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"Está claro que soy un preso político": el rapero español condenado a cárcel defiende la libertad de expresión

© AP Photo / Lluis GenePablo Hasél, rapero español condenado a cárcel
Pablo Hasél, rapero español condenado a cárcel - Sputnik Mundo, 1920, 02.02.2021
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Pablo Hasél, nacido en Lérida hace 33 años, está acusado por enaltecimiento del terrorismo o injurias a la monarquía y las instituciones del Estado. Le quedan seis días para presentarse en prisión.
Aún tiene seis días para entrar en prisión. El 28 de enero, la Audiencia Nacional condenó a Pablo Hasél por enaltecimiento del terrorismo, injurias contra la corona y calumnias e injurias a las Instituciones del Estado. Estos delitos, con posibilidad de recurso, sobrepasan los dos años de cárcel. El alto tribunal los ha ratificado después de varios años de juicios en los que el rapero ha defendido su libertad de expresión. Esa de la que ha hecho gala en mensajes de redes sociales, donde acumula más de 100.000 seguidores, o canciones en las que elogiaba a grupos como el Grapo o denunciaba los escándalos del rey emérito, Juan Carlos I.
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Insistiendo en que él no tiene la culpa de que "el rey financie sus cacerías y a sus amantes con dinero público" o remarcando que la Policía "asesinó" a 15 inmigrantes en Tarajal, una playa de Ceuta, Hasél defiende la libertad de expresión por encima de ser o no partidario de sus opiniones. Habla vehementemente con Sputnik sobre el fallo del que pende su futuro. Lo hace, curiosamente, unas horas después de que le haya llegado una cita como vocal de mesa en las elecciones catalanas del próximo 14 de febrero. Paradoja que puede no serlo tanto si al final, como afirma, no acude a ninguna celda: “Van a tener que venir a buscarme”, sostiene.
—¿Qué dice exactamente la condena?
—Se me acusa de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona o las fuerzas del Estado, más algunas causas que tenía abiertas [por resistencia o desobediencia a la autoridad en 2017 y allanamiento de un local en 2018]. En total serían unos cuatro años. Sin contar la multa [que puede rebasar los 40.000 euros]. Pero estamos viendo porque en realidad no me han dicho cuánto tiempo tengo que pasar en prisión. El abogado está mirando si me van a hacer cumplir dos años de antecedentes. No sé cuánto puedo estar. Si sumamos todo, llegaría, prácticamente, a 20 años.
—Cuando llegó el aviso definitivo de ingreso, ¿Cómo se sintió?
—No me sorprendió nada. Llevo tiempo mentalizándome del Estado en el que vivimos y por eso hago lo que hago para cambiarlo o acabar con él. Pero, claro, cuando pasa algo así no te haces a la idea de qué hacer. En fin, una mezcla de emociones. Mucha rabia, fuerza, orgullo y cierta tristeza por mis seres queridos y que se permitan cosas como esta.
—Además, llama la atención que el fallo es superior a lo que pide la fiscalía, algo inusual. ¿Por qué?
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—Es una clara venganza por no haberme doblegado ante las sucesivas condenas y el constante abuso. Creo que tiene peso la jueza [Concepción Espejel, jefa de una sala de lo Penal y afín a ciertos mandatarios del Partido Popular] que ha sido premiada por la Guardia Civil o la Policía Nacional. Pero creo que es un error focalizarlo solo en la jueza. Es algo orquestado por todo el Estado para encarcelarme. Sin ir más lejos, en plena pandemia, cuando todos los juzgados estaban paralizados, a mí me llegan tres condenas en una semana.
Claramente, hay intereses —más allá de la jueza— para utilizarme y aterrorizar al resto. No es casualidad que lo hagan en un momento de desmovilización y cuando la gente siente más rabia por la situación de miseria agravada con la gestión de la epidemia. Tienen miedo de las protestas y tratan de utilizarme como cabeza de turco.
—¿Cómo le ha pillado?
—Pues, por ejemplo, había conseguido un trabajo que voy a perder por todo esto. No creo que sea coincidencia, teniendo en cuenta lo que cuesta tener un empleo. Y más en mi situación, por ser conocido y por ser luchador. Llevo ya tiempo sin poder hacer planes a corto plazo y, por otra parte, estaba cansado de esperar. Mucha gente me repetía constantemente que no se iban a atrever, que era para asustar, como con Valtònyc.
—La diferencia es que él se ha marchado. ¿Qué va a hacer? ¿Qué planes hay a corto plazo?
—Nos queda el recurso al Tribunal de Estrasburgo, que es un proceso muy lento. Puede tardar hasta 10 años y no me va a sacar de prisión. Lo vamos a hacer para descreditar aún más al Estado español y sobre todo por si puede servir de cara a próximos condenados, que los habrá si seguimos con este yugo democrático. Por otra parte, yo he decidido quedarme aquí, después de un profundo análisis político, porque considero que es más útil para desenmascarar al Estado y dar más voz al mensaje que quieren silenciar.
—¿Alguna vez se imaginó así?
—Desde luego, cuando empecé no. Pero desde 2011, cuando me detienen por primera vez y hacen un registro en mi domicilio (secuestrándome libretas o camisetas), sí. Ahora, cuando era un chaval preadolescente que escribe letras, me lo cuentas y no me lo creo.
—Y ahora, ¿se ve como un represaliado?
—Claramente soy un preso político. Se me ha encarcelado por mis ideas políticas. La represión ha ido más allá de las condenas. Y ellos saben que no me encarcelan para doblegarme o que lo hacen para alejarme de la lucha, lo están utilizando para asustar al resto. Es un ataque contra nuestras libertades, no solo contra mí.
—¿Hay más castigo actualmente por expresar opiniones?
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—Sí, porque temen que se dé a conocer la realidad de grandes medios controlados por la banca y las grandes empresas, que se empuje a la lucha (de hecho, la fiscal reconoció que soy conocido y eso incita más) y que haya un arte crítico que no solo se limite a denunciar una injusticia sino que se señale a los culpables. O, lo que es más importante, que se mueva la organización para acabar con esto y conquistar derechos y libertades democráticas.
—¿Siente que ha recibido apoyo? ¿Ha habido cómplices de la condena?
—He recibido muchísimo apoyo y solidaridad a nivel estatal, pero no ha sido suficiente. Espero que si me encarcelan haya una respuesta a la altura. Deseo ser el último en pasar por esto. Y cómplices ha habido incluso en la llamada izquierda. Podemos, que está en el Gobierno y tiene herramientas, protege a la monarquía y no está moviendo un dedo para que se acaben estas condenas [tanto Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, como otros dirigentes del partido han mostrado públicamente su desacuerdo con la sentencia].
—Por último, ¿Cómo ve esta sentencia después de dos años y justo en pleno torbellino de informaciones sobre la Casa Real y sus presuntas cuentas opacas, donaciones…?
—Es cierto que se ha puesto más de manifiesto lo que ocurre y que los medios de aquí lo han empezado a sacar. Están reconociendo que es verdad todo lo que decíamos. Es como la Inquisición, que te condenaba por decir que la Tierra era plana.
—¿Ocurre esta 'inquisición' en el otro lado?
—No. Hay incontables ejemplos de que desear el asesinato de independentistas u homosexuales está totalmente amparado por los cuerpos represivos del estado, que no los detienen. Aquí solo tiene libertad de expresión el fascismo y sus colaboradores.
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