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Escuchar al planeta para su salvación

© Foto : Heather CruickshankMichel André en una expedición en la Antártida
Michel André en una expedición en la Antártida - Sputnik Mundo, 1920, 13.02.2021
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Michel André escucha el planeta. Su especialidad es la bioacústica, ciencia que estudia la sonoridad de los ecosistemas. Disciplina necesaria para saber en qué estado se encuentra la Tierra. A su disposición, la mayor base de datos del mundo de sonidos de la naturaleza, gestionado desde su laboratorio en Vilanova i la Geltrú.
La naturaleza se suele asociar con el sosiego. El ser humano recurre a ella en búsqueda del reposo. Encontrar un estado de tranquilidad, lejos del agobio urbano, del escándalo de bocinas y móviles. Ya sea a orillas del mar o en la cima de las montañas. Tal vez, el individuo halle la paz, pero no el mutismo. Miles de sonidos, algunos casi imperceptibles, asaltan nuestros oídos en cualquier ecosistema. Desde el pájaro que bate sus alas sobre la rama de un árbol hasta la ballena que salta sobre las olas del océano. Los parajes naturales suenan. Y mucho.
A Michel André siempre le gustó escuchar lo que susurraba la naturaleza. Desde pequeño le interesaron los animales y a una pronta edad decidió que estudiaría la comunicación entre los delfines. Para lograr su objetivo, este tolosano pasó por facultades de Ingeniería y Biología. Ninguna carrera cubría sus necesidades completamente, por lo que tuvo que matricularse en ambas. El resultado final fue un doctorado en Bioacústica, centrado en la forma en la que se comunican los cetáceos.
Sin embargo, a medida que se introducía en el estudio de los sonidos de la naturaleza, más se daba cuenta de los problemas que la acosan. El murmullo constante de los ecosistemas puede ser revelador. Tanto para descubrir males causados por la mano humana como para idear soluciones.

"La escucha de la naturaleza contribuye a la conservación de la biodiversidad. Tanto en el mar como en los bosques primarios. Nos permite ver las interacciones entre ecosistemas, cómo se rigen, los códigos que permiten este equilibrio y detectar los problemas y aportar una solución. No es escuchar por escuchar, es escuchar para entender".

Michel André durante una expedición sonora - Sputnik Mundo
Michel André
Director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB)
La tecnología bioacústica posibilita conocer el estado de los ecosistemas. Los silencios y los ruidos son indicadores del bienestar de un determinado entorno, independientemente de su composición. Sirven para cualquier tipo de medio, sea acuático o terrestre, cálido o frío. Son una medida para los hábitats de todo el globo terráqueo. "El sonido es un medidor de salud del planeta. Formamos parte de una alianza denominada La Alianza para la Salud Planetaria. Pone la salud humana junto a la conservación de la biodiversidad. Si queremos cuidarnos tenemos que cuidar los ecosistemas. Dependemos de la salud planetaria para poder sobrevivir en la Tierra", asevera el investigador.
© Foto : Teresa CorreaMichel André durante una expedición sonora
Michel André durante una expedición sonora - Sputnik Mundo, 1920, 11.02.2021
Michel André durante una expedición sonora

A la caza del sonido

André recaló en España en los años 90. Fue llamado por la naviera Transmediterránea para participar en un análisis sobre los riesgos de interferir en las rutas migratorias de los grandes animales marinos. Varios buques de la compañía se habían visto implicados en accidentes tras chocar contra cetáceos de dimensiones considerables en aguas de las Islas Canarias. El francés viajó al archipiélago desde California, donde trabajaba como investigador en la Universidad Estatal de San Francisco. La duración del proyecto se dilató en el tiempo y él se quedó en España.
En pleno siglo XXI, el ingeniero es el director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña. Fundada por él mismo en el año 2003, esta instalación se sitúa en el puerto de la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltrú. Allí se analizan los datos y se calibran los sensores que se utilizarán en las expediciones. Es habitual que el equipo del LAB viaje de un lado para otro, ya sea por motivos científicos o para establecer alianzas internacionales con otras organizaciones. Por ejemplo, el LAB colabora con la Unión Europea en iniciativas como el proyecto AGESIC, centrado en el estudio del impacto de los parques eólicos en costa y mar, o el programa Jonás, focalizado en la contaminación acústica marina.
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El director del LAB incide en cinco proyectos clave en los que intervienen, cada uno en un rincón del planeta. El primero sobre los heladores Polo Norte y Sur. "Son las únicas regiones todavía un poco protegidas de las actividades humanas. Pero, la fusión del hielo hará que lleguemos hasta allí, en búsqueda de los últimos recursos o la creación de rutas marítimas nuevas. Hay exigencia y urgencia de buscar datos en la zona para poder crear sistemas que salvaguarden los polos", explica André.
Dos son sobre tierra firme. Uno sobre el Amazonas, encaminado en conocer el comportamiento de la fauna, determinar la biodiversidad existente y registrar los sonidos de la selva para detectar problemas. Otro es en África, donde se sigue a las poblaciones de grandes primates con el objetivo de protegerlas en todo el continente de males como la excesiva explotación agrícola, la tala de árboles o los incendios. El cuarto proyecto es en el mar. En la costa de Chile, se desplegarán boyas acústicas para vigilar a la ballena azul, el mayor animal sobre la Tierra. El fin es crear un sistema para prevenir las colisiones de los cetáceos contra embarcaciones. "La idea es que las boyas cubran toda la costa oeste americana, desde Canadá hasta la Patagonia", puntualiza el ingeniero.
© Foto : Michel AndréPaisaje de la Antártida, uno de los focos de la investigación de Michel André
Paisaje de la Antártida, uno de los focos de la investigación de Michel André - Sputnik Mundo
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Paisaje de la Antártida, uno de los focos de la investigación de Michel André
© Foto : Michel AndréReserva de Mamirauá (Brasil), espacio en el que investiga Michel André
Reserva de Mamirauá (Brasil), espacio en el que investiga Michel André - Sputnik Mundo
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Reserva de Mamirauá (Brasil), espacio en el que investiga Michel André
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Paisaje de la Antártida, uno de los focos de la investigación de Michel André
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Reserva de Mamirauá (Brasil), espacio en el que investiga Michel André
El quinto se basa en la monitorización de la biodiversidad a través de robots y drones, sin la intervención humana. La tecnología se ha convertido en la gran aliada de la bioacústica. Los sensores emulan la capacidad del ser humano para captar sonidos. Mediante procesos de inteligencia artificial, la máquina memoriza el ruido para su posterior registro en una base de datos, donde es identificado y asociado a una fuente. Esta información se transmite directamente a los servidores del LAB. "Son oídos inteligentes que no paran nunca de escuchar", simplifica.
André cuenta unas 150 sondas que recogen información para su equipo. Se suelen montar en lugares muy remotos de tierra y mar, a los que viajan los expertos. Una vez realizada la instalación solo hay que escuchar. Buscar los detalles. Sentir como en el corazón de la selva amazónica muchos animales callan cuando aparece un depredador como el jaguar. Percibir el paisaje sin tener que utilizar la vista.

"Sin la tecnología, muchos sonidos no podrían ser detectados, lo que dificultaría la comprensión de la naturaleza. Podemos estar escuchando en directo los sonidos de la selva o del mar 24 horas desde nuestro laboratorio en Barcelona o cualquier otro sitio. Es un privilegio tener la posibilidad de escuchar cómo respira la Tierra en directo".

Michel André durante una expedición sonora - Sputnik Mundo
Michel André
Director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB)

La salvación a través del oído

En la sede de Vilanova i la Geltrú, el equipo del LAB examina las pruebas registradas. En caso de observarse alguna alteración, sea por acción humana o climática, se alerta a las autoridades pertinentes si es necesario. El siguiente paso es pensar en un remedio.
Con su fundación, The Sense of Silence, André busca soluciones para la prevención de accidentes ferroviarios con elefantes en la India. Intenta concienciar a la humanidad sobre la importancia de proteger el Ártico y la Antártida del imparable avance de la vida moderna. Y, por supuesto, trata que la población comprenda la importancia de conservar el paisaje sonoro de los océanos. "Se cree que en el mar hay un gran silencio. Pero, la realidad es que nosotros no estamos preparados físicamente para escuchar bajo el agua. El sonido es el garante de la supervivencia en el océano. Al no haber luz suficiente, el sonido es el que guía a sus habitantes. Es vital".
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El tráfico marítimo, la construcción de parques eólicos sobre el agua, los sondeos petrolíferos o las acciones militares llenan de ruido el fondo marino. Un alboroto artificial pone en jaque la supervivencia en las profundidades. Altera la capacidad de los seres oceánicos para comunicarse, lo que conlleva resultados catastróficos. La contaminación acústica es uno de los grandes retos medioambientales del siglo XXI. "Solo nos fijamos en los vertidos que afectan al mar. Sin embargo, el exceso de ruido está haciendo más daño a los océanos que el plástico o los derrames industriales", puntualiza André.
Según el investigador, la problemática compete a todos. "Porque no vayamos en un petrolero, no significa que no consumamos los productos originados de su carga", añade el director del LAB. La respuesta será científica, pero debe ser escuchada por política y legislación. La protección de los mares y el resto de ecosistemas terráqueos se entrevé fundamental. Devolver el equilibrio a la naturaleza es imperioso. Antes de que deje de ser refugio.

"El tiempo de reparación se acorta. No tenemos fecha, pero el punto de rotura puede llegar en unos años y hay que aportar todos los medios para evitarlo. Hay que entender que el hombre depende de la biodiversidad. Si la naturaleza está enferma, nosotros estamos enfermos. Si la naturaleza muere, nosotros morimos", sentencia.

Michel André durante una expedición sonora - Sputnik Mundo
Michel André
Director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB)
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