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De Chukotka a La Habana por amor

© Foto : Natasha VázquezLiudmila Kondakova
Liudmila Kondakova - Sputnik Mundo
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Cuando la pequeña Liudmila Kondakova jugaba entre la nieve casi eterna de su natal Chukotka, en el mismo estrecho de Bering, no podía imaginar que un día atravesaría el mundo entero para ir a parar en una pequeña isla de permanente verano.

El amor la trajo al Caribe y la hizo quedarse desde hace más de 45 años en La Habana. Y aunque se ha casado dos veces, Liuda —como la conocen sus amigos— conserva su apellido ruso.

No obstante, hubo un tiempo en el que casi lo perdió. Fue en su matrimonio con Noel Nicola, reconocido músico cubano, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

"Me decían entonces Liudmila de Nicola", rememora ahora al contarnos en primera persona parte de su historia en exclusiva para Sputnik:

"Yo pasé toda mi infancia en Chukotka, entre montañas de nieve, esquiando, patinando, con un verano bastante corto. Tal vez por eso recuerdo tan bien la primera vez que oí hablar de Cuba, un lugar que para mí era de ensueño.

Estábamos de vacaciones en casa de mi tía en Moscú cuando Fidel Castro vino a la URSS, en el 60 o 61. La gente salió a la calle espontáneamente a verlo, y mi mamá entre ellos, se quedó encantada con él; 'qué hombre, qué barba', decía.

Cuando, años después, le dije que me iba para Cuba con un cubano, lo aceptó porque era de donde era Fidel. Y eso que ella era una mujer sobreprotectora que solo nos dejó estudiar en Moscú en la universidad cuando mi hermana y yo fuimos juntas. Estudié ingeniería química y ahí fue donde conocí a varios cubanos, entre ellos a Antonio, el papá de Antón.

En esos tiempos de estudiante, en los setentas, Cuba provocaba tanto amor que hasta le cantábamos canciones, como 'Cuba liubov maya' (Cuba mi amor) y yo estaba orgullosa de ser amiga de los cubanos.

© Foto : Natasha VázquezLiudmila Kondakova con su hijo
Liudmila Kondakova con su hijo - Sputnik Mundo
Liudmila Kondakova con su hijo

Llegué a Cuba al terminar la universidad, en 1978, cuando nació el niño. Al principio me chocó todo, el cambio de cultura, idiosincrasia, todo. Al año de estar acá me divorcié del papá del niño, y seguí trabajando en un centro de investigación. No se me ocurrió regresar en ese momento a Rusia por la enfermedad de mi hijo, que es hemofílico y aquí tenía mejores condiciones para su tratamiento. Yo decidí quedarme en Cuba por el sistema de salud, porque la atención para los niños era especial, mi hijo no se quejaba cuando había que ir al hospital, se iba feliz.

Poco después, en 1982, conocí a Noel en unas tertulias, y él me ayudó a hacer varias gestiones para viajar a Rusia. Me fui de vacaciones, y al regresar tuve que ir directamente del avión al hospital por mi hijo. Pero mi suegra, con quien vivía aún, me dijo que me había llamado un tal Noel. Él se acordó del día en que debía llegar yo, y así empezamos la relación. Al principio del periodo especial, en la época de mayor crisis, nosotros nos casamos.

Noel tenía una muy buena relación con mi hijo y cuando empezamos a salir me pidió que fuera a vivir con él, 'si nos va bien, ok y si nos va mal, pues te quedas con la casa, lo único que tienes que guardarme es la correspondencia', dijo. Él se incorporó, él quería tener una familia y esa fue su familia, yo y ese muchachito enfermo, y él nos apoyó en todo.

Yo seguí mi trabajo como ingeniera, y él estaba encantado con mi independencia. No me integré mucho a su mundo, pero empecé a conocer a sus amigos. Músicos y otros artistas, como Silvio Rodríguez, Ireno y Jorge García, Vicente y Santiago Feliú, frecuentaban nuestra casa.
Estuvimos casados 18 años, hasta su muerte, que parece que fue ayer. En la vida era tierno, terco, paciente y muy perfeccionista, el más o menos no existía para él, tenía que ser perfecto.

Yo quedé devastada con la muerte de Noel. Con él yo me sentía protegida. Sus amigos me apoyaron mucho. Ellos y el trabajo fue lo que me sacaron de ese bache.

Noel siempre jugaba a traducir y me animaba a eso. Tras su muerte, Silvio [Rodríguez] me llamó y me preguntó si yo quería traducir. Desde 2007 trabajo en el ESTI, —Equipo de Servicios de Traductores e Intérpretes—. Aquí he hecho trabajos importantes, traducciones de documentos oficiales, de escritos de Fidel. Y es un oficio que disfruto, un oficio lindo, que encanta, yo vengo todos los días, y aunque me puedo jubilar, no lo pienso.

© Foto : Natasha VázquezLiudmila Kondakova y Silvio Rodríguez
Liudmila Kondakova y Silvio Rodríguez - Sputnik Mundo
Liudmila Kondakova y Silvio Rodríguez

Aún tengo familia en Moscú y en Bielorrusia. He ido a Rusia, aunque no con la frecuencia que quisiera pues mi salario no me lo permite. Cuando voy me tratan muy bien, me quieren mucho, pero yo echo de menos mi casa en La Habana.

Rusia es mi patria, representa la fortaleza, yo estoy orgullosa de ser rusa. Cuba es mi segunda casa, amo a los cubanos y estoy feliz aquí. Soy una persona con suerte, por vivir en esta isla, conocida en todo el mundo, y por casarme con Noel, una personalidad de este país. Mi hijo a pesar de la enfermedad pudo vivir y desempeñarse bien, en gran medida gracias a Noel. Hoy es abogado, trabaja en el cardiocentro infantil. Tengo una nieta preciosa. ¿Qué más puedo pedir con esta hermosa familia ruso-cubana?".

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