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Giro de guion en la batalla por Madrid

© REUTERS / Susana VeraPablo Iglesias, exlider de Podemos
Pablo Iglesias, exlider de Podemos - Sputnik Mundo, 1920, 16.03.2021
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Verdaderamente, la política en España ya no es como antes. Al menos en las formas, donde han incorporado la cultura de la sorpresa, el espectáculo y los giros de guion que parece se han tomado de las series televisivas y los informativos audiovisuales.
Podemos, ese partido liderado por Pablo Iglesias y nacido al rebufo de las movilizaciones del 15M, entendió que había que llevar el espectáculo a la política. Atrás quedaron esos tiempos en los que los partidos preparaban en un congreso y un programa electoral, elegían unos dirigentes y unos candidatos con meses (o años de antelación).
Durante muchos años los europeos hemos tenido la sensación de que nuestra política era soporífera (Europa se muere de aburrimiento, decía Julio Anguita), sin emoción, sin tensión. Y mirábamos con envidia a América Latina, donde surgían líderes que de improviso arrasaban en las urnas, mareas de ciudadanos apasionados que salían a la calle a defender a un político, suspirando porque en nuestros países acabara por pasar algo similar.
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El vicepresidente del Gobierno español y líder de Podemos, Pablo Iglesias, y su entorno saben que lo peor que puede percibir la ciudadanía es que todo está previsto, que tras la jornada de votación no vendrá ninguna sorpresa. El desánimo y el desencanto por lo conocido es el elemento más desmovilizador al que se puede enfrentar quien quiere cambiar algo. Han comprendido que la relación del votante con las urnas es como las parejas, si no hay tensión, si no hay emoción, si sabes lo que sucederá mañana y al otro y al otro, la llama se apaga. Y la experiencia política nos ha demostrado que quien deja de votar cuando eso sucede es la izquierda, porque es la izquierda la que necesita tener la sensación de que se pueden cambiar las cosas.

Una teleserie

La última semana política en España ha tenido todos los ingredientes de una teleserie trepidante. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, del derechista Partido Popular, sintiéndose amenazada por una conspiración palaciega de sus socios (Ciudadanos) que podrían estar tramando una moción de censura para desalojarla del poder, ha disuelto el Parlamento regional y ha convocado elecciones. No olvidemos que en España nunca se votan presidentes, se eligen parlamentos y, después, los diferentes partidos se ponen de acuerdo para elegir al presidente si ningún partido ha alcanzado la mayoría absoluta de diputados. De ahí que la amenaza de derrocamiento presidencial siempre existe si en el Parlamento se ponen de acuerdo en tumbarte y elegir un sustituto.
Casi al mismo tiempo, la oposición ha presentado en el registro dos mociones de censura (una votación parlamentaria para elegir nueva presidencia) y, como consecuencia, nuevo momento de tensión: la incertidumbre jurídica de si tiene prioridad la disolución del Parlamento y convocatoria electoral de Díaz Ayuso o la votación parlamentaria para elegir nuevo presidente. Los jueces han tenido que reunirse y aclarar el embrollo. Marañas y enredos legales y administrativos que los españoles solo creíamos que sucedían en países lejanos de la balsa de aceite europea. En tiempo récord, tan solo cuatro días, los tribunales han decretado que la convocatoria tiene prioridad sobre la moción de censura. El 4 de mayo los madrileños irán a las urnas.
Recordemos que ni la Comunidad de Madrid ni Isabel Díaz Ayuso son cualquier comunidad o cualquier presidenta regional. Con la quinta parte del PIB de toda España, desde el principio de la pandemia han ido a la contra. Madrid y su presidenta se han convertido en el foco insurgente contra el Gobierno central y su política sanitaria contra el COVID-19 (incluso llegando a desplazar a Cataluña). Madrid se negaba al confinamiento perimetral, Madrid seguía abriendo la hostelería cuando toda España la cerraba, Madrid construía un hospital privado mientras vaciaba la sanidad pública.
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Así pues, que siga gobernando la derecha la Comunidad de Madrid, donde manda desde hace más de 25 años, o desalojarla supone mantener un epicentro beligerante contra el Gobierno de Pedro Sánchez o sofocar una insurgencia que se presentaba ante todo el país como el oasis de libertad ante la política "represora" del Gobierno central en nombre de la lucha contra el virus.

Candidatos

Y mientras, la más carismática de todos los líderes del Partido Popular toca a rebato, ¿cómo está el panorama de candidatos del resto de los partidos? Su hasta ahora socio de gobierno, Ciudadanos, un partido de la nueva política surgido desde el flanco derecho liberal, se encuentra en proceso de deflagración. Sus bandazos pactando a diestra (PP) o siniestra (PSOE) han sembrado un desconcierto en sus bases y cargos locales que le desangran. Su gran éxito en las elecciones al Parlament de Cataluña, su lugar de origen, en 2017, con un discurso antiindependentista, no le permitió alcanzar la presidencia frente a la coalición de los partidos independentistas y han acabado siendo irrelevantes a pesar de ser el partido más votado.
Otro partido de nuevo cuño, la ultraderecha de VOX se encuentra en peligrosa fase de despegue. Si lo fue en la Cataluña proindependentista, imaginen lo que puede resultar en el Madrid, capital del reino. Nadie duda que, por activa o por pasiva, estarían dispuestos a ser la llave que permita un Gobierno de Díaz Ayuso.
Por su parte, el PSOE, que fue el partido más votado en las anteriores elecciones, repite candidato, Ángel Gabilondo, exrector de Universidad y exministro de Educación hace una década y candidato a presidente de la Comunidad de Madrid desde 2015. Su principal característica es una discreción política tal que le ha convertido en transparente para la agenda política.
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A la izquierda del PSOE, las peleas entre los diferentes grupos forman parte de la historia de Madrid. Fue en esa comunidad donde se materializó la mayor crisis de Podemos con la ruptura entre dos de sus fundadores, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. Aquello tuvo un gran coste electoral en las elecciones de 2019. Bajo la denominación de Más Madrid, Errejón logró un 14,69% de los votos y Unidas Podemos (la coalición entre Podemos y la izquierda histórica de Izquierda Unida) logró representación por la mínima, con solo el 5,60%.
Parece claro que no es un buen momento en la izquierda para ir a las urnas. Más Madrid tiene como candidata a una médica en activo, Mónica García, que ha tenido un papel beligerante en el Parlamento contra el Gobierno de Ayuso y su política sanitaria, pero con una proyección netamente local. Unidas Podemos todavía lo tienen peor, sobre su anterior candidata, Isabel Serra, vuela la amenaza de una inhabilitación por unos desórdenes públicos en una protesta.

Un pistoletazo en medio de un concierto

Como los milagros no existen, y menos para las izquierdas, la única opción posible es el golpe de efecto, lo que mejor saben hacer en Podemos, y especialmente su líder Pablo Iglesias. La sorpresa, el giro de guión, un pistoletazo en medio de un concierto, como diría Stendhal. Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno de España y ministro de Derechos Sociales, anuncia que dimite de su cargo y se presenta como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. No faltará quien piense que dejar una vicepresidencia del Gobierno para optar a una presidencia autonómica es abandonar la primera división para fichar por la liga regional, pero muchas veces se saca al alfil para matar peones y seguir avanzando en el tablero. Unas veces sale mal y otras bien, pero en ocasiones no hay elección.
La onda expansiva de lo sucedido el 15 de marzo con la decisión de Pablo Iglesias, todavía generará más novedades.
Por ejemplo, la reorganización del gobierno de Pedro Sánchez tras la salida de Iglesias. Ya este ha señalado a la actual ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como su sucesora. Todo son paradojas porque si bien pertenece a la coalición electoral Unidas Podemos, no es Podemos su partido.
Por otro lado, no podemos olvidar que es el presidente del gobierno el que nombra los ministros, no el que deja el puesto vacante, si bien ya anunciado Pedro Sánchez su conformidad.
Tampoco sabemos cómo reaccionará Más Madrid, el partido desgajado de Podemos, si se apostará por la unidad como piden muchas voces, incluida la de Pablo Iglesias, o defenderán presentarse con una lista propia.
Como si esto ya no fuera Europa, el 4 de mayo la emoción está asegurada en la confrontación entre dos candidatos que nacieron el mismo día, el 17 de octubre de 1978. Isabel Díaz Ayuso diciendo que "la elección es entre comunismo o libertad" (antes ya dijo "socialismo o libertad", expresión, por cierto, utilizada por el partido nacional-conservador alemán AfD). Pablo Iglesias llamando a "parar el asalto de la ultraderecha a Madrid".
Lo he dicho muchas veces, Podemos no es un partido político, Podemos es un estado de ánimo.
Si fuera un partido político sería más sólido orgánicamente, tendría una ideología más definida y tal vez incluso podríamos hacer cálculos más certeros de lo que van a hacer sus votantes; pero vivimos tiempos en que los votos los mueven los estados de ánimo y los carismas personales, y no los programas políticos, ni tan solo la ideología. Si la coalición Unidas Podemos logra, una vez más, levantar entusiasmos e ilusiones, no llegará a asaltar los cielos, como afirmaron en sus orígenes, parafraseando a Carlos Marx y a Dolores Ibarruri, pero quizá pueda acariciarlo. Y el cielo de Madrid no es cualquier cielo. Nunca olvidemos que, hace 85 años, Madrid fue durante casi dos años y medio escenario sangriento de batalla de la Guerra Civil española. Hoy es la derecha la que grita "No pasarán", pero la izquierda, si pasa, será rompiendo las barricadas con votos no con bombardeos alemanes. Que la palabra y las urnas sean ahora las armas siempre será una victoria.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
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