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Los repartidores de plataformas en Ecuador trabajan sin Dios ni ley

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QUITO (Sputnik) — Desde hace dos años Yuli Ramírez trabaja de domingo a domingo, al menos 10 horas diarias, recorriendo unos 150 o 160 kilómetros por día en la capital de Ecuador para realizar diversas entregas pactadas a través de plataformas digitales.

Ramírez, al igual que su esposo, forman parte del ejército de más de 7.000 trabajadores de reparto a domicilio en Ecuador que laboran a través de plataformas como Globo, Uber Eats o Rapi.

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La mayoría de los repartidores son inmigrantes y una buena parte venezolanos.

Usualmente empiezan muy temprano su jornada de trabajo y terminan muy entrada la noche; sus ingresos dependen no solo del número de entregas que realicen sino de un puntaje acumulado desde que empezó su trabajo, de la calificación del negocio que les entrega el producto y de la calificación del cliente que lo recibe.

Normalmente no tienen tiempo ni para almorzar. A lo mucho el almuerzo es una manzana, un caramelo, un poco de palomitas de maíz que les regalan en algún restaurante y que tienen que comerlo aprisa porque cada minuto vale oro tanto para sumar clientes como para terminar su día lo más pronto posible en la noche.

"Salimos de nuestro país con la ideología de llegar solo a trabajar, sin mirar a los lados y sin darnos cuenta que al final estamos siendo explotados", comenta Ramírez a Sputnik.

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Ramírez tiene 33 años, es oriunda de Mérida, Venezuela, de profesión abogada penalista.

Los ingresos que generan ella y su esposo los utilizan para mantener su hogar, conformado también por sus hijas de 18, 16 y 5 años y para mantener sus respectivas motos, instrumento básico para su trabajo.

"Lo que ganamos nos alcanza para vivir pero no para ahorrar; tenemos que pagar las motos que las compramos a crédito así como su mantenimiento y también tenemos que pagar un plan para el celular", agrega Ramírez.

Subordinados a la aplicación

Los repartidores trabajan bajo la figura de trabajadores autónomos o por servicios prestados, pero según Ramírez en la práctica están completamente subordinados a hacer todo lo que diga la aplicación.

"Trabajar como repartidor en una plataforma digital en Ecuador es no tener un salario fijo, trabajar más de 10 de horas, siete días a la semana, no estar afiliado al seguro social, no contar con seguros de accidentes, ni licencias de vacaciones o de maternidad; es trabajar en condiciones de extrema vulnerabilidad", comenta a esta Agencia la activista e investigadora Kruskaya Hidalgo.

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Las empresas dueñas de las plataformas se deslindan de todo tipo de responsabilidades patronales, amparadas en el concepto de trabajo autónomo y emprendimiento.

Los repartidores no solo que tienen que pagar incluso la mochila o caja donde llevan los encargos y su medio de transporte sino también una cuota mensual por el uso de la plataforma.

Cuando Ramírez llegó a Ecuador, el trabajo de repartidor parecía rentable, las plataformas estaban abriendo mercado y prometían un trabajo interesante, con una estabilidad económica mayor a la del sueldo mínimo de 400 dólares por mes que rige en Ecuador.

"En ese entonces podías hacer hasta 80 dólares diarios, aunque no tenías vida social jamás; lo que ha hecho que esto funcione (el trabajo de repartir por plataformas) es que la mayoría somos migrantes", dice Ramírez.

Centavos por kilómetros

Un complejo sistema para el pago en teoría debe hacer que los ingresos de los repartidores sean buenos, pero en la práctica no es así; la tarifa que cobran por kilómetro es alrededor de 25 centavos de dólar, aunque las plataformas cobran alrededor de 80 centavos de dólar a los clientes.

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El Observatorio de Plataformas, en coordinación con Glovers Ecuador, una organización de los repartidores de aplicaciones y la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung Ecuador FES – ILDIS, impulsa la "Encuesta sobre condiciones laborales de repartidores de aplicaciones", que busca recoger información anónima sobre las vulneraciones que experimentan los trabajadores en siete ciudades de Ecuador: Quito (norte), Guayaquil (oeste), Cuenca (sur), Machala (oeste), Ambato (centro), Santo Domingo de los Tsáchilas (oeste) y Manta (oeste)..

En las primeras 102 respuestas, provenientes de las tres ciudades más grandes del país: Quito, Guayaquil y Cuenca, los repartidores evidenciaron las múltiples desigualdades que enfrentan a diario los repartidores.

El trabajo en plataformas digitales es la única fuente de trabajo para gran parte de los repartidores. Por eso, alrededor del 76% trabaja siete días a la semana, en promedio diez horas diarias, jornadas durante las cuales el 28% de los repartidores no tienen pausa para comer y el 32% dedica menos de quince minutos para hacerlo.

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Ramírez da cuenta de ello: "Cuando más tiempo dedico al almuerzo son unos cinco minutos para comer cotufas (palomitas de maíz) que pido en los restaurantes en donde retiro la comida".

Y entre cotufas, restaurantes, farmacias… y el apuro por recibir y entregar cada pedido, los repartidores dicen estar cada vez más conscientes de que "el invento del trabajo autónomo, o trabajo por servicios prestados" no es la maravilla que ellos creían sino una forma de explotación laboral en pleno siglo XXI, a la que recurren muchas empresas alrededor de mundo, sean grandes o pequeñas.

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