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La aterradora historia de la periodista Jineth Bedoya, que llevó al Estado colombiano al banquillo

© Foto : Twitter/Jineth Bedoya Lima'No es hora de callar', mensaje de la periodisrta colombiana Jineth Bedoya
'No es hora de callar', mensaje de la periodisrta colombiana Jineth Bedoya - Sputnik Mundo, 1920, 18.03.2021
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El 15 de marzo el Estado colombiano se retiró de la audiencia de la CIDH por el caso de la periodista Jineth Bedoya, secuestrada y agredida sexualmente en el año 2000, cuando investigaba los crímenes que paramilitares y guerrilleros cometían desde la cárcel La Modelo de Bogotá. Sputnik reconstruyó los macabros hallazgos que motivaron la agresión.
El litigio entre el Estado colombiano y la periodista Jineth Bedoya, que fue remitido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2019, se convirtió en noticia mundial esta semana. No porque el caso se haya esclarecido o tenga una sentencia final, sino porque al realizarse este 15 marzo la primera audiencia pública, tras escucharse el desgarrador testimonio de la comunicadora, quien fue secuestrada y violada por paramilitares en el año 2000, el abogado defensor de Colombia, Camilo Gómez, recusó a los jueces por mostrar empatía hacia la víctima y se retiró de la sesión.

El calvario

Jineth Bedoya es una periodista judicial que, por cuenta de sus investigaciones sobre lo que se vivía en la cárcel La Modelo de Bogotá a finales del siglo XX, vivió un calvario que no termina. Comenzó en la mañana del 25 de mayo del año 2000 cuando se aprestaba a ingresar al penal a entrevistarse con los jefes paramilitares que la habían amenazado por su trabajo periodístico: 34 textos a través de los cuales Bedoya dio a conocer las atrocidades que ocurrían en esa cárcel.
Sin embargo, ese día no alcanzó a entrar al penal. En el umbral de la cárcel fue secuestrada y obligada a abordar un vehículo donde fue torturada y también abusada. Desde ese día, la periodista Bedoya libra una batalla periodística y judicial sin precedentes.
Una lucha que permitió la condena de tres paramilitares: Mario Jaimes Mejía, alias el Panadero; Jesús Emiro Pereira, alias Huevoepisca, y Alejandro Cárdenas, alias J.J., aunque Bedoya insiste en que no se ha hecho justicia porque en su crimen participaron más de 20 personas, incluidos agentes del Estado.
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En su caso, los reflectores suelen apuntar a la narración de la tragedia. Los medios destacan los momentos en que fue raptada, subida a un carro por varios hombres armados, o su traslado a los llanos orientales, hasta que fue abandonada en una carretera entre la ciudad de Villavicencio y el municipio de Puerto López (Meta), una región cercana a Bogotá en la que el paramilitarismo echó fuertes raíces y en los finales del siglo XX constituyó una máquina de guerra que incurrió en múltiples violaciones a los derechos humanos.

Cárcel La Modelo: un campo de batalla

Aun así, poco se conoce sobre las investigaciones que adelantaba la periodista y que le costaron la tragedia personal que, como ella misma resaltó en la audiencia ante la CIDH, la acompañará hasta el último día de su vida.
La cárcel Modelo era la extensión del campo de batalla que libraban paramilitares, guerrilla y Estado en el territorio nacional. Los patios del ala norte eran controlados por el paramilitarismo, y la guerrilla manejaba los del ala sur. Ambos tenían subametralladoras, revólveres, pistolas o granadas.
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La guerra que se libraba en el penal dejó más de 100 muertos en cuatro años. Las personas eran desaparecidas. Hubo casos de gente que ingresó a la cárcel y nunca volvió a salir. Entre tanto, el Estado se hacía el que no sabía. Por esos mismos días, el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) adelantaba el proceso de paz con las FARC en la localidad de San Vicente del Caguán, y cuando inició la mesa de diálogos, la guerrilla tenía más de 500 militares y policías en su poder y presionaba por un intercambio humanitario por los guerrilleros presos en las cárceles.
La mayoría de esos que llamaban "canjeables" se encontraban en La Modelo. De alguna manera, el país vivía en un contexto bipolar. De un lado, trataba de avanzar en un proceso de paz, y del otro, el paramilitarismo y la confrontación armada se multiplicaban en cada centímetro de Colombia.

¿Qué investigaba la periodista?

En 2018, la Fiscalía General de la Nación, en una decisión de 342 páginas, detalló lo que ocurrió en esa cárcel entre 1997 y 2003. Los paramilitares crearon el Bloque Interno Capital, apéndice del llamado Bloque Capital que, en la misma época perpetró varios magnicidios políticos.
El de los de los defensores de derechos humanos Mario Calderón y Elsa Alvarado en 1997, el del penalista Eduardo Umaña en 1998, el del periodista Jaime Garzón en 1999. También fueron asesinados el exconsejero de paz Jesús Antonio Bejarano en 1999 y el dirigente agrario Julio Poveda.
"Desde que ella entró al periodismo se metió de cabeza a entender el tema carcelario. Y no se limitó a contar lo que veía, sino que también mostró una fuerte vocación social. Por eso desarrolló en 1997 una campaña para dotar de cuadernos a los hijos de los internos y tramitó con empresas para que el Día de las Mercedes fuera un auténtico homenaje a la libertad", cuenta hoy el periodista Jorge Cardona, quien fue su editor en el diario El Espectador y además ha acompañado a Jineth en su pelea judicial.
Cardona ha contado que Jineth Bedoya siempre tuvo enemigos por sus denuncias. Primero fue un narcotraficante quien le hizo saber que si seguía incomodando, le iba a cortar la lengua. Ella pasó a trabajar a El Espectador en la cobertura del orden público y en las cárceles.
En ese contexto, con su activismo natural, Bedoya "inventó un taller de formación periodística que derivó en la creación de la publicación Libres, un periódico en la cárcel, mientras el clima de seguridad entraba en crisis".
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En sus conclusiones de 2018, la Fiscalía terminó por corroborar lo que casi dos décadas atrás denunciaba Jineth Bedoya cuando empezó su tragedia. Empezaron a aparecer cuerpos desmembrados que eran expulsados por las alcantarillas o abandonados en bolsas de basura.
"El jueves 27 de abril de 2000 se registró un trágico combate por el control del patio 4, en el que murieron 32 internos y 17 resultaron heridos. Jineth relató los detalles de lo ocurrido y las amenazas se reactivaron", recalca Cardona.
"Ella confiaba en que su neutralidad era suficiente protección, entonces envió una tarjeta personal a los jefes paramilitares para concertar una entrevista. La cita fue convertida en una celada, y en la puerta de La Modelo, mientras tramitaba su permiso de ingreso, fue secuestrada. La ocultaron en una bodega cercana al reclusorio y después, amordazada y atada de pies y manos, se la llevaron en una camioneta de vidrios oscuros. Permaneció secuestrada 16 horas. Fue torturada y violentada sexualmente", detalla el periodista.
Sobre lo que ocurrió en la cárcel en esos años quedaron los escritos de Bedoya y ahora la investigación de la Fiscalía, cuyos más duros apartes detallan los métodos utilizados para asesinar:
"El cianuro entraba por el Patio 3 y se le daba un frasquito de polvo a cada mando de patio"; "los cuerpos se botaban en la puerta blindada y el INPEC los recogía envueltos en cobijas y los reportaba como infartos. El que no moría en el tanque de corriente, lo sacaban y lo desaparecían en canecas ¨[recipientes[ de aguamasa (…) Las hachas con las que picaban a las personas eran pequeñitas, con buen filo. Los cuchillos del mismo rancho los usaban para abrir y sacarles las tripas".
Esas son apenas algunas de las escabrosas revelaciones de Jineth Bedoya entre 1999 y 2000 en las páginas de El Espectador que casi le cuestan la vida. A cambio de no asesinarla, sus verdugos decidieron dejarle una herida en el alma que hoy tiene al Estado colombiano respondiendo en el banquillo de los acusados en la CIDH. La audiencia no ha concluido porque el representante del Estado colombiano se retiró y recusó a los jueces.
Fue tan duro lo que testificó la periodista que no dejó otra opción al Estado que enfocar su desacuerdo en los jueces. El agente del Estado Camilo Gómez aseguró que prejuzgaron por sus preguntas y demostraron que no son neutrales. Cabe recordar que el propio Estado, durante la última década, ya ha reconocido a Jineth Bedoya como víctima y, de hecho, el 25 de mayo, por decreto presidencial, se consagró como un día dedicado a la dignidad de las víctimas del delito de violencia sexual.
Si de empatía se trata, como criticó el Estado a los jueces de la Corte, el Estado ha tenido suficientes gestos para admitir que Jineth Bedoya fue una víctima. Por eso, entre expertos consultados, la postura de retirarse de la audiencia apunta más a la dilación del caso, ya que al Estado colombiano cada vez le incomoda más el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, que ha venido condenándolo por sus acciones y omisiones.
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