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Hiroshima y Nagasaki, ¿matar para salvar?

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Tratar de justificar el exterminio de centenares de miles de japoneses con el presunto desvelo norteamericano de salvar a otros japoneses de la ocupación soviética es amoral y ridículo.

Centenares de miles de víctimas, unas fulminadas al instante y otras condenadas a décadas de agonía, sirvieron para que en el 70 aniversario del holocausto de Hirosima y Nagasaki alguien haga cigüeñas blancas en recuerdo de aquellas personas, alguien exija que EEUU pida perdón al Japón por aquella barbarie, otros se manifiesten contra la guerra, pero no para que también haya quien le diga hoy  que aquellas dos bombas… salvaron a los japoneses de la ocupación soviética.

EEUU arrojó las bombas nucleares sobre Japón para presionar a la URSS - Sputnik Mundo
EEUU arrojó las bombas nucleares sobre Japón para presionar a la URSS

Un artículo, aparecido estos días en la revista “Foreign Policy” (Did Hiroshima Save Japan From Soviet Occupation?) afirma que el líder soviético, Iósif Stalin, renunció a la idea de ocupar la isla nipona de Jokkaido no por miedo a las bombas atómicas, sino por no querer estropear las relaciones con su aliado norteamericano.

No obstante, hasta en Japón hay quien sigue pensando que Stalin “se acobardó”.

“El hecho de que al final Stalin renunciara a la idea de ocupar la isla no se debe a sus buenos sentimientos hacia Japón, sino al gran miedo que sentía entonces ante América”, dijo a Sputnik el politólogo nipón, profesor Aoyama Hakamada.

Según él, “la causa principal de la renuncia a ocupar Japón o de ponerla bajo control de la URSS fue el miedo a una confrontación bélica con EEUU”.

¿Realmente tenía Stalin miedo a los norteamericanos?

Una cosa es juzgar sobre la II Guerra Mundial por las películas de Hollywood y otra la realidad histórica.

Nagasaki después de la explosión atómica - Sputnik Mundo
EEUU todavía no pide perdón por las bombas atómicas

Y la realidad histórica es que, incluso si para fines de agosto los expertos soviéticos tenían idea sobre la potencia real de las bombas atómicas norteamericanas, que por cierto en aquel momento había empelado las dos que tenía y no disponía de ninguna más, EEUU carecía de una manera segura de llevarlas hasta objetivos en territorio soviético.

A bordo de la pesada, lenta y vulnerable ‘fortaleza volante’ B-29 era prácticamente imposible, pues para agosto de 1945 la URSS disponía de una potente aviación, pilotada por ases forjados en los cielos de Europa que para entonces habían convalidado su maestría también sobre Manchuria.

En cuanto al “poderío” del Ejército de Estados Unidos, en la URSS no le tenían tanta estima, como opinan algunos expertos occidentales y orientales formados ante las pantallas de Hollywood.

En la URSS aún estaba fresco el recuerdo de diciembre de 1944, cuando las tropas soviéticas, agotadas por la ofensiva, se vieron obligadas a retomar la ofensiva para salvar de la inminente derrota en las Ardenas a sus aliados norteamericanos y británicos.

Bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki - Sputnik Mundo
Bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki

¿Podían las tropas que flojearon ante una Wermacht ya herida de muerte asustar a los soldados que acababan de recorrer el camino desde Stalingado a Berlín, de derrotar en una operación relámpago el ejército de Kwantung, el más potente y numeroso del Imperio Japonés?

Como resultado de doce días de combates, de los casi 1,4 millones de efectivos japoneses, 84.000 perdieron la vida y más de 600.000 cayeron prisioneros, mientras que las bajas del Ejército soviético fueron de unos 12.000 hombres.

A juicio del historiador ruso y profesor Dmitri Streltsov, “Stalin demandó que las tropas soviéticas participaran en la ocupación de las islas Kuriles y de Hokkaido”. En su respuesta, el presidente Harry Truman apoyó el desembarco soviético en las islas Kuriles, pero se manifestó categóricamente en contra de su presencia en Hokkaido.

“El tema quedó cerrado, sin malentendido alguno entre los aliados”, destaca Streltsov.

En su opinión, “de lo que se trataba es de consolidar definitivamente el derecho de la URSS a las islas Kuriles”, pues “Stalin no se tomaba en serio la posibilidad de apoderarse de parte de Hokkaido”.

“Hasta donde yo sé, para el momento de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki la suerte de Hokkaido no se había planteado”.

El intercambio de mensajes de Stalin y Truman demuestra que la suerte de la isla se decidió a mediados de agosto y “el bombardeo atómico nada tuvo que ver”, pues “para entonces aún se desconocían en plena medida sus capacidades destructivas”.

Los típicos argumentos a favor del empleo de las bombas nucleares consisten en que EEUU necesitaba castigar a Japón por la derrota de Pearl Harbor, salvar las vidas decenas de miles de soldados que caerían en la invasión de las islas, también por supuesto, el chantaje atómico contra Moscú que marcó la voz cantante en la “guerra fría” que ya se avecinaba y, claro está, las aspiraciones de Washington a un papel especial en el arreglo posbélico del mundo.

A 70 años del ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki - Sputnik Mundo
A 70 años del ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki

Resulta ridículo y amoral intentar justificar el asesinato de centenares de miles de japoneses con el presunto anhelo de salvar a otros japoneses de la ocupación por su aliado soviético.

Las dos armas más mortíferas que jamás se emplearan contra el ser humano fueron lanzadas contra dos ciudades indefensas y carentes de importancia militar, con el exclusivo fin de matar a la población civil para aterrorizar al mundo entero.

El asesinato de civiles para provocar terror se llama terrorismo, el exterminio de civiles durante una contienda se llama crimen de guerra.
Y a todas luces resulta ridículo y amoral intentar justificar el asesinato de centenares de miles de japoneses con el presunto desvelo norteamericano de salvar a otros japoneses de la ocupación por su aliado soviético.

 

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