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"Más que sexo es llevar un tren de vida alto": cada vez más chicas jóvenes buscan en España su 'sugar daddy'

CC BY 2.0 / XOKA7628bs2 / Una mujer en un yate de lujo
Una mujer en un yate de lujo - Sputnik Mundo
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Ofrecer la compañía a hombres con buena posición económica para comprarse caprichos o pagarse los estudios, con o sin relaciones íntimas, parece ser una de las opciones actuales más demandadas en el mundo de los contactos.

Ariana (nombre profesional) se dio cuenta del fenómeno cuando llegó a Londres. Allí se fue a trabajar en 2018, con 23 años. Cubría las noches en un hotel y era habitual registrar a parejas de edades muy diferentes. No sabía qué relación tenían. Hasta que alguien le explicó: se trataba de lo conocido como sugar datings, que en español sería algo así como citas dulces y que consiste en unir a chicas jóvenes (las sugar babies) con señores mayores de buena posición económica (los sugar daddies).

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"Normalmente, en los contratos siempre te ofrecen acompañarles en algún viaje de negocios, o en alguna cena o alguna gala. Quieren una mujer inteligente, con la que se pueda hablar de diversos temas, que les deje bien delante de sus compañeros, y luego al llegar al hotel les dé un poco de amor", describe en un mensaje. No necesariamente tiene que haber sexo, señala.

Muchas sugar babies nunca han tenido sexo con sus sugar daddies, insiste Ariana. "Tengo una amiga que consiguió comprarle una casa a su madre sólo yendo a casa de su sugar daddy a oírle tocar el piano. Era un hombre muy mayor, que estaba muy solo. Y, bueno, sólo la pagaba por escucharle", reitera.

El contrato que se da en este tipo de encuentros depende de cada persona. Generalmente, el acuerdo se plantea en torno a un tiempo de compañía, con unos honorarios diarios o mensuales y otros aspectos aparte, como las dietas o la compra de ropa. Aunque a menudo aparezca la cuestión sexual. Es lo que supuestamente distingue a este mundo de la prostitución al uso. "Las sugar babies no son prostitutas, aunque claramente sí hay muchos sugar daddies que quieren incluirlo, pero depende de ellas aceptarlo o no", apunta Ariana.

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Generalmente, el primer paso se da en una web especializada. Hay algunas internacionales y otras que se atienen a un país concreto: Dudi, Seeking Arrangement, Sugar Daters... También hay agencias que reclutan a sugar babies o aplicaciones de móvil como Unicis. "Yo usaba Seeking Arrangement", adelanta Ariana, "y para hablar o quedar depende muchísimo de cada persona. Es literalmente como cuando quedas con alguien por Tinder".

Según sus impresiones, agudizadas desde la mudanza a la capital inglesa, "el mundo de las sugar babies ya no es tan secreto como antes". "Ahora, la mayoría de personas sabe lo que es, más o menos. Se habla mucho en redes sociales, etcétera. Yo lo conocía desde hace tiempo, pero decidí indagar más aquí", alega. Su caso, además, daba el perfil: "No tenía mucho dinero y quería rodearme de gente pudiente. Me lo recomendó un amigo".

Ha hablado así con "muchos" sugar daddies, pero ha preferido estar al margen. "No quería dejar mi trabajo y no me he atrevido a coger un vuelo sola e irme a otro país un fin de semana entero, que es lo que te suelen proponer", apunta. Ariana quería "que fuese un ingreso añadido a mi puesto fijo" y no estaba dispuesta "a perder vacaciones por ellos". "Solo quedé con uno para tomar copas a un casino, etcétera, etcétera. Todo pagado", concluye.

​La combinación del "todo pagado" y ese doble "etcétera" da pie a una de las elucubraciones (y confusiones) habituales: ¿Es el sugar dating una forma de prostitución? Elena, una chica de 21 años de Madrid, confiesa que ha usado este tipo de plataformas porque quería darse lujos. "Es más por calidad de vida que por sexo", comenta por teléfono. De hecho, ella ha declinado citas por incluir esta cláusula. "Cuando me han dicho que era con relaciones sexuales, lo he cancelado", esgrime mientras mantiene su anuncio en una web de contactos.

Como SugarBabyVf, otra usuaria. En varios mensajes, cuenta la facilidad de ingresar en este universo: "Hay páginas de internet, grupos de redes sociales o directamente alguien que te ve y te hace una propuesta. Existe una previa evaluación del perfil, por supuesto", enumera.

"Todo sucede bajo un proceso de 'selección' donde entablas una conversación con la otra persona para conocer sus gustos, saber qué es lo que busca y a qué se está dispuesto", explica. "Yo lo hago porque quiero, no porque nadie me empuje a ello ni porque lo necesite para vivir, sino porque entiendo que yo he nacido por vocación así y me gusta lo que realizo. Y estoy totalmente en contra de la trata de personas".

"Una vez se llega a un acuerdo y se fijan límites, se piensa en una primera cita, que sirve para conocer y conversar más a fondo", añade esta usuaria. "En cuanto a los acuerdos y límites, pueden ser regalos más una especie de mensualidad o regalos más viajes. Ahí depende de para qué tipo de compañía te busca el daddy y, por supuesto, qué es lo que el/la baby está dispuesto a entregar", concede. Entran en juego, anota, el que solo se quiera demostrar poder sobre un baby, cuidarlo o presumir ante alguien. También que haya o no relaciones sexuales.

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Incluso si en las diferentes plataformas se resalta que no se aceptan los anuncios de prostitución ni se permiten intercambios meramente sexoeconómicos. "Fundamentalmente, ellas buscan apoyo económico y ellos compañía para viajes o eventos", resume Pablo, diseñador web de 37 años y fundador de Sugar Daddy España (prefiere no dar apellidos). “Hay tantos tipos de acuerdo como personas. Hay quienes buscan viajes, pagarse la universidad, experiencias inalcanzables… pero está totalmente prohibido pedir sexo u ofrecerlo a cambio de dinero", ataja.

Pablo, que gestiona otras páginas para sugar babies homosexuales y para sugar mommies (señoras mayores que buscan chicos jóvenes), cree que lo habitual es optar a una relación larga y "no solo sexo". "Ellos, los mayores, buscan compañía. Y es a largo plazo, no de una noche", analiza. En los dos años que lleva su página en activo, dice, ha sumado 15.000 suscripciones. La mensualidad cuesta 19 euros y permite introducir los datos del perfil, fotos e intercambiar impresiones en un chat privado.

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Él lo supervisa todo y hasta da consejos. "Al principio era como una web de contactos más. Y no quería eso. Ahora, hay quien quiere meterse como algo puntual y no les funciona. Algunas chicas preguntan, recomiendan comportamientos o gente, y escriben comentarios en el blog", analiza el diseñador, que banea a todo aquel que no cumpla las condiciones de uso. "Como anécdota, aunque no es la norma, señalar que hay quien se hace un perfil falso y pide dinero para la cita, pero es una estafa. O quien pide fotos o vídeos sin nada más", confiesa, cifrando entre 16.000 y 18.000 las veces al mes en que se escribe el término sugar daddy en Google.

Yates, coches descapotables, cenar en reservados de lujo… Lo que muchas de estas sugar babies buscan es "presumir". "Más que sexo, buscan llevar un tren de vida alto. Y para eso hay que ser constante. Es un proceso, no es algo de un día", insiste Romero, que ilustra la estadística de los usuarios así: "Por cada sugar daddy hay 10 sugar babies. Luego están los chicos o tom boys y las mommies, que no llegan al 20%", calcula. En total, unas 10.000 personas de su web sería chicas.  

​También hay portales donde se mezclan estas actividades con encuentros casuales al aire libre (denominado cruising), intercambio de parejas o servicios sexuales. "Hola, me llamo Noemí. Busco tener un sugar daddy de Madrid. Soy de Parla. No tengo sitio ni manera de moverme. Soy muy cariñosa, activa. Busco un sueldo de 2.000 euros. Podríamos quedar todos los días. No tendríamos más de una hora de sexo por día. Soy muy implicada, pero no duermo fuera de casa. El pago sería de 500 semanal. Empezaríamos un lunes y se pagaría todos los lunes. Muchas gracias. Si me contacta es porque está interesado en empezar. Edad, 23 años", reza un anuncio.

"Hombre de negocios joven busca chica de hasta 25 años para pasarlo bien. Posibilidad real de viaje exótico de placer, todos gastos pagados. Anuncio serio, no profesionales. Experiencia inolvidable. ¿Interesada? Contactadme por mail o whatsapp. Edad, 31 años", anota otro.

"¿Te interesa conocer a un hombre con quien tengas buena química, con quien pasar ratos muy agradables, salir de la rutina, y que te ayude económicamente en tus gastos?", pregunta un tercero, "pues escríbeme, te aseguro que no te arrepentirás, independientemente de que haya feeling o no. Si hay química, te ofrezco una buena recompensa económica por cada cita. Me gustaría una chica/mujer sensual, de buen ver, dulce, educada, agradable, sana y muy discreta. Discreción total, respeto mutuo y sinceridad ante todo. Gracias. Edad, 44 años", describe.

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Conxa Borrell, secretaria general del sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS, cree que estos servicios son muy antiguos y tiene clara la ecuación: "Intercambio de dinero por sexo es prostitución, aunque el estigma puta sea muy difícil de cargar. Y aunque en este caso sea hasta gracioso porque en lugar de decir 'cliente' digan sugar daddy". La diferencia entre la prostitución y el sugar dating es mínima. "Toda la vida ha habido hombres que han ayudado mujeres y al revés, aunque no se diga, porque en un patriarcado son ellos los que manejan el dinero". Al final, se "capitaliza" el cuerpo, concede Borrell, a quien le parece "muy bien": "Está muy bien que las mujeres se hayan liberado de que el sexo solo puede ser con amor o dentro de una relación", argumenta.

"El problema es que como se demoniza nuestra labor, hay que darle un nombre diferente. Y esta gente joven vende una idea romantizada de su trabajo sexual", indica Borrell por teléfono. El concepto de sugar daddy no hace más que perpetuar la dominación de quien tiene un poder sobre quien no lo tiene, incluso barnizado por "el juego" de ser "único". Y se presume que en los momentos de crisis económicas —como está pasando ahora mismo debido a la pandemia, cuando España suma casi ocho millones de parados y se prevé una caída histórica del Producto Interior Bruto— estos servicios aumentan. 

Aunque en los últimos meses hayan aflorado artículos sobre el tema y se le haya atribuido un toque de glamour. Héctor Gálvez Flórez, director clínico del Instituto Madrid de Sexología, reflexionaba en el periódico El Español sobre la importancia de conocer la condición que lleva a una mujer a tomar una decisión así. "Si hay necesidades económicas, la persona tiende a justificar acciones realizando racionalizaciones, es decir, poner justificaciones a algo que, en un principio, no estaríamos éticamente de acuerdo", afirmaba.

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"Una persona que se involucra en este tipo de relación se puede justificar diciendo que es algo temporal. Cada una de las dos partes lo está racionalizando de manera que no se sientan en conflicto", añade. "Los sugar daddies suelen tener una posible inseguridad de estar en una relación en igualdad de condiciones y tener que ganarse el afecto de la otra persona a través de su forma de ser. Cuando se supone que tiene que existir una igualdad afectiva se sienten cuestionados y prefieren reducir la ansiedad a una relación en la que no tienen que demostrar muchas cosas porque lo están comprando directamente", examinaba.

Se sienten "aliviados" porque "no tienen que estar a la altura". Y en algunos casos, opinaba el experto, podría tratarse de algún perfil de personalidad en el hombre poco empático, esquizoide o narcisista en el que "la parte afectiva no le importe tanto como la apariencia de tener pareja o las relaciones sexuales".

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