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El Salvador se queda sin razones para celebrar el Día Internacional del Café

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SAN SALVADOR (Sputnik) — El Salvador se va quedando sin razones para celebrar este Día Internacional del Café, pues la plaga de la roya, la pandemia y la desidia gubernamental amenazan con extinguir al que alguna vez fue considerado "el grano de oro" del país.

A pocos días de comenzar la cosecha, la Asociación Cafetalera de El Salvador calcula que apenas recogerán medio millón de quintales, casi un tercio menos que en 2019.

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Los aguaceros del "invierno", como llaman en El Salvador a la época de lluvias, agravaron la plaga de roya que desplomó la producción a mínimos históricos, pese a las fumigaciones apoyadas por el Consejo Salvadoreño del Café.

En particular, el azote en junio pasado de las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal desató un brote de hongos en los cafetales, que también sufren la falta de insumos y de mano de obra.

"El café es una bebida amarga, pero también un trabajo amargo", comentó a Sputnik el chef salvadoreño Cipactli Alvarado, un gastrónomo amante del café y sus muchas potencialidades aún por explorar en esta nación centroamericana.

Para Alvarado hay varios factores que desmotivan al jornalero, entre ellos la paga mísera, el abandono de los cultivos y la inseguridad en plantaciones surcadas por rutas de "mareros" (pandilleros), amén de las restricciones impuestas para enfrentar al COVID-19.

El experto señala la pérdida de "terroir", término francés para definir todos los indicadores que inciden en la plantación, desde la composición del suelo hasta el acumulado de lluvias, temperaturas y las prácticas culturales aplicados a la siembra, atención y recogida.

"El café necesita ese terroir o terruño, y eso se ha perdido. Solo nos quedarían los cafés especiales, que son de difícil mantenimiento por el clima y las plagas, y que necesitan altura, como los viñedos", precisó el también mercadólogo y sommelier.

A la saga regional

Otro problema es que, salvo casos aislados, los caficultores salvadoreños priorizaron durante años la cantidad y no la calidad, y los productores de Costa Rica y Panamá se adueñaron a nivel regional del mercado de alta gama, mejor cotizado en subastas internacionales.

"Hay agricultores que tienen café por tenerlo", lamentó Alvarado, quien estima que a este rubro le ha faltado luz larga en El Salvador, amén de una estrategia efectiva para convencer a los inversores y colar al producto en el mercado internacional.

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Tampoco ayuda mucho la apuesta institucional por un "café cuscatleco", híbrido de arábiga y robusta, con toques avinagrados que resultan chocantes en boca, sobre todo para el paladar habituado a las variedades borbónicas.

Alvarado considera que El Salvador tiene el potencial para remontar en la carrera regional del café, pero no despega porque no lo promueve desde una perspectiva de sostenibilidad e impacto socio-ambiental, con plantaciones que generan empleos, pero también oxígeno.

"No hemos logrado llegarle al mercado con las palabras que quieren escuchar", reconoció el chef, que reivindicó la urgencia de un sello gastronómico de país, y la creación de rutas no tanto para atraer turistas, si no especialistas y compradores que posicionen el café local.

Una amarga realidad

Los amantes del café en El Salvador enfrentan una amarga realidad que no logra edulcorar ni siquiera el "pan dulce" con que suelen acompañar esta oscura delicia: la producción lleva una década en franca decadencia, y cada año va a peor.

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Esta disminución en las cosechas representa además menos ingresos para unos productores que apenas recuperan lo suficiente para preparar sus campos, pues los intermediarios y distribuidores se llevan las mayores ganancias.

El panorama era diferente a finales del siglo XX, cuando el sector generó más de 181.000 empleos con producciones de hasta cuatro millones de quintales y un aporte significativo al Producto Interno Bruto, que comenzó a degenerar en 2012 con la irrupción de la roya.

Aún quedan fincas certificadas con el sello de sostenibilidad Rainforest Alliance, que venden su grano directamente a clientes en Europa y Asia, pero son la excepción en este país, donde el café corre un inquietante y nada exagerado peligro de extinción.

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