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"Fue más fácil llegar a la Luna que ofrecer educación": Marta, la activista española que comparan con Greta Thunberg

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Marta Borrel viajó con 14 años a las escuelas africanas y esa experiencia la llevó a intervenir ante la ONU en 2020. Ahora, un documental resume su periplo y revela cómo la educación puede hacer un mundo con menos injusticia y desigualdad. Su determinación la convierte en protagonista de un futuro que, con ella, es más esperanzador.
Cinco siglos antes de Cristo, Confucio ya pregonó que donde hay educación no hay distinción de clases. Por muy ilusorio que fuese, Confucio sigue de actualidad. La educación es en este siglo la mejor herramienta que tienen las sociedades para limitar la desigualdad. Confuciana o no, esta idea llevó a Marta Borrel a transgredir, como solo los jóvenes pueden hacer.
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"Por el trabajo de mi padre, en casa siempre pude acceder a situaciones difíciles de todo el mundo. Aprendía mucho, oía de cosas que pasaban por el planeta y siempre se me quedaba la misma espinita", nos explica la hija de un matrimonio que hace documentales para el Banco Mundial. A Marta le acuciaba una pregunta: "¿qué puedo hacer yo ante tanta injusticia en el mundo?"
Marta Borrel es sevillana, viajera e inconformista. Aunque aún no es oficialmente una adulta, ya tiene mucho que contar. Solo tenía 14 años cuando emprendió una aventura familiar que la cambiaría para siempre. Viajó por las escuelas africanas, pisando las mismas huellas que marcan los pies descalzos de miles de niños y niñas. Su proyecto, una película sobre la realidad educativa en países como Mozambique, Senegal o Marruecos.

Una Greta Thumberg sevillana en la ONU

Su testimonio, veraz, empático y descarnado, fue horadando barreras, haciéndose oír cada vez más arriba, donde se sientan los grandes decisores, y llegó a lo más alto. Hace un año, el 24 de enero de 2020, con solo 16 años Marta habló en la Asamblea de las Naciones Unidas de Nueva York. Su discurso venía a ser un tirón de orejas de la generación futura a la presente: "Fue más fácil llegar a la Luna que ofrecer educación a todo el mundo", clamó ante dirigentes de todo el mundo que tuvieron que agachar la mirada.
Marta vivía un año escolar en Michigan (EEUU) cuando recibió la llamada de sus padres, "¡qué vas a hablar en la ONU!". Tras su experiencia en África y su periplo en EEUU, sentía que tenía mucho que decir sobre la educación en el mundo. La pregunta es obvia, ¿con solo 16 años, cómo lidiaste con los nervios y la presión? Sus ojos sonríen, "las horas previas quería morir, había preparado un discurso para 20 minutos […] pero justo antes de intervenir me dijeron que debía ser de solo tres, ¡un caos, tuve que resumirlo todo!".
​Pero el síntoma de que Marta Borrel es una persona llamada a tener un rol especial en la sociedad futura lo evidencia el resto de la respuesta: "los nervios se acabaron cuando salí al estrado. En aquella sala era la única joven, la única estudiante ante el mundo de adultos y docentes. No estaba allí para hablar de mi experiencia, sino por los millones de estudiantes que tenemos derecho a más justicia a través de la educación. Así que me sentí respaldada, no podía fallar, y eso me tranquilizó".

Niñas mercancía y pies descalzos

Marta viajó a las aulas africanas con sus padres para rodar un documental que ahora llega a las salas de cine. Una luz en la oscuridad propone un viaje crudo, pero que ayuda a mantener la esperanza.
"Evitamos hablar con las autoridades, no queríamos que nos contaran nada, queríamos ver la realidad de las aulas".
Marta es la viajera a la que acompañamos en el documental, unos ojos inocentes, los de una niña curiosa que descubre realidades nauseabundas. "Me contaron sobre abusos sexuales en el colegio, de dejar la escuela porque había que pescar para comer, el trato de profesores que solo gritaban y explicaban los secretos de la corriente alterna en un poblado en el que ni siquiera había enchufes…"
Marta se trajo en la mochila experiencias malas, como esos profesores impersonales en aulas donde alumnos de 6 años convivían con otros de 16.
Y también, testimonios crudos, como las dos adolescentes que —ya madres— revelan que los profesores las chantajean, o se acostaban con ellos o no pasarían de curso. "Una de ellas me dijo que lo que más le preocupaba era que su hijo, un varón, en un futuro, le hiciera a otra mujer lo mismo que le habían hecho a ella. Lo que más me alarmó era como habían normalizado esa violencia sexual".
Para derribar toda esa normalización, sedimentos de injusticia generación tras generación, la educación emerge como la única esperanza.

Cambiar a los profesores para cambiar a una generación

"La educación es lo único que puede cambiar tanto y tan rápido a una sociedad", sentencia sin lugar a dudas. El periplo de Marta en África está acompañado de entrevistas a personalidades de la educación de UNESCO, Banco Mundial o Africa Rising Foundation, junto a investigadores, pedagogos y misioneros. La idea emergente es que familias y colegios, en estos contextos de pobreza y vacíos de poder, deben trabajar unidas. Y sobre todo, que hay que fortalecer la figura del buen profesor.
"En África se ha avanzado en que los niños vayan a la escuela, pero no en que aprendan", alertó Marta ante las Naciones Unidas, "destinemos recursos y estrategias para construir profesores".
Los profesores deben ser, en ese otro mundo desconectado que Marta visitó, una palanca de cambio, educando desde la autoestima y la dignidad. "Porque la diferencia con hace una década es que hoy casi cualquier joven en África tiene acceso a internet. Ve cómo vivimos, cómo nos divertimos y todo lo que tenemos y podemos hacer, por eso quieren venir".
Marta abre otro de los melones que emponzoñan la actualidad, pero desde otra perspectiva: la inmigración solo es el síntoma, no el problema. "Tratar de poner fronteras es absurdo, lo que hay que propiciar es que no quieran venir aquí, sino que estén bien en sus países. Un africano lo último que quiere hacer es dejar su hogar y su familia". De nuevo, la herramienta pasa por el profesorado y por una educación que cree oportunidades y cambios endógenos, "no impuestos desde Europa o EEUU".
© Sputnik / Gonzalo WanchaMarta en su casa de Sevilla con uno de los pupitres de los alumnos mozambiqueños
Marta en su casa de Sevilla con uno de los pupitres de los alumnos mozambiqueños - Sputnik Mundo

¿Otra niña blanca salvapatrias?

¿Y cómo fue recibida una niña blanca que venía desde el continente europeo a salvar la educación?
"Al principio algunos mayores te miran diferente, no saben si eres turista o vienes a ayudar, pero los niños son niños en todo el mundo, son curiosos por naturaleza. Se acercan a ti y te aceptan".
Marta y su familia regalan detalles de su experiencia en la isla de IBO (Mozambique), la "dura despedida de los compañeros de clase de allí", el respeto a los pocos materiales escolares que tienen, o el pequeño pupitre que llevan los alumnos para no mancharse los pantalones si se sientan a descansar en su caminata al colegio. "Pueden no tener otra ropa e ir descalzos, pero el uniforme siempre está impoluto, con la dignidad de no sentarse en el suelo".
​Preguntar a Marta Borrel, joven y sobrada de talento, por su futuro es asomarse a un universo de optimismo. Siendo una estudiante brillante, tenía intención de estudiar robótica o ingeniería, pero ahora " quiero dedicarme a resolver retos sociales ante tanta desigualdad a través de la educación. Pero por ahora, solo me dedico a terminar 2º de bachillerato".
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La estrella de Marta ya ha destellado en lo más alto —ante la ONU— al igual que otras como las de Malala o Greta Thunberg. Ahora solo falta que guíe hacia cambios importantes.
Con jóvenes como ella, a uno se le rebaja la desazón de la crisis pandémica y la deriva internacional de más fronteras – más desiguales.
Con ella, a uno se le antoja pensar que la Agenda 2030, quizás sea algo más que una agenda en 2030, y que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sobre todo el Nº4, de verdad implique una educación inclusiva, equitativa y de calidad con verdaderas oportunidades.
Y escuchando a Marta, sana, lógica y clarividente, uno recuerda a Alejandro Dumas, "¿Cómo es que, siendo tan inteligentes los niños, son tan estúpidos la mayor parte de los hombres? Debe ser fruto de la educación".
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