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Cinco leprosarios de América Latina que atestiguan el estigma

CC0 / Pixabay / Un hospital (imagen referencial)
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La lepra es una de las enfermedades más temidas a lo largo de la historia de la humanidad, al punto de que los infectados eran aislados y estigmatizados de forma cruel. América Latina no fue la excepción y aún están en pie los restos de varios centros a los que eran enviados de forma compulsiva.
Se suele creer que la lepra es una enfermedad del pasado. Nada más alejado de la realidad, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican unos 210.000 casos nuevos, 15.000 de los cuales son niños.
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A pesar de que actualmente se estima que hay en el mundo entre 3 y 4 millones de personas curadas de lepra, el impacto que sus síntomas provocan y su carácter contagioso hace que durante siglos los enfermos fueran aislados en islas o zonas apartadas de las ciudades. El terror a contagiarse y la falta de información sobre la enfermedad disparó la paranoia, haciendo que en muchos lugares del mundo se aislara a personas que no estaban infectados o presentaban síntomas de otras enfermedades.
Varios de aquellos lúgubres centros en los que los enfermos de lepra eran obligados a vivir, apartados de sus familias y sin recibir tratamientos efectivos, aún quedan en pie en América Latina, reconvertidos o como lugares de recuerdo de la estigmatización que la propia OMS llama a desterrar en este año 2021.

Hospital Nacional Sommer – Argentina

Fue inaugurado en noviembre de 1941 con el nombre de Sanatorio Colonia Buenos Aires, de acuerdo a la normativa que regía en el país y que obligaba a que todos los enfermos de lepra fueran enviados a centros aislados.
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El centro asistencial estaba efectivamente aislado, en el centro de la provincia de Buenos Aires, el hospital se encuentra a 21 kilómetros de la localidad más cercana, General Rodríguez. El hospital está ubicado en un predio de 275 hectáreas que en sus inicios estaba dividido de forma estricta en un sector destinado a los enfermos y otro para los "sanos", es decir, los trabajadores del lugar.
Mientras rigió la internación compulsiva de los enfermos, los pacientes eran trasladados al hospital por la Policía. Los niños que nacían allí eran separados de sus padres y enviados a otra colonia. Todo cambió en 1983, cuando el hallazgo de una cura para la lepra permitió que se derogara la ley.
Desde entonces, el hospital sigue funcionando como un centro de referencia para los pacientes con lepra en Argentina, que se estiman en más de 600. El predio exterior de la colonia se convirtió en una suerte de poblado, donde todavía residen familias de antiguos pacientes.

Hospital Colonia Itapuã – Brasil

Ubicado a 48 kilómetros de Porto Alegre, la capital del estado de Rio Grande do Sul, este hospital fue inaugurado en 1940 con la intención de garantizar el aislamiento de los enfermos de lepra. En total, tiene una superficie de 1.251 hectáreas donde, de acuerdo a los datos oficiales, pasaron más de 1.400 personas provenientes de todo Brasil.
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Como muchos otros centros de este tipo, el hospital fue sinónimo de exclusión. Los pacientes también eran separados de sus hijos apenas nacían y perdían el vínculo con sus familias.
Parte de esa estigmatización sigue teniendo efectos en la actualidad, ya que el hospital sigue siendo residencia permanente de muchos usuarios. Muchos de ellos son ancianos que, a pesar de que se abolió la internación compulsiva, perdieron contacto con sus familias tras su internación y no fueron capaces de rehacer su vida.

Isla de Flores – Uruguay

Si los sitios alejados de las ciudades eran atractivos para albergar a los leprosos, cuánto más las islas, muy utilizadas durante el siglo XIX y principios del siglo XX como destino de presos, pacientes psiquiátricos y víctimas de enfermedades infecciosas como la lepra. Uruguay encontró un sitio así en su Isla de Flores.
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La isla tiene 37 hectáreas y está ubicada a 21 kilómetros al sur de la costa de Montevideo y cuenta con un faro que funciona desde 1828.
La importante llegada de inmigrantes europeos al Río de la Plata motivó que e 1867 el entonces presidente uruguayo Venancio Flores decidiera construir un lazareto destinado a recibir a los inmigrantes que llegaban con signos de sufrir lepra o tuberculosis. El lugar llegó a ser denominado como un "hotel para inmigrantes" cuando, en realidad, parecía más una cárcel que un hotel.
En la actualidad, la isla es un parque nacional que busca volver a poner en valor la ruinas de aquella actividad con fines turísticos, además de jurisdicción de la Armada Nacional uruguaya.

Agua de Dios – Colombia

A 125 kilómetros al suroeste de Bogotá, Agua de Dios parece una localidad más del departamento de Cundinamarca. Con sus más de 10.000 habitantes, el presente no parece indicar que, en realidad, el poblado surgió como un sitio alejado al que los poblados cercanos enviaban a los enfermos de lepra.
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En efecto, Agua de Dios fue fundada en 1870 sobre terrenos estatales que habían pertenecido al anteriormente presidente Manuel Murillo Toro. Allí se construyó un lazareto para atender a los enfermos y el lugar llegó incluso a manejar una moneda propia, la coscoja, de circulación interna.
Agua de Dios dejó de funcionar como internado de leprosos en 1961, cuando se consideró que la enfermedad estaba controlada y se devolvieron los derechos civiles a los pacientes. Las autoridades decidieron crear un municipio en la zona y en la actualidad busca vivir del turismo, motivado justamente por la historia del poblado.

Leprosario de San Pablo – Perú

En la selvática frontera entre el norte de Perú y la Amazonía brasileña, el distrito de San Pablo fue el lugar perfecto que hallaron las autoridades peruanas de comienzos del siglo XX para enviar a los enfermos de lepra.
El leprosario fue construido en 1926, ampliando antiguas instalaciones utilizadas desde el siglo XIX para tratar a enfermos de fiebre amarilla. Recién en 1948, curas católicos llegan al lugar para intentar dar un trato más humanitario a los enfermos y que en el lugar haya escuelas y otros servicios.
Más allá de su cruel historia, el leprosario de San Pablo se hizo famoso por ser uno de los destinos de Ernesto Che Guevara durante su viaje por América Latina.
Con tan solo 24 años, el médico argentino llegó al lugar en 1952 junto a su amigo Miguel Granados y acabó sirviendo como voluntario durante unos seis meses. El cuarto en el que se hospedó todavía permanece y expertos en la historia del revolucionario aseguran que su contacto con el sufrimiento de los pacientes fue clave para motivar su lucha social.
El leprosario dejó de funcionar como tal en 1977 pero muchos de los pacientes decidieron permanecer de todos modos, dado que no tenían otros sitios adónde ir. En 1993 la zona se transformó legalmente en un distrito y en la actualidad viven allí unas 10.000 personas.
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