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"Popeye era el payaso del Cartel de Medellín"

© AFP 2021 / Raul ArboledaJhon Jairo Velasquez, alias Popeye, asesino colombiano
Jhon Jairo Velasquez, alias Popeye, asesino colombiano - Sputnik Mundo
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Una cosa fue lo que dijo el sicario John Jairo Vásquez Velásquez, alias 'Popeye', y otra cosa fue lo que realmente sucedió. Periodistas y las propias víctimas derriban el mito de un hombre, que, tras construir su propia historia, pasó de sicario a 'youtuber'.

John Jairo Vásquez Velásquez, mejor conocido como Popeye, se vendió como el asesino de confianza y mano derecha de Pablo Escobar. Se autodefinía como un hombre desalmado que era capaz de matar a su propio padre por amor al capo del Cartel de Medellín y que por lealtad hacia el Patrón asesinó a unas 300 personas.

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Es mucho lo que se ha dicho sobre Popeye en series de televisión, documentales, libros e incluso en su cuenta de youtube Popeye arrepentido que tiene más de 1 millón de seguidores, sin embargo, esta versión no concuerda con quienes lo vivieron en carne propia. Juan Carlos Giraldo Palomo es un reconocido periodista colombiano que ha escrito varios libros y dirigido varios documentales sobre temas relacionados con el Cartel de Medellín y el Cartel de Cali, organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico que llenaron de terror las calles de Colombia durante los años 80 y 90. 

"Había mucha zozobra todos los días porque nos acostumbramos a que en cualquier momento se escuchaban las explosiones de las bombas de Pablo Escobar, básicamente en Bogotá porque una de sus últimas estrategias fue imponer el terror en la capital, donde se suponía que estaba el poder central, el gobierno, el Estado".

Juan Carlos lleva en su memoria y en su hoja de vida la cobertura de los episodios más impactantes de la historia de su país, como el atentado con un carro bomba contra el edificio del Departamento Administrativo de Seguridad (el entonces organismo de inteligencia y contrainteligencia de Colombia), la voladura del avión de Avianca, la entrega de Pablo Escobar a las autoridades, su prisión en la cárcel La Catedral, su posterior fuga, el asesinato de Escobar en diciembre de 1993 y la exhumación de su cuerpo una década después, noticia que cubrió en exclusiva con autorización de los familiares.

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Basado en todo lo que vio, conoció e investigó, Juan Carlos sostiene que las versiones de Popeye no son del todo ciertas. "Yo conocí muy bien a Popeye, lo entrevisté muchas veces y yo siempre he tenido mis dudas sobre la veracidad de lo que él dice. Primero por lo que sé y segundo por lo que me han documentado y me han contado otros protagonistas. La misma familia de Pablo Escobar sostiene que él era el-cuenta-chistes de Pablo, era el que lo hacía reír porque era un hombre con una chispa innata, muy gracioso".

"Dicen Roberto Escobar (hermano de Pablo) y Nicolás Escobar (su sobrino) que Popeye era el payaso del grupo, que sí estuvo al lado de Pablo, pero no siempre, y que no tenía el grado de confianza que él se atribuyó".

Uno de los primeros puntos que Juan Carlos aclara es que Popeye ni fue el jefe de los sicarios de Escobar ni su asesino de confianza ni mucho menos su mano derecha.

"Realmente Pablo Escobar tenía un círculo muy cerrado donde tomaba las decisiones de sus magnicidios o los atentados que iba a perpetrar, y Popeye, evidentemente, no hacía parte de ese círculo.

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Popeye era un mensajero que llevaba o traía razones a bicicleta o a pie, y era leal a Escobar, pero no era el jefe de los sicarios. El jefe de los sicarios era Otoniel González y el otro era El Arete, Carlos Mario Alzate Urquijo". "Esos eran realmente los jefes militares del Cartel de Medellín. Popeye claro que hacía parte del Cartel de Medellín, hacía parte del ala militar sí, pero no era el que tomaba decisiones ni mucho menos, él solo ejecutaba. Él ayudó a secuestrar a Andrés Pastrana, ayudó a secuestrar a Carlos Mauro Hoyos, los llevó en su carro, armado, los llevaba aterrorizados durante el recorrido, fue parte del grupo que ejecutó eso, pero no era que él fuera el jefe de los sicarios".

"Él ni siquiera recibía órdenes de Escobar, sino que otros superiores recibían órdenes de Pablo y se la transmitían a personas como Popeye".

Giraldo también precisa que mucha de la información de la que habló Popeye, y de la que se hicieron eco muchos medios de comunicación, él no las vivió en persona. "Popeye duró 24 años preso, entonces, muchas de las cosas que cuenta, que dice que sabe, él las escuchó en la cárcel.  Él en la cárcel terminó trabajando con sus ex enemigos. Él terminó siendo el sirviente y el mesero de sus enemigos. Me consta porque yo hice algunas entrevistas con los jefes del Cartel de Cali en la cárcel y veía que Popeye era el que nos llevaba los tintos (el café) a la mesa cuando yo conversaba con alias Rasguño, con Iván Urdinola, que eran los jefes del Cartel de Cali del norte del Valle que eran sus enemigos naturales".

La cultura gangsteril

A juicio del periodista Juan Carlos Giraldo Palomo, Popeye se creó su propia historia presentándose como más malvado de lo que era, atribuyéndose más crímenes de los que cometió y hablando de sus supuestos nexos íntimos con Escobar porque vio los jugosos beneficios que traían a sus bolsillos sus escandalosas declaraciones

"Yo una vez, cuando él recuperó la libertad, lo llevé a Caracol Televisión y lo senté al lado de la hija de la periodista Diana Turbay, una periodista que era hija del ex presidente Julio César Turbay (que fue secuestrada por el grupo Los Extraditables, comandado por Pablo Escobar, y que murió durante su rescate).

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Yo los senté a ambos frente a frente. El encuentro fue muy impresionante por la manera como él narraba cómo vio a la señora Diana Turbay morir. La hija de Diana lloró en cámara, él le pidió perdón. Eso tuvo un gran impacto mediático que le dio la vuelta al mundo y eso le dio una entrada para que Caracol lo contratara para una serie que se llamó JJ. Entonces él fue muy hábil en eso. Él sacaba un arma en Medellín y disparaba delante la cámara.Eso le daba la vuelta al mundo. Entonces, sí que fue un matón, sí que cometió crímenes, sí, pero le dio un trato mediático, exageró en muchas cosas para lograr lo que logró". La estrategia comunicacional que se planteó Popeye trajo sus efectos y los últimos años de su vida se le vio presentando libros, protagonizando documentales, gestionando su propio canal de youtube e incluso retratándose con la gente y firmando autógrafos en las calles de Medellín.

"Eso es efecto de la estela cultural que dejó el narcotráfico en Colombia. Hay una cultura mafiosa incrustada en el ADN de la sociedad colombiana, una cultura gangsteril que se ha expresado en la política.  A mi modo de ver, nosotros tenemos un narco estado, una narco democracia. Aquí ha habido presidentes que llegaron a la Casa de Nariño por el narcotráfico, ha habido presidentes con vínculos directos con Pablo Escobar, el Congreso ha contado en estas décadas con decenas de representantes del narcotráfico y, eso, indudablemente se ha trasladado a los medios de comunicación que han ido involucrando en su actividad diaria una idea de país que tiene mucho que ver con la cultura mafiosa. Aquí se impuso la cultura de coronar, de ganar fácil y rápido el dinero.

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"Las mujeres empezaron a sentir que podían lograrlo todo con cambios estéticos para acceder a un hombre millonario.Todo se contaminó: los políticos, los militares, la fuerza pública, la iglesia católica y hasta los equipos del fútbol, que es la gran pasión deportiva de este país. Todos han sido tocados por el narco", sostiene Jorge Enrique Botero, periodista colombiano reconocido por su amplia trayectoria y por sus libros y documentales que han retratado la guerra civil que ha enfrentado este país durante los últimos 60 años.

Para Juan Carlos, la exaltación de personajes como Popeye y la tergiversación de la historia debería llevar al periodismo colombiano a una profunda reflexión.

"Cometimos un gravísimo error que fue ponerle micrófono a una persona para que se despache a hablar contra otra y nunca corroborar, nunca contrarrestar. Como lo decía Popeye ya era suficiente".

Entonces en cada fecha importante, cada aniversario poníamos a Popeye a hablar de muchas cosas. Pero nunca, nunca le pusimos atención a cosas delicadas que él sí contó, y a lo que sí se le debió poner atención, por ejemplo, cómo el Cartel de Medellín negoció la no extradición con el presidente César Gaviria. Él dijo un día que la no extradición se negoció en una sala de redacción del periódico El Tiempo mientras estuvo secuestrado Pacho Santos. Ese es un capítulo que Popeye contó y nadie le prestó atención, ni en la justicia ni en los medios. Se quedó ahí".

Un país de viudas y huérfanos

Quienes no apoyan esa apología y exaltación del delito son las víctimas de Popeye y el Cartel de Medellín. Una de ellas es Ana Lucía Leal, quien vio morir en sus brazos a su esposo Miguel Soler.

"Mi esposo trabajaba para El Espectador aquí en Medellín. Su trabajo era distribuir el periódico para Antioquia y el Chocó. Realmente él no tuvo amenazas, pero sí contra las instalaciones del periódico.

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 Ya habían matado a Don Guillermo Cano (fundador del diario El Espectador) y le habían puesto una bomba a la sede del periódico en Bogotá. Como a las 12:30 de ese 10 de octubre de 1989, mi esposo sale de casa porque quería saber qué había pasado con Marta Luz López, trabajadora de la sección de publicidad del periódico que entrando a su casa había sido asesinada. Cuando mi esposo sale le disparan en la puerta de la casa. Nosotros sentimos todo, salimos a ayudarlo y murió en mis brazos".

Ana Lucía confiesa que fue muy difícil reponerse a esa pérdida y sacar adelante a sus cuatro hijos pequeños sin contar con el más mínimo apoyo o reparación por parte del Estado. Dice no tener odio ni contra Popeye ni contra los miembros del Cartel de Medellín, pero sí lamenta que alias Popeye haya muerto (el pasado 6 de febrero de un cáncer) sin contar la verdad, sin pedir perdón y, en muchos casos, burlándose de las víctimas.

"Con la muerte de Popeye siento que se hizo justicia, pero justicia divina. Pienso que allá arriba sí están siendo juzgados porque en la justicia de aquí de mi país yo no creo. Este país, desde esa época, se volvió un país de huérfanos y viudas tratando de sacar adelante a nuestros hijos".

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