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"No trajo la cabeza de Hitler, pero sí trajo la paz"

© Sputnik / Evgeny Khaldey / Abrir banco de fotosLa bandera de la URSS sobre el edificio del Reichstag en Berlín
La bandera de la URSS sobre el edificio del Reichstag en Berlín - Sputnik Mundo
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La hija de Melitón Kantaria, el legendario soldado soviético que colocó la bandera de la URSS sobre el Edificio de Reichstag en Berlín, habla sobre su vida después de la Segunda Guerra Mundial.

Se llama Tsiala Kantaria, y su padre fue un héroe de la Unión Soviética y un soldado famoso en todo el país: todo gracias a una foto legendaria de su hazaña, que simbolizó el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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Después de que la guerra en Abjasia la obligara a abandonar su hogar, la hija de Melitón Kantaria reside en Grecia desde 1997. Tsiala contó la historia de su padre a Sputnik.

La patria te necesita

Melitón Kantaria nació en Georgia en 1920 y fue llamado a filas en 1939, el mismo año en que nació el hermano mayor de Tsiala. Más tarde, en 1942, fue herido en combate y volvió a casa para recuperarse.

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Melitón no quería regresar a la guerra, pero un militar acudió a su casa y le dijo que tenía que volver porque lo necesitaban allí. Fue entonces cuando su padre prometió que traería la cabeza de Hitler.

"No trajo la cabeza de Hitler, pero sí trajo la paz. Estoy orgullosa de llevar su apellido", narró Tsiala Kantaria.

Al entrar en Alemania en 1945 y llegar hasta Berlín, a su padre y dos soldados más se les encomendó colocar la bandera de la URSS sobre el edificio del Reichstag. No obstante, esta tarea resultó ser más peligrosa de lo esperado.

"En la segunda planta mataron a uno de ellos, luego hirieron al otro y mi padre cogió la bandera. La colocó, pero esta cayó, así que se quitó el cinturón y lo usó para atarla", cuenta.

La vida después de la guerra

Cuando acabó la guerra Kantaria tenía tan solo 25 años y por su hazaña recibió el título de Héroe de la Unión Soviética y la medalla 'Estrella de Oro'.

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Al volver a Abjasia trabajó tres años en una mina, luego estuvo en la construcción de presas y más tarde se hizo carnicero. "Era un héroe, pero tenía que trabajar", explica Tsiala.

Era una persona muy reservada y sencilla: acabó solo dos años de escuela, amaba a su patria y era estricto, pero jamás nos puso una mano encima a sus hijos, relata.

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A pesar de ser un héroe a escala nacional, su propia hija conoció sus logros por los periódicos y su nieto lo supo cuando fue a la escuela y preguntó sobre la guerra.

"Papá empezó a contárnoslo, y luego paró. Dijo que no le volviera a preguntar sobre la guerra y se echó a llorar", cuenta la hija del héroe.

Tsiala no hablaba con sus amigos sobre su padre y no decía que era la hija de un héroe. Según explicó, todos lo sabían por su cuenta, pero no le gustaba hablar de ello.

Guerra en casa

El héroe de la Segunda Guerra Mundial falleció en 1993, después de sobrevivir a la guerra de Abjasia. Entonces a Tsiala la invadió la tristeza. Ese mismo año, uno de los hijos de Tsiala cayó víctima de la guerra.

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A pesar de no querer abandonar su hogar, dos años más tarde se fue a Moscú y en 1997 se mudó a Grecia, donde ya vivía su hija. Allí trabajó varios años en un restaurante y, en 2003, su hijo, que residía en Moscú, se unió a la familia.

Sus hijos y nietos guardan como un tesoro el recuerdo del héroe Kantaria, pero consideran que la nueva generación se olvidará de sus hazañas, puesto que no se les enseña esto en las escuelas. Eso sí, no todos se olvidarán.

"Los rusos nunca se olvidarán. Si no fuera por los rusos, nadie podría haber ganado la Segunda Guerra Mundial", comentó.

Cada año la Embajada de Rusia en Grecia la invita a participar en el Regimiento Inmortal y ella siempre acude para liderarlo, porque está orgullosa de su padre y tiene claro que "su nombre no debe ser olvidado".

Además: El Regimiento Inmortal reúne a millones de personas alrededor del mundo

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