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Tres episodios de una pandemia anunciada en la Ciudad de México

© Sputnik / Laura Itzel DomartLos mexicanos durante la pandemia de coronavirus, Ciudad de México
Los mexicanos durante la pandemia de coronavirus, Ciudad de México - Sputnik Mundo
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Es 31 de enero de 2020. En pocas semanas, la gente se mirará con recelo, se evitarán los besos y se dejará de saludar de mano. Pero el 31 de enero, la Ciudad de México busca al pasajero de origen chino que abordó un auto de Uber. Es un posible portador de COVID-19.

La empresa —Uber— procede a desactivar 240 cuentas de unidades, en las cuales pudo haber viajado el posible infectado.

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Después de la búsqueda, las autoridades mexicanas encontrarán al turista chino para hacer una inspección minuciosa de todas las actividades que realizó durante su estancia en la ciudad. El punto será, desde luego, evitar que el virus se propague dentro de territorio mexicano. Se aislarán a las personas que tuvieron contacto directo con él durante unos días para descartar cualquier presencia de COVID-19 en sus organismos.

Pasado un tiempo, los mexicanos regresarán al ritmo desprevenido de la vida cotidiana. Escucharán, a los lejos, las noticias sobre cómo el virus se propaga por Asia y Europa; sin embargo, continuarán inundando las calles. Mientras en China la gente se cubrirá casi de pies a cabeza, en México los jóvenes continuarán dándose besos en cualquier plaza pública.

Sucede que en México, el empleo informal llega casi al 57%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía —INEGI—. Es decir, la actividad laboral no está regulada, sino que depende directamente de quienes deciden emplearse a sí mismos. Por lo tanto, es entendible que en este país casi nadie pueda dejar de trabajar, a pesar de que se avecine una pandemia de alcance global. 

28 de febrero de 2020

Durante la conferencia matutina del Gobierno de México, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, reportará el primer caso de COVID-19. Se tratará de un hombre de 35 años que viajó de Italia a la Ciudad de México. Como lo dicta el protocolo, el hombre infectado permanecerá en aislamiento en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias —INER—.

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Pero los habitantes de la Ciudad de México seguirán su paso desbocado sobre las calles: los puestos de tacos en cada esquina, el tráfico deteniendo el tiempo de quienes llevan prisa, la gente saliendo en estampida de cualquier estación del metro. "Súbale, súbale, hay lugares", dirá el vocero del chófer del bus porque, naturalmente, todavía a nadie le importa rozar la piel del otro.

En la tarde del 28 de febrero, López-Gatell dirá que suman dos casos más de personas infectadas por COVID-19. Desde entonces, la lista de infectados irá registrándose cada día, como en una especie de termómetro mediático que va anunciando la fatalidad de nuestro destino social. Primero uno, luego otro, después otro.

11 de marzo de 2020

México registrará un total de 11 personas infectadas con COVID-19; a pesar de ello, el riesgo seguirá pareciendo estar lejos de los 130 millones de mexicanos. En la Ciudad de México se dibujará el mismo paisaje de todos los días: un hervidero de gente sobreviviendo a sí misma. Más de 20 millones de personas recorrerán sus calles sin saber que en pocas horas algo cambiará.

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Por la tarde, Tetros Ardhanom —Director General de la OMS— dirá: "Hemos concluido que el COVID-19 es una pandemia". Para entonces, el registro de personas infectadas en el mundo superará los 188 mil. Después de ese día, la vida no volverá a ser la misma: la pandemia irrumpirá en la cotidianeidad de las naciones.

Como en una especie de efecto dominó, los países irán cerrando sus fronteras para evitar la entrada de cualquier persona infectada con COVID-19. La instrucción a nivel planetario será: ¡Quédate en casa! Los habitantes del mundo pasarán de poblar las calles, a poblar los rincones de internet.

Sin embargo, en México seguirá aplazándose el encierro como medida preventiva.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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