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Causas judiciales abiertas y apartado en un emirato: la soledad de Juan Carlos I en su 83 cumpleaños

© AP Photo / Kirsty WigglesworthEl rey emérito Juan Carlos I, en una imagen de 2017
El rey emérito Juan Carlos I, en una imagen de 2017 - Sputnik Mundo
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El rey emérito celebra su aniversario lejos de España, en un hotel de Abu Dabi, rodeado de escándalos financieros y de dudas sobre su estado de salud.
La última imagen de Juan Carlos I que ha trascendido a la opinión pública muestra a un anciano con dificultades para caminar. El rey emérito fue inmortalizado hace unos días en Abu Dabi, donde reside actualmente, portado por dos escoltas en un puerto deportivo. Era la primera vez que se le veía desde que aterrizara allí, tras abandonar España en agosto. También era la primera vez que se reflejaba su soledad actual: después de casi cinco décadas como Jefe de Estado, celebra su 83 cumpleaños sin su familia, acorralado por escándalos financieros, juicios abiertos y una regularización de capital que entornaba la puerta de su regreso al palacio de la Zarzuela.
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No es algo reciente: su decadencia comenzó en 2012, cuando un accidente en una cacería en Botsuana desveló aquellos viajes de Juan Carlos I junto a la empresaria alemana Corinna Larsen y afloraron sus negocios en el golfo Pérsico. El perdón esgrimido desde el hospital donde se recuperaba de la cadera aún permanece como la punta del iceberg que iría derritiéndose con los años. "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a suceder", recitó frente a la cámara en plena crisis económica y social. La presión era tan grande que en 2014 abdica, dejando el trono a su hijo, Felipe VI.
​Un lavado de imagen que pretendía alejar el foco de los sótanos del palacio. Tardaron poco en salir: de conocer esas monterías selectas, donde los participantes pagaban miles de euros, a las donaciones millonarias. En 2012, Juan Carlos I recibió una supuesta comisión de las obras del AVE a la Meca, en Arabia Saudí, de 65 millones de euros. El rey de Baréin le habría ingresado 100 millones de dólares (unos 81 millones de euros) en una cuenta de Suiza. Y comenzarían las portadas de medios extranjeros con sus supuestas sociedades offshore, sus movimientos bancarios, su relación formal con Larssen o sus mediaciones entre empresas españolas e internacionales.
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"Juan Carlos I escondía una fortuna en Ginebra", "Una vez un héroe, una vez un rey", "La Familia Real, en peligro": desde Francia hasta Tailandia, el nombre de Juan Carlos I se manchaba a pasos forzados. Y ponía en jaque a la monarquía. La trastienda de la Zarzuela —que implicaba a testaferros custodiando una fortuna oculta o a la amiga alemana siendo, presuntamente, amenazada por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI)— horadaba las vigas de la Institución. El golpe llegó en 2018, cuando el fiscal Yves Bertossa abrió una acusación por blanqueo de capitales. Y se extendió cuando el Tribunal Supremo dio pie a investigar las supuestas comisiones del AVE, unas sumas importantes de dinero en la isla de Jersey o un probable delito de blanqueo.
Las presuntas acciones ilícitas del rey emérito ya no eran un rumor. La Casa Real se blindaba ante los escándalos mientras en España brotaban voces clamando por la República. Con un Gobierno de coalición recién estrenado y una epidemia que todavía estaba por enseñar sus fauces, Felipe VI anunció en marzo que renunciaba a su herencia. Era uno de los pasos a tomar tras posicionarse tibiamente contra lances anteriores como el de Iñaki Urdangarín.
​Cada vez con menos oxígeno y más presión ciudadana, Juan Carlos I decidió en agosto marcharse de España. Ante las incógnitas iniciales, la Casa Real confirmó que estaba en Abu Dabi. Allí residía en un hotel de lujo y con personal propio cuyo coste provenía del Estado. En diciembre, el rey emérito regularizó un importe de 678.393,72 euros en la agencia Tributaria. Una declaración sin requerimiento que pretendía limpiar algo su imagen y eximirle, quizás, de algunos cargos en ciernes.
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Fue su abogado, Javier Sánchez-Junco, quien decidió esclarecer las donaciones recibidas del empresario mexicano Allen Sanginés-Krause y que empleó para gastos familiares a través de tarjetas opacas. Después de eso, solo ha habido una declaración oficial desde Zarzuela negando que el rey se hubiera contagiando de COVID-19, tal y como se sugirió en el periódico Ara.
El siguiente episodio, aparte de las continuas preguntas al Ejecutivo sobre el futuro de la monarquía, fue el mensaje de Nochebuena de Felipe VI. Se esperaban con interés sus palabras, para saber si se referiría a su padre, que poco antes había confirmado que no vendría a España por Navidad.
Solo hizo un comentario al respecto: "Los principios éticos nos obligan a todos sin excepciones y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares".
A este comunicado le siguió un debate abierto por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre una posible ley exclusiva para la Casa Real. Habló de ella en la última rueda de prensa de 2020, tras la insistencia de sectores del partido o de otros grupos del hemiciclo. La idea es regular a la institución monárquica para que sea más transparente. Aunque, como reclama Unidas Podemos, tendría que incluir una cláusula que ponga sobre la mesa el referéndum sobre su continuidad.
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Mientras, Juan Carlos I sigue en Abu Dabi. Caminando con muletas, entrando de vez en cuando a clínicas privadas para seguir sus diferentes problemas de salud y cumpliendo 83 años lejos del ruido. Según la agencia Efe, el emérito aún cree que esta estancia en el emirato es un paréntesis. "Está deseando volver", apuntaban fuentes del entorno. Esconder su intimidad y no salpicar a la corona son los principales motivos para hospedarse indefinidamente a 6.000 kilómetros de Madrid.
Según Efe, Juan Carlos I está en contacto con familiares y amigos desde Abu Dabi. Sigue las regatas de sus colegas de vela y solo ha recibido la visita de la infanta Elena. Nada que ver con el anterior aniversario, celebrado en de forma privada, pero en Palacio. Ni de sus momentos compartidos el 28 de enero, cuando acudió con toda la familia al funeral de su hermana, la infanta Pilar de Borbón, en la basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Ahora el día transcurre en soledad, rodeado por los fantasmas de testaferros, fiscales o examigas. Y soportando felicitaciones o mofas virtuales.
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