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Marcel Duchamp: el hombre que murió para inventar el arte contemporáneo

© AFP 2021 / Stephane de SakutinObras de Marcel Duchamp
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No fueron Pablo Picasso y sus señoritas de Aviñón, ni Salvador Dalí y sus relojes blandos: el hombre que revolucionó las artes visuales del siglo XX se llamó R. Mutt y este 9 de abril se conmemoran cien años del 'gesto plástico' con el que cambió para siempre la historia del arte.

El caso de Duchamp […] me apasiona no por ser 'mejor' sino por ser único.

Octavio Paz, ensayista y poeta mexicano

Bajo ese nombre se ocultaba Marcel Duchamp (1887-1968), un artista francés que apenas sí tenía 30 años ese 9 de abril de 1917, fecha en la que presentó en el Centro de Exposiciones The Grand Central Palace de Nueva York, durante la primera exhibición pública de la Sociedad de Artistas Independientes, un mingitorio fabricado en porcelana blanca que rotó 90 grados respecto a su uso convencional y tituló 'Fuente'.

© Wikipedia'Fuente', Marcel Duchamp
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'Fuente', Marcel Duchamp

No era la primera vez que Duchamp tomaba un objeto cotidiano y lo transformaba en una 'obra de arte' por el simple arbitrio de su voluntad. Lo había materializado, entre otras creaciones, en 1913 con una rueda de bicicleta que fijó sobre un taburete de cocina, y lo había reiterado con un escurridor de botellas hacia 1914 y una pala para quitar nieve que firmó y colgó del techo en 1915; pero fue su 'Fuente' la que se convirtió en el máximo exponente del objeto 'ya hecho' —ready-made, en inglés— con el que pretendía bajar al arte de su nicho sagrado.

La provocación interminable

La pieza de R. Mutt dejó perplejos a los integrantes del jurado de la exposición anual de la Sociedad de Artistas Independientes, quienes ignoraban que el autor de aquella provocación era uno de sus pariguales —Duchamp formaba parte del jurado—. Rechazaron mostrar la obra a pesar de que con solo pagar seis dólares cualquier persona tenía derecho a exponer: era la forma en la que aquellos artistas independientes pretendían, al igual que el francés, desacralizar la función consagratoria de museos y exposiciones.

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Para Duchamp la pintura tradicional había agotado toda su capacidad expresiva hasta el exceso de su invalidación como disciplina artística. De ahí que sus 'ready-made' propusieran una lectura del arte que fuera ajena a las convenciones estéticas de belleza y de objeto de manufactura exclusiva; de ahí que transfiriera la condición de obra de arte a objetos fabricados en serie cuya 'belleza' o valor estético fuese resultado no de su génesis sino de su percepción. Con ello Duchamp despojó al arte de sus oropeles señoriales y le regresó su carácter lúdico al convertir al espectador en copartícipe de la aventura de la creación. "Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros", sostenía.

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En el año 2004, en una encuesta para promocionar el Premio Turner —que otorga desde 1984 la Galería Tate de Londres a un artista británico menor de 50 años—, unos quinientos críticos y artistas eligieron a 'Fuente' como "la obra de arte más influyente del siglo XX". Tan polémica como la pieza elegida, la encuesta, sin embargo, le hacía justicia a un 'ready-made' que rebasaba su condición factual para erigirse en vocero de una estética totalmente nueva por aquel solitario 'gesto' de un creador, una estética que se percibe —valga la transgresión etimológica— a través del intelecto, no a través de los sentidos. "Estoy interesado en las ideas, no simplemente en productos visuales", dijo alguna vez Duchamp.

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Aquel gesto 'duchampiano' avivó el frenesí creativo de las artes visuales del siglo XX —y de lo que va de la presente centuria—. Por la inclusión de materiales ajenos a la plástica tradicional para crear una vivencia sensorial nueva, la 'Fuente' de Duchamp es precursora de las 'instalaciones' que marcan al arte contemporáneo; por su carácter provocador se adelanta asimismo a lo que años después el 'performance' convertiría en una de sus señas identitarias; por hacer que la idea tras la obra resulte más importante que la obra misma —al punto que hasta hoy se habla de 'Fuente' sin necesidad de verla— se le puede considerar el venero del que bebió el 'arte conceptual'; igualmente, por su negación del arte como imitación de la naturaleza, por su enajenación de las instituciones artísticas tradicionales —de museos y salones y hasta del propio mercado el arte— se le puede inscribir en los reclamos estéticos del 'Ars gratia artis' o 'arte por el arte', en español. La huella de 'Fuente' se puede rastrear incluso más allá de las fronteras de las artes visuales. Su desaparición de la materia plástica tradicional fue un presagio de lo que años después haría Samuel Beckett en su tragicomedia 'Esperando a Godot': borrar de la escena la acción teatral; o de toda la experimentación literaria del siglo XX, de James Joyce a Georges Pérec.

Lo que sobrevino después en la historia del arte es un capítulo cargado de seducción y desprecio a partes iguales. Sin embargo, para quienes derivan de la polvareda estética levantada por Duchamp el lodazal de ciertas manifestaciones plásticas contemporáneas cabe señalar que las imposturas intelectuales no son exclusivas del arte y que no procede establecer relaciones reprobatorias de causa y efecto entre ambos fenómenos, de la misma forma que nadie condenaría a la Aritmética —derivación de las Matemáticas— por las aberraciones de la Numerología.

La 'Fuente' de la discordia

Se ha dicho que 'Fuente' es realmente una creación de Elsa von Freytag-Loringhoven, una poeta y pintora alemana conocida como 'la Baronesa Dadá' por el título nobiliario que heredó al enviudar y por sus excentricidades como creadora. La creencia parte de una carta de Duchamp a su hermana Suzanne, fechada el 11 de abril de 1917, en la que refiere que una de sus amigas "bajo un seudónimo masculino, Richard Mutt, me ha enviado un urinario de porcelana como si fuese una escultura".

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Si para algunos especialista como Julian Spalding, exdirector de museos de Glasow, ello "cambiaría totalmente la ortodoxia del mundo del arte […], y el valor de las obras y las reputaciones de muchos de los nombres más famosos del arte contemporáneo reasignados", la realidad es que sería hacerle poco favor a la revolución que para el arte significó 'Fuente' auscultándola con el tradicional concepto del artista como demiurgo que su propia existencia dinamitaba. Más allá de que pudiera señalársele como anticipación del discurso apropiatorio y referencial que marcaría a buena parte de las artes visuales posteriores, lo que ha hecho trascender al mingitorio de Duchamp en la historia del arte es el 'gesto' de su (re)presentación y todo el andamiaje ideoestético que lo sustenta. Después de todo, como anunciaría años más tarde el semiólogo y filósofo francés Roland Barthes, "el nacimiento del lector —y del espectador— se paga con la muerte del Autor (Creador)".


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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