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El detrás de la legendaria visita de Lady Di a Argentina

© AP Photo / Herman KnippertzПринцесса Диана на вечернем приеме в честь членов королевской семьи в Бонне, Германия, 1987 год
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Poco antes de su muerte, la princesa Diana visitó Argentina en 1995. Lady Di tenía entonces 34 años y decidió visitar los lugares más inusuales del país sudamericano, donde se dedicó a conocer y charlar con la gente. Su interés por las personas, su sencillez y su amplio espectro de temas para conversar fascinaron a sus anfitriones.

El 22 de noviembre de 1995 Argentina recibía una visita que pronto se haría inolvidable. A sus 34 años, la princesa Diana arribó al país con un profundo interés por conocer los lugares más recónditos del territorio. 

Para ello, uno de los lugares que eligió Lady Di para visitar fue la Comunidad Terapéutica Isla Silvia (SENAF), un centro de rehabilitación para jóvenes ubicado en una zona selvática a orillas del Río Luján, a unos 33 kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires.

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Hacia allá se dirigió acompañada por el exdiputado Eduardo Amadeo, en ese entonces secretario de Desarrollo Social nacional, y su esposa Beatriz Orlowski. Llegaron en helicóptero, contó al diario argentino La Nación el exlegislador. 

"Según nos dijo la Embajada inglesa ella había pedido visitar algunos lugares 'difíciles' desde el punto de vista social. Pensamos que sería interesante conocer Isla Silvia. Advertimos que podía correr riesgos, pero la embajada insistió con que ese era el tipo de recorridos preferidos por Diana", dijo.

Amadeo había preparado para la visita a los aproximadamente 100 internos que allí residían el día anterior, cuando les contó quién era Diana. Sin embargo, la princesa logró sorprenderlos más de lo esperado. 

"¿Para qué sirve ser princesa?", le preguntó uno de ellos, recuerda Amadeo. La respuesta de Diana fue contundente: "Para poder venir aquí a conocerlos a ustedes. Te imaginas, si no fuese princesa no te habría conocido".

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Lady Di pidió un recorrido por las habitaciones y el parque, sin ser intimidada por el barro que lo rodeaba producto de la lluvia del día anterior. Para su visita, las autoridades habían arreglado el jardín y pintado ciertas áreas del lugar. "Lo mejor de mis visitas es que sirven para que pinten todo. Por eso muchos me piden que vuelva", expresó Diana una vez allí. 

Además, comentó las imágenes que algunos de los chicos tenían en las paredes de su habitación. Uno de los cuartos tenía varios pósters de mujeres desnudas. Al respecto, le dijo a su dueño, "te felicito, estás bien acompañado".

Durante la reunión común, habló a los jóvenes acerca de cómo era Inglaterra, sobre los Beatles e incluso sobre el emblemático partido entre Argentina y su país de los cuartos de finales de la Copa Mundial de 1986, nueve años atrás, y del famosísimo gol del futbolista argentino Diego Armando Maradona, por el cual se ganó el apodo de "la mano de dios".

"Para todos los ingleses fue un gran dolor, pero igual lo aplaudimos", relató. Además, se dedicó a conversar con los jóvenes acerca de sus expectativas del futuro, de una forma descontracturada e íntima, recuerda Amadeo, y ella también compartió sus experiencias personales sobre su propia familia. Al final, la princesa se fue visiblemente emocionada y prometió regresar a visitar.

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Desde allí se retiró en un crucero en el que la llevaron a recorrer el río. "Aunque no lo crean, aun no me acostumbro cuando la gente me aplaude", dijo a Amadeo y a su esposa, en la medida en que los vecinos de la costa la aplaudían al verla pasar. 

Después, participó en un almuerzo junto al entonces director de Ceremonial de la Cancillería, Jorge Faurie "Tal como se ve en la serie The Crown (Netflix) le interesaba la proximidad física con quienes estaban en lugares que visitaba", contó a La Nación.

"Habitualmente este tipo de visitas a centros sociales son para la foto, muy estructuradas, con pautas convencionales. En este caso fue tal como lo contamos, ella quiso tener una experiencia humana, no protocolar ni de relaciones internacionales. Un dato no menor fue que llegó solo acompañada por su equipo más cercano, sin que la siguiera una nube de fotógrafos", añadió Amadeo.

La sencillez de la princesa Diana

Cuando no salía, la princesa era alojada en la Embajada Británica en Buenos Aires durante esos días de noviembre de 1995. Una de las personas con quien estuvo más próxima allí fue con el mayordomo de la residencia, Samuel Victoria, más conocido como Sam.

"Cuando Diana llegaba en la limousine a la embajada, siempre muy elegante, yo la esperaba en la entrada. No usaba el ascensor, se sacaba los zapatos y subía por la escalera hasta su habitación. 'Prefiero descansar mis pies en la escalera roja'", citó Sam al diario argentino. Él, que se encargó de atenderla durante su estadía, contó que "era una persona relajada, sencilla, rompía el protocolo".

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"Amaba el parque y la privacidad que allí podía encontrar", relató. Además, contó que  Diana hacía gimnasia en la embajada, y que luego se bañaba en la piscina y caminaba por el jardín. "Un día me la encontré a mitad de camino del parque, cuando salía de la pileta. Ella, mirando el cielo me dijo emocionada que nunca había visto un cielo tan celeste y que estaba impresionada por lo lindo del jardín. Fue una alegría recibir sus elogios", dijo.

"Temblábamos de la emoción al hablar con ella. Miraba a los ojos, se dedicaba a conversar con todas las personas. Me impresionaba su energía y como ella siempre tenía todo planeado, todo organizado", añadió. 

Antes de irse, la princesa Diana firmó el libro de visitas de la Embajada y, "mirándome a los ojos, me dijo que fue un placer conocer la residencia y conocerme a mí. Me derretí de emoción", concluyó.

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