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Poniatowska: "El papel de los periodistas es indignarse"

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La escritora y periodista Elena Poniatowska, La Princesa Roja, Poni al decir de Carlos Fuentes y otros amigos, sigue a sus ochenta y dos años dando batalla en los campos de la literatura.

La escritora y periodista Elena Poniatowska, La Princesa Roja, Poni al decir de Carlos Fuentes y otros amigos, sigue a sus ochenta y dos años dando batalla en los campos de la literatura.

Premio Cervantes, autora de más de cincuenta libros, no va de intelectual orgánica ni olvida que aprendió su oficio tomando notas en los callejones.

Aunque sabe del hechizo del poder y ha conocido a presidentes y banqueros la suya es una prosa nacida entre mariachis y estudiantes, campesinos de blanco cementerio e indígenas olvidados.

Una escritura de compromiso, signifique lo que signifique ya esa palabra. De maestros como Octavio Paz y María Zambrano conserva el gusto por las palabras y la curiosidad intelectual, y de la lavandera Josefina Bórquez, que le inspiró su primera novela, "Hasta no verte Jesús Mío", el canto bronco y abismado del México nitroglicerina, el de las rancheras de José Alfredo, el pulque que apacigua miedos y el orgullo irredento en un retablo de los horrores.

Invitada por el Instituto Cervantes de Nueva York para participar en un coloquio, Poniatowska ha charlado con RIA Nóvosti para explicar la situación de su país. Si es que alguien, a estas alturas, comprende ya la necrosis del miedo y el espanto cotidiano de un México desangrado.

"En México", explica, "el papel de los periodistas es indignarse contra la corrupción y la desigualdad social".

Tras aclarar que estuvo a punto de suspender su viaje a EE.UU. desolada por los últimos acontecimientos, comenta que en México "tenemos periodistas valientes, pero también muchos muy conformistas".

"Está la revista Proceso, satanizada, y el periódico La Jornada, y poco más", lamenta, "pelean contra viento y marea, y además en un país donde nadie lee, con unos índices de analfabetismo terribles", sentencia.

Nacida en Francia, en 1932, Poniatowska llegó "a México cuando tenía diez años, en un barco lleno de refugiados españoles, que se llamaba El Marqués de Comillas, junto a mi madre y mi hermana".

Destaca que "el país me llamó muchísimo la atención, aprendí español como aprenden los niños, que ni siquiera se dan cuenta; el cambio me impresionó mucho", recuerda.

Continúa, "empecé a ver a gente descalza, mujeres que se tapaban el rostro o que se repegaban a la pared para que uno no las viera, imagino que esa fue la base para que me interesara por gente muy distinta en principio a mí o a mi familia, otro mundo, uno que me jaló muchísimo", señala.

No sobreactúa en el luto aunque la pena sea corrosiva. Mirando de frente, sin despeinar la sonrisa, comenta que está "desolada por la situación, y avergonzada, me duele México, de una forma terrible, podría ponerme a llorar".

Respecto a los últimos sucesos en su país, comenta "no es la primera matanza, pero ha sido espantoso comprobar como tras la última empezaron a buscar fosas clandestinas y encontraron huesos que nadie sospechaba, México se ha convertido en un inmenso cementerio, la vergüenza para cualquier mexicano es inmensa".

"Encima", añade, "siempre les toca a los más pobres, los últimos asesinados, que han conmocionado al país, eran 43 estudiantes normalistas, cuya única posibilidad en la vida era ser maestro normalista, bilingüe, trabajando con los idiomas de los indígenas".

"Estaban en una escuela muy deficiente, muy pobre, sin lujos de ningún tipo, y de repente la esposa del alcalde, María de los Ángeles Abarca, pensó que podían echar a perder su acto político, y siendo ella familia de narcotraficantes dio la orden para que se los llevaran", relata indignada.

"Los estudiantes iban a "botear". ¿Sabe usted lo que es eso? Agarras un bote, le haces una ranura y sales a pedir dinero para financiar tus actividades", explica.

"Si vieras las habitaciones de esos muchachos no podrías creer la pobreza en la que vivían, con cartones en el suelo, se trata de una situación de pobreza que uno, en Nueva York, ni se imagina, aquí también ves pobres, pero es la pobreza de la decadencia, alguien que se dejó ir, pero allá no, allá son millones que nunca van a tener oportunidades", reivindica.

Hablamos del narcotráfico en México, cuya metástasis resulta imparable. Poniatowska asiente y luego añade que "sí, está el narcotráfico, sin olvidar que nosotros sembramos la amapola, la marihuana, pero Estados Unidos las consume".

"Y luego está la corrupción gubernamental: la corrupción y la impunidad que vienen de muy atrás, y son inmensas, esta se da además en todos los partidos políticos, porque incluso los de izquierda están mezclados. Un desastre".

¿Y la esperanza? ¿Hay posibilidad de que algo mejore, de cambios? "Necesitamos que no mueran los movimientos estudiantiles, que no se dispersen las marchas multitudinarias, que no han roto nada".

Esperanzada, continúa, "los veo muy dispuestos a organizarse y cambiar las cosas, México es extraordinario a pesar de todo lo que le sucede, un país con una enorme fuerza".

Antes de despedirnos hay tiempo para una última pregunta, para hablar de los cambios políticos y sociales operados en Hispanoamérica en estos últimos años, al seísmo que ha sacudido las viejas repúblicas, "Por ejemplo en Bolivia, con el presidente indígena, Evo Morales".

¿Y qué opina cuando desde Europa y Estados Unidos se describe a algunos de esos gobernantes como populistas? "A mí no me importa nada el populismo, lo que me importa es que la gente no muera, que no la asesinen y que los niños puedan vivir", concluye.

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