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"Es un gesto necesario": los presidentes de Francia y España saldan deudas con Manuel Azaña

© AFP 2021 / Fred ScheiberPedro Sánchez con Emmanuel Macron en Montauban, frente a la tumba de Manuel Azaña
Pedro Sánchez con Emmanuel Macron en Montauban, frente a la tumba de Manuel Azaña - Sputnik Mundo, 1920, 15.03.2021
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Pedro Sánchez y Emmanuel Macron se han juntado en Montauban para la XXXVI Cumbre Franco-Española. En esta localidad falleció el líder republicano, al que han rendido homenaje.
La figura de Manuel Azaña orbita desde hace tiempo alrededor de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español. También lo hace de forma tangencial sobre Emmanuel Macron, el principal mandatario francés. Veamos: el líder republicano, nacido en 1880 en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, falleció en 1940 en Montauban, ciudad del sur del país vecino. Por el 80º aniversario de su muerte, la Biblioteca Nacional de España organizó una exposición que iba a inaugurar Sánchez. Tuvo que anularse después de haber coincidido con Macron, que justo dio positivo por COVID-19.
Tumba de Manuel Azaña, en la localidad francesa de Montauban - Sputnik Mundo, 1920, 07.02.2021
Internacional
Manuel Azaña, la tenue sombra de un intelectual que quiso aventuras y se encontró con el destierro
Fue un imprevisto casual, sin ninguna connotación política. Pero parece la antesala de lo que se ha culminado el 15 de marzo. Los dos dirigentes se reunieron en el lugar donde reposan los restos de Azaña para llevar a cabo la XXXVI Cumbre Franco-Española. Allí han homenajeado a los exiliados de ambas naciones. El encuentro, catalogado por Sánchez como "muy emocionante", ha servido para saldar simbólicamente una deuda con este personaje célebre y, en su nombre, por parte de Francia, con el exilio español de 1939.
"Nuestra presencia es un reconocimiento a todos ellos [los exiliados] y a sus descendientes. Es un recordatorio de que nunca puede darse por definitiva la conquista de la libertad", ha remarcado el presidente español. En la cumbre, aparte, se ha efectuado el convenio que permite la doble nacionalidad de ambas naciones. Esta "corrección de una anomalía" histórica, como ha declarado el presidente de España, refleja la filosofía de ambos ejecutivos.
"El pensamiento que nos representa concibe la identidad no como una disyuntiva de 'esto o lo otro', sino como un 'y también'. Es posible amar a dos naciones o combatir por dos países si la causa lo merece. Además, constatamos una voluntad de caminar juntos", ha celebrado Sánchez.
Macron afirmaba que la decisión era "un paso importante": "Fortalecidos por nuestra identidad europea y nuestra historia, hoy vamos a dar un paso importante en la relación entre nuestros países. Se lo debemos a los 150.000 franceses en España y a los 190.000 españoles en Francia", escribía en un mensaje de Twitter.
Junto a este acuerdo se ha zanjado un asunto que venía de lejos y que ha cobrado algo de relieve últimamente. Manuel Azaña, intelectual y político cuyo legado ha sido desvaneciéndose con los años, alegó que su cuerpo sería "de la tierra donde caiga". Sin embargo, hay quien pidió la repatriación de sus huesos. Sobre todo a raíz de la Ley de Memoria Histórica (firmada en 2007) y de la visita de mandatarios como José Luis Rodríguez Zapatero. "Tanto los propios familiares vivos como nosotros compartimos que los restos deben reposar donde están. Evidentemente, acorde con la memoria democrática, habrá que hacer una revisión a la figura de Azaña y reivindicarla", zanjó el presidente español.
Para Ángeles Egido, autora del libro Manuel Azaña. Entre el mito y la leyenda, la cumbre de Montauban es un "acto simbólico" y una manera de "reconocer la figura de Azaña". "A la tumba ya se han acercado diferentes políticos (Calvo Sotelo, Felipe González o Zapatero) y los reyes visitaron a su viuda —Dolores Rivas Cherif— en México", recuerda la experta en el político, que acaba de reimprimir esta obra (publicada por primera vez en 1998) y que nota cierto acercamiento reciente a él.

"Y esto con Francia no es extraño. Azaña era europeísta, francófilo y aliadófilo, conocía bien la III República francesa e incluso el presidente francés, Édouard Herriot, visitó oficialmente España a finales de 1932. Desde su exilio francés, Azaña envió su dimisión de la presidencia de la República, y allí murió", añade Egido.

La comisaria de la exposición mencionada (junto a Jesús Cañete) no ve necesaria una repatriación, ya que tanto él como sus familiares siempre dijeron que no. Pero piensa que crear una fundación para mostrar su pensamiento sería positiva. "Es necesario recuperar, conservar y difundir su legado. Además, aún hay documentos que están sin catalogar y sería una forma de impulsar esa tarea", subraya.
Egido cree que recobrar a Azaña sería importante por su formación política y su talla intelectual. La autora, de hecho, decidió investigar sobre su vida después de leer, en 1980, El problema español, un texto entonces recién recuperado, y comprobar que "seguía totalmente vigente".

"Azaña tenía voluntad de consenso y sabía cómo trabajar para lograrlo desde la ley y a través de la ley. Por ejemplo, se le ha acusado de ser anticlerical, pero en realidad lo que pretendió fue la separación institucional de la Iglesia y el Estado", explica la doctora en Historia, "en su último discurso, pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona el 18 de julio de 1938, que concluye con las míticas palabras 'paz, piedad y perdón', dejó patente su aspiración a la reconciliación entre los españoles".

Manuel Azaña sufrió un calvario, en palabras de Josefina Carabias (periodista que lo siguió en la época) y fue denostado tras la contienda. Se le acusaba incluso desde su propio partido de haber acabado con la República. A pesar de que él avisó repetidamente que su intención no era la batalla. "Sépalo el mundo entero y sépanlo los españoles todos, los que combaten a un lado y los que combaten al otro: nosotros hacemos la guerra por deber, y en el cumplimiento del deber estamos dispuestos a persistir con tanto tesón como sea necesario para conseguir nuestro fin", esgrimía.
Con este encuentro en Montauban se alivia parte de ese destierro inesperado. Según las declaraciones de los organizadores en jornadas previas a la cumbre, se trata de "conmemorar una memoria común, la de los muy numerosos republicanos españoles que se refugiaron en Francia al final de la Guerra Civil y que, en muchos casos, se unieron a la resistencia francesa y contribuyeron a la liberación de Francia". Puede que sirva para cicatrizar una herida abierta, aunque sea con una foto que ejerza de bálsamo a un pasado reciente que aún orbita sobre ambos presidentes.
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