas. "Al levantar el yeso, se destroza la marca", indica la arqueóloga. Hubo que esperar al siglo XXI para poder tratar adecuadamente los restos.
Tras un primer escaneo, los expertos analizan su morfología y su disposición para averiguar a quiénes pertenecían o hace cuántos años pasaron por aquella solitaria galería. En total, se han reconstruido hasta 18 rastros individuales. Se especula que fueron dejados por un grupo de 10 u 11 personas. La mayoría indica que los exploradores caminaron hacia el interior de la galería y después dieron la vuelta. Aunque, existe algún patrón distinto. En la Galería II, se observan dos pisadas perpendiculares al lado de una fisura. "Pudo ser alguien que se agachó a ver que había allí. Eso sí, no atravesó el hueco", explica Ortega. En la Galería I, que cuenta con una cierta inclinación, se observa que hay dos rastros que ascienden y descienden. En la parte baja de la cámara se contempla un maremágnum de huellas en todas direcciones. "Creemos que dos subieron a indagar y que el resto se quedó deambulando mientras esperaban a que bajasen", comenta.
© Foto : Cortesía de Cortesía Cenieh / Fundación Atapuerca
Rastros de la Galería de las Huellas I de la Cueva Palomera - Sputnik Mundo
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© Foto : Cortesía de Cenieh / Fundación Atapuerca
Rastros de la Galería de las Huellas II de la Cueva Palomera - Sputnik Mundo
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A través del estudio de 39 de las improntas halladas, los arqueólogos también pueden estimar la complexión de los seres humanos que pasaron por la caverna. El tamaño de los pies indica que el grupo estaba formado por adultos. Medían entre 173 y 180 centímetros y unos pesaban entre 91 y 99 kilogramos y otros entre 72 y 92 kilogramos. Creen que son hombres, aunque alguno de los de menor peso podría ser una mujer. Eso sí, todos parecen compartir una cierta robustez.
En cuanto al tiempo de las pisadas, estas no se pueden datar. Sin embargo, se puede determinar su edad de otra manera. El trabajo del equipo de Ortega incluye una batería de dataciones por Carbono 14 de restos de antorcha localizados en la Galería de las Huellas y los accesos a esta sala. Seis de estas muestras corresponden con los itinerarios que llevaron a cabo los exploradores. Estas tienen una antigüedad de entre 4.200 y 4.600 años. El resto de señales de esa parte de la gruta coinciden con esta cifra.
© Foto : Cortesía Cenieh / Fundación Atapuerca / Miguel Ángel MartínGalería de las Huellas I
Galería de las Huellas I  - Sputnik Mundo, 1920, 17.03.2021
Galería de las Huellas I
En otros niveles de la Cueva Palomera, los registros apuntan edades más dispares. Hay muestras comprendidas entre 6.200 y 6.600 años (Neolítico) o entre 7.700 y 7.800 años (Mesolítico). Incluso, existe una del Paleolítico Superior, de hace 19.000 años. Este caos de fechas corresponde a la entrada del lugar, pero en el emplazamiento donde descansan las improntas humanas los restos de antorcha rondan los cuatro milenios. Provienen del Calcolítico. Probablemente también los autores de las huellas. "Con los datos que tenemos hasta ahora podemos decir que los habitantes del Calcolítico fueron los más aventureros. Fueron los únicos que se atrevieron a sobrepasar el caos de bloques", subraya la experta.
© Foto : Cortesía Cenieh / Fundación Atapuerca / Miguel Ángel MartínGalería de las Huellas II
Galería de las Huellas II - Sputnik Mundo, 1920, 17.03.2021
Galería de las Huellas II
La investigación continúa. Ortega dice que le gustaría analizar la mayoría de las pisadas de las galerías. También contar con más herramientas. "Me gustaría tener un dron que no se cayese", ríe la arqueóloga. De momento, los resultados de sus años en la Cueva Palomera se han publicado en una monografía sobre los principales rastros de huellas humanas prehistóricas del planeta, publicada por la editorial Springer Nature. Las improntas burgalesas constituyen el capítulo 17 de 22, en los que se viaja desde Francia e Inglaterra hasta África o Australia.
Un yacimiento en el que puede trabajar gracias al respeto de los arqueólogos de hace cincuenta años. "Es importante que los anteriores estudiosos no tocaron nada. Siempre hay que dejar una parte para que los profesionales del futuro puedan trabajar en los restos con técnicas más modernas. Es una ley de la arqueología", afirma Ortega. Sin paciencia, probablemente las delicadas huellas de la Cueva Palomera se hubiesen perdido en el tiempo. Y con ellas, aquellos exploradores del vientre terráqueo.
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