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Una histórica alianza ruso-estadounidense se reedita contra el coronavirus

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En la década de 1950, un inédito trabajo conjunto entre soviéticos y estadounidenses permitió desarrollar una exitosa vacuna oral contra la polio. Ahora, científicos de ambas naciones vuelven a trabajar juntos porque aquel invento podría ser clave para combatir el COVID-19.

Una clave para lograr la inmunización efectiva contra el coronavirus podría estar en la célebre vacuna oral contra la polio descubierta gracias a una colaboración entre científicos soviéticos y estadounidenses apenas comenzada la Guerra Fría.

Que la Unión Soviética y EEUU pudieran acordar programas de colaboración no parecía demasiado probable en la década de 1950, cuando la reorganización geopolítica del mundo tras la Segunda Guerra Mundial dio lugar a lo que se conoció como la Guerra Fría.

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Sin embargo, la necesidad de desarrollar una vacuna contra la polio alternativa a la presentada en 1952 por el estadounidense Jonas Edward Salk, motivó la colaboración entre el virólogo estadounidense de origen polaco Albert Sabin con la pareja de colegas rusos Mikhail P. Chumakov y Marina Voroshilova.

En realidad, Sabin no encontró eco en EEUU para desarrollar su idea de generar una vacuna de virus atenuado que pudiera aplicarse de forma oral. En ese momento, el país norteamericano ya estaba distribuyendo la vacuna de Salk, basada en virus inactivos, por lo que no quiso correr los riesgos de una alternativa con virus atenuados.

Sabin buscó entonces colaboración en la Unión Soviética. El estadounidense compartió cepas del virus con Chumakov y Voroshilova, que pudieron desarrollar una vacuna oral que podía suministrarse junto a un poco de azúcar.

Comprometidos con su labor, los dos científicos rusos comenzaron aplicándose la vacuna oral a ellos mismos. Luego, dado que necesitaban testearla en niños, la aplicaron también en sus hijos.

Un reciente artículo del New York Times pone foco en uno de los aspectos laterales de aquel proyecto conjunto. Durante las pruebas, Voroshilova comprobó que los niños que recibían la vacuna oral contra la polio no se enfermaban de otras afecciones durante los meses siguientes. Incluso, llegó a utilizar la vacuna como una forma de prevenir la gripe en sus hijos cada año.

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La posibilidad de que la vacuna contra la polio pueda ayudar a generar al menos una inmunidad temporal contra el COVID-19 ha despertado nuevamente el interés de científicos rusos y estadounidenses. Si bien los investigadores concuerdan en que sería mucho mejor contar ya con una vacuna específica contra el nuevo coronavirus, bloquear el contagio durante un tiempo ya es un avance significativo para controlar la pandemia.

Como si la historia se repitiera, el uso de la vacuna oral contra la polio para prevenir el COVID-19 también atrajo una colaboración entre científicos rusos y estadounidenses. Un proyecto iniciado en mayo en la región rusa de Kírov para testear el efecto de la vacuna oral incluirá la realización de estudios en EEUU. Luego, los científicos esperan poder lograr publicaciones conjuntas entre ambos países.

El mayor legado de Chumakov y Voroshilova

La pareja de virólogos que en los cincuenta dio los pasos fundamentales para crear la vacuna oral contra la polio también dejó otro legado clave para la ciencia: los cuatro hijo de la pareja se volcaron a la investigación científica y se desempeñan con éxito en valiosas investigaciones. Además, siguen a sus padres en el ejemplo de propiciar colaboraciones entre Rusia y EEUU en materia científica.

Peter Chumakov, por ejemplo, es el científico jefe del Instituto de Biología Molecular Engelhardt (EIMB) de la Academia de Ciencias de Rusia. En EEUU, cofundó una empresa dedicada al desarrollo de virus utilizados para combatir el cáncer. Según el New York Times, Peter tiene en su haber el desarrollo de unos 25 virus para combatir diferentes tipos de tumores.

Ilia Chumakov, en tanto, recaló en Francia, donde desarrolla su carrera científica y colaboró con el proyecto para secuenciar el genoma humano.

Konstantin Chumanov es actualmente director asociado en la Oficina de Investigación y Revisión de Vacunas de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de EEUU.

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Alexei Chumanov, el menor de los hermanos, también eligió la ciencia y es conocido por haber desarrollado una vacuna contra la hepatitis E mientras trabajaba en Moscú. Actualmente se desempeña en investigaciones sobre cáncer en Los Ángeles.

Como una tradición bien aprendida, los hermanos Chumanov heredaron la costumbre de ponerse en la primera línea a la hora de probar sus avances científicos. Alexei, por ejemplo, probó en él mismo su vacuna contra la hepatitis. Peter también probó en su propio cuerpo los virus que desarrolla para combatir el cáncer.

"Los ingenieros deberían estar debajo de los puentes cuando la primera carga pesada pasa sobre ellos", dijo Alexei al diario estadounidense, resumiendo la enseñanza de sus padres.

Peter también sigue la tradición familiar de trabajar con la vacuna contra la polio. De hecho, él mismo desarrolla su propia vacuna en su laboratorio personal, pensando en la posibilidad de que sea efectiva contra el coronavirus.

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