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Denís Pushilin: El arquitecto que construyó la República de Donetsk

© RIA Novosti . Mikhail Voskresenskiy / Abrir banco de fotosDenís Pushilin
Denís Pushilin - Sputnik Mundo
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Semblanza de Denís Publishin, copresidente de la República Popular de Donetsk.

“Jamás imaginé que acabaría residiendo en la Lu-Na”, comentaba en privado un observador internacional hace unos días, haciendo un juego de palabras: “Lu” (de Lugansk) y “Na” (de 'Narodnaya', que significa 'popular'). A unos cientos de metros de su ventana se acababa de declarar la República Popular de Lugansk. Al igual que Donetsk, ha proclamado su independencia. Ambas repúblicas han comenzado las negociaciones para unirse bajo un mismo estado. Y sus perspectivas de futuro cambian tanto como las fases de la luna: guerra civil, independencia, federalismo, anexión o estancamiento prolongado. La comunidad internacional tiene sus ojos clavados en este territorio, y en un nombre en especial: Denis Pushilin. 
Es difícil adivinar quién mandará en el este de Ucrania dentro de un año: Kiev, Moscú o una especie de estado escindido llamado Novorossía (Nueva Rusia). En esa construcción nacional hay un hombre que ha sido necesario hasta la fecha, aunque todavía ha de demostrar su utilidad. Denís Pushilin, de 33 años y copresidente de la República Popular de Donetsk, se enfrenta a partir de ahora a una tarea más dura que ocupar edificios gubernamentales y organizar una consulta.

La República Popular de Donetsk ha podido declararse independiente sobre el papel. Pero en la práctica, al igual que Lugansk, tendrá que hacerse cargo de las pensiones y salarios públicos de la zona. Y, un día, decidir sobre la futura moneda: “Seguiremos usando la grivna de momento pero es inevitable el cambio a otra moneda en el futuro”, dice Denis Pushilin, estudiante frustrado de la carrera de Economía y ahora en la lista de sancionados por EEUU.

Para que la región –que ahora carga con la losa que los enfrentamientos han supuesto para la actividad económica– pueda remontar el vuelo, es fundamental que no haya discontinuidad en la íntima relación que mantiene allí la industria con la economía rusa y con otros países de la unión aduanera como Bielorrusia o Kazajstán. “Romper los lazos con ellos sería absurdo”, dice Pushilin, que hasta 2000 sirvió en la Guardia Nacional de Ucrania y se graduó en la Academia de Ingeniería Civil y Arquitectura.

En contra de lo que sostiene EEUU, los hombres armados que han abierto camino al proceso soberanista no son soldados rusos. Hay desertores de las fuerzas de seguridad, mercenarios y nacionalistas a los que no se puede desarmar con una llamada de teléfono. El proceso de desactivar a los indomables e integrar a los que quieran colaborar en el nuevo escenario político puede durar años. Y eso por no hablar de las interferencias de Kiev en este proceso y de la variedad étnica que se puede encontrar si salimos de las ciudades industriales y nos adentramos en el ámbito rural. Unificar todo ello bajo una misma bandera requerirá carisma y entendimiento.

Al preguntarle si existe riesgo de una guerra civil, Pushilin menea la cabeza con cara de incomprensión: “Ya hay una guerra en nuestro territorio”. El enemigo se llama Kiev y, según explica Pushilin a un grupo de periodistas, ha de retirar a sus soldados cuanto antes. “Si no se pasan a nuestro bando serán considerados fuerzas de ocupación”, insiste.

Pushilin sabe que su mayor activo ahora son los resultados del referendo del domingo sobre la autodeterminación de la República Popular de Donetsk, donde el 89,7% de los electores votó a favor de la independencia de esta provincia. Esto le sirvió para anunciar la soberanía de la república y dirigirse a la Federación Rusa con la petición de que consideren la integración del territorio en sus fronteras.  A Pushilin le gustaría que lo que han expresado con el voto sus ciudadanos –que quieren vivir en un territorio soberano– fuese rubricado por alguna instancia internacional como la ONU, “pero conocemos la posición de Occidente respecto a nosotros, así que no tenemos muchas esperanzas”.

Su plan, dice, es 'arremangarse' y poner a la nueva entidad que encabeza a trabajar dejando al lado las armas, incluidas las de los suyos. Necesita paz, actividad económica y un reconocimiento del territorio que quiere gobernar, un estatus más allá de estas bromas lunares. Salirse de este camino significará convertir estas regiones en un páramo, donde sólo el crimen florecerá con el permiso de los caudillos del crimen. Un terreno minado para este arquitecto, que quiere forjar el estado más joven de Europa.

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