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"Hasta los más liberales han pedido ayuda": Leo Bassi ve en la pandemia de España la victoria de lo público

© Foto : Cortesía de Teatro Del BarrioEl bufón Leo Bassi, durante la representación de su obra '¡Pandemia! El acojonavirus'
El bufón Leo Bassi, durante la representación de su obra '¡Pandemia! El acojonavirus' - Sputnik Mundo
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El artista internacional presenta un espectáculo donde cuestiona las normas del mercado, el poder de la religión y hasta la capacidad para hacer humor ante una crisis como la del coronavirus.
Un bufón es el plebeyo que anima a la corte, pero también quien muestra las costuras del rey. Desde la Edad Media, usa su ingenio para hacer reír y criticar con mordacidad al poder. Los asuntos de Palacio o el ejercicio político eran el colchón de sus acrobacias. Y Leo Bassi se considera uno de ellos.
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Entonces, el humor —como la vida— se paraliza. Y el bufón se enfrenta al vacío. Las mascarillas, la distancia interpersonal, los botes de gel en la puerta. La asepsia invade la realidad. Y los temas se agotan. Hasta que prende la llama y estos cómicos proceden a su oficio. Investigan, analizan, reflexionan y reaccionan. Leo Bassi, nacido en Nueva York en 1952 pero residente en Madrid desde hace años, lo resume de otro modo: "De repente, estás dentro, te afecta y te toca los cojones".
Para exorcizar esa inquietud, el cómico internacional ha preparado ¡Pandemia! El Acojonavirus, una obra donde cavila sobre esta epidemia y expresa su veredicto: la crisis sanitaria ha servido para comprobar la inutilidad del neoliberalismo o de la religión y reforzar la idea de que la sanidad pública es indispensable.
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"Basta con mirar, con observar, para darse cuenta", afirma Bassi a Sputnik. El payaso, de larga tradición circense (su abuelo Jimmy Wheeler fue una estrella en el London Palladium y su padre trabajó junto a artistas como Groucho Marx), ha confirmado estos meses que el libre mercado es una crueldad. "En España, gracias a la gratuidad de la sanidad, se ha salvado mucha gente. En Estados Unidos, donde nací, se están viendo casos de quienes no pueden ir a un hospital o quienes al salir de varios días en la UCI tienen facturas millonarias, que no podrán pagar nunca", ilustra.
Las vigas del Estado de Bienestar se imponen. Y soportan la inestabilidad. Al contrario que el mercado libre, que impone una oferta solo apta para algunos. "El coronavirus ha afectado de forma distinta a unos y otros, pero le ha tocado a todo el mundo", arguye. "Hasta quienes eran los más liberales han pedido un control central de ciertos productos o han clamado por subvenciones en determinados sectores", esgrime, "porque como todos somos víctimas, llama la sensibilidad de la gente".
​Aun así, el engranaje de la maquinaria sigue en marcha: "Sigue habiendo gente más frágil. Por ejemplo, yo sigo viajando en avión y me tengo que hacer una PCR cada vez. Cuesta 140 euros, que no todo el mundo podría. Y hemos visto lo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid: los abuelos de residencias con seguro privado eran atendidos y los otros no. Eso es un crimen que en otras épocas llevaría a los responsables a la guillotina de la plaza del pueblo", comenta.
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Otro ejemplo es la vacuna, apunta. Las negociaciones para conseguirla han sido gubernamentales, pero el precio oscilaba al estar en manos de farmacéuticas. "¿Por qué Israel ha vacunado a un 30% de la población? Porque ha pagado el triple por la de Pfizer", resuelve. El antídoto demuestra cómo se mueven los hilos del comercio, igual que lo ha hecho este periodo de incertidumbre.
Volviendo a la Comunidad de Madrid, el clown menciona cómo la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, aprovechó las ayudas de comedor escolar para beneficiar la multinacional de un amigo. O impulsó tests masivos derivando la gestión a una empresa privada. Hasta en momentos críticos se puede sacar tajada. Pero también se equilibra la balanza: incluso los más escépticos entienden la necesidad de una base social.
"Si hay algo bueno de esta tragedia es que nos ha hecho valorar lo esencial, como dar un beso o abrazo a un ser querido. Y es importante: antes se creía que lo mejor para un fin de semana era ir a comprar a un centro comercial", argumenta.
Hay, quizás, una templanza en el latir social. Sin embargo, permanece el odio o se intensifican las emociones. Acaba de pasar con el asalto al Capitolio, en Estados Unidos: las conspiraciones se mezclan con la tensión y prende la llama. Un episodio que se liga, según Bassi, por un incendiario anónimo: internet. El controvertido artista (hace años le pusieron un explosivo en su camerino y ha sido varias veces retirado de programas oficiales) cree que las redes sociales o el mundo virtual deberían estar reglados.
"Una secuela de la pandemia ha sido la desinformación. Incluso con la anulación de la cuenta de Trump. No se puede dejar en manos de una compañía lo que alguien puede o no decir. Ni que la educación de un país se deje en manos de aplicaciones como Skype o que un algoritmo vigile lo que hacemos", protesta.
Le ha sorprendido a Leo Bassi que esta oportunidad de acabar con el neoliberalismo no haya tenido el tirón esperado. Aunque cree que las cosas cambian en siglos y no en semanas. Además, se asombra de cómo las religiones han callado. "¡Hasta los líderes espirituales han apoyado la ciencia!", exclama, "porque en otros momentos se culpaba a un castigo divino, a los pecadores, a los homosexuales, pero esta vez no han tenido excusas".
Ni el Papa ha abierto la boca. "Es increíble. No ha dicho nada. Ha dejado que la razón se explique. Hace siglos, a lo mejor te callabas por no enfrentarte a Dios y acabar en la hoguera, pero ahora no. Eso ha mejorado: ya no vale inventarse que una paloma fecunda a una virgen, ahora se anteponen las fórmulas físicas", sostiene.
Une Bassi este nuevo paradigma con los que han negado la nevada en Madrid: "Lo de Filomena era que nos rociaban con plástico o el 5G muestra la decadencia. Hay periodos en que todo se tambalea y cae. Estamos en uno de ellos. El Imperio Romano era un gigante y en dos siglos desapareció. Aquí pasa lo mismo: la pandemia es un aperitivo del cambio climático o de la guerra en internet. Y te empuja a luchar, aunque no lleve a nada".
​Es el papel del bufón: señalar la desnudez del monarca. Ser "un altavoz del sentir popular", en palabras de Leo Bassi, que en 2019 estrenó Yo, Mussolini, sobre el auge de la extrema derecha y este año le ha hincado el diente a unas circunstancias inauditas. "He sido radical contra diferentes regímenes. No hay uno perfecto y siempre hay quien va a abusar. Pero tengo esperanza en la humanidad", concede.
A pesar de que, por un instante, perdiera la comicidad. "La gente se desanimó y desapareció algo tan mediterráneo como el humor negro. Nadie hacía chistes de la desgracia", se extraña quien enarbola a toda costa la misión de rebelarse: "Como bufón, debemos renovar la sociedad, desafiando las convenciones con optimismo y energía. Mofarnos de los poderosos y defender a los débiles". Ese es su empeño, hasta con obstáculos tan imprevistos como una pandemia global.
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