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'Facta, non verba'

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Cada vez el distanciamiento entre la acción y la palabra es mayor.

Hechos, no palabras sería la traducción textual de esta antigua frase romana, cuya importancia por su imperatividad pareciera adquirir un nuevo protagonismo en estos tiempos donde la oferta de información es abundante mas no necesariamente los hechos que la respalde.

Recientemente hubo una ola de especulaciones de los medios no solo sobre la salud del líder norcoreano, Kim Jong-un, a raíz de su desaparición de la vida pública en las ultimas semanas y en las que incluso le daban por muerto, sino también sobre quién pudiera ser su sucesor para llevar el timón de la nación asiática. Empero, tras veinte días de ausencia Kim reapareció asistiendo a la ceremonia de inauguración de una planta de fertilizantes en la ciudad de Sunchon, en la provincia de Pyongan del Sur.

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Esta situación, además de revelar la posición contradictoria de los medios mainstream de noticias y sus defensores sobre lo que debe considerarse análisis hipotético y lo que debe tacharse de especulaciones infundadas dejando claro que ello depende de quien lo plantee, también expone un problema disimuladamente mucho mas extendido. Disimulado porque prácticamente nos pasa inadvertido y extendido porque supera la esfera de la información mediática. Estamos condicionados a creer en una afirmación solo porque la declara una fuente acreditada en el tema y a su vez a ignorar cualquier circunstancia sobre la misma que apunte en otra dirección, a que cuando exista un conflicto entre la teoría y la práctica creer siempre en lo primero sin siquiera cuestionarlo aun cuando su argumento carezca de solidez, a omitir el principio de que los hechos pesan más que las palabras.

Esta mecánica nos afecta día a día hasta en lo más mínimo de tal forma que terminamos por creernos las bondades de un sistema económico mundial solo porque un reconocido economista así lo sugiere. Aun cuando este sistema en cada culminación de su ciclo arrastre consigo a muchas personas a la ruina y bancarrota, dicho sea de paso. Ya que algunos gobiernos han habilitado controles contra lo que consideran fake news debido a la sincera preocupación que sienten por sus ciudadanos y por lo fácilmente influenciables que según ellos son, preguntémonos cuándo tomarán las mismas medidas de control contra la publicidad que promueve el consumismo innecesario.

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También acudimos a las consultas de un terapeuta que ostenta varias acreditaciones en el tema pero que en la práctica personal deja mucho que desear; o leemos en un periódico cuyo nombre está escrito en letras mayúsculas sobre la posible muerte del líder norcoreano Kim Jong-un y lo damos por hecho aun cuando otras fuentes informativas lo refuten. Mientras, el protagonista de estas especulaciones está como dirían sus especuladores, alive and kicking.

En estas tres situaciones bastante concretas el problema en realidad no es creer sino no ponerlo en duda porque se trata de situaciones sustentadas en retóricas mas no en sucesos. Se trata de un error cometido con frecuencia pese a la creciente suspicacia promovida por el distanciamiento cada vez mayor entre la acción y la palabra. De manera que la próxima vez que nos veamos expuestos a una información cuya veracidad sea dudosa o no, al margen de su procedencia, nuestro pensamiento siguiente debería ser: pruébenlo. Porque con toda la tecnología existente hoy día puede que una imagen ya no pese más que mil palabras, pero un hecho indiscutiblemente sí.

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