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La invasión de Irak: diez años de un ensayo militar

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La guerra de Irak empezó en la noche del 20 de marzo de 2003 con la operación bautizada 'Libertad iraquí'. Hoy, diez años después, la 'guerra-relámpago' de los estadounidenses contra el régimen de Sadam Hussein requiere un estudio detallado.

La guerra de Irak empezó en la noche del 20 de marzo de 2003 con la operación bautizada 'Libertad iraquí'.

Hoy, diez años después, la 'guerra-relámpago' de los estadounidenses contra el régimen de Sadam Hussein requiere un estudio detallado. ¿Por qué el ejército iraquí no pudo oponer una resistencia notable? ¿Tenía alguna posibilidad?

Los antecedentes políticos de la guerra de Irak no tienen ahora especial interés. La búsqueda estéril de armas de exterminio masivo y los escándalos diplomáticos saltaban a los titulares antes y después de la guerra dando lugar a fórmulas estereotipadas como 'la guerra petrolera' y otras.

Aquí nos interesa otra cosa: no el porqué de la invasión de Irak sino el porqué de su fulminante fracaso: en dos semanas las tropas estadounidenses se encontraban a las puertas de Bagdad tras haber derrotado al grueso del ejército iraquí.

Una 'Tormenta del Desierto' a la inversa

Esta vez EEUU decidió actuar de forma contraria, tanto que parece intencionada, a lo que hizo en 1991 durante la operación 'Tormenta del Desierto' contra Irak en respuesta a la invasión y anexión iraquí del Estado de Kuwait.

En 1991 la operación terrestre fue precedida por un prolongado ataque aéreo, del 17 al 23 de febrero. Esta vez, los bombardeos en vísperas de la invasión fueron puntuales y se llevaron a cabo unas horas antes de la misma. La auténtica guerra aérea, en cambio, empezó después de la entrada de la infantería estadounidense en Irak.

En 1991 las fuerzas multinacionales tuvieron seis meses para prepararse a fondo para la operación. En 2003 los estadounidenses iniciaron la guerra despreciando las reglas más elementales del arte militar: entraron en combate sin terminar de desplegar todas las unidades.

Por ejemplo, la 4ª División de Infantería, que tenía que tomar parte en la invasión encabezando un avance desde Turquía hacia el norte de Irak, no pudo ser desplegada a tiempo para el comienzo de la operación ya que la Asamblea Nacional de Turquía rechazó conceder la autorización necesaria. El ataque estadounidense fue tan inesperado que muchos pensaban hasta el ultimo momento que se aplazaría para finales de otoño.

¿El aplomo? ¿El triunfalismo? ¿La osadía? ¿La aventura? ¿El cálculo? Todo junto. Así es la guerra moderna que no se declara ni se termina, la empiezan y la finalizan por sorpresa y cuanto más corta es, mejor.

Aún así, Bagdad  se había preparado para un eventual ataque intentando evitar los errores de 1991. Entonces se procedió a fortificar la frontera Kuwait-Arabia Saudí e Irak-Arabia Saudí, pero la subestimación del ejército estadounidense fue la causa de una derrota aplastante de los iraquíes en el sur.

Esta vez las fuerzas principales de Irak se concentraron alrededor de las ciudades más importantes del país, en lugar de a lo largo de las fronteras, ya que el principal objetivo de Sadam Hussein era mantener el control sobre el interior el mayor tiempo posible.

Sin embargo, no se consiguió desplegar las tropas correctamente para cumplir con esta tarea. Y no fue porque los iraquíes estuvieran desorientados en cuanto al plan estadounidense de ataques. Fue porque la cadena de mando operativo, sobrecargada a causa de tantas estructuras militares paralelas (el Ejército, la Guardia Republicana, las milicias), entorpecía enormemente la coordinación de las operaciones.

Una abrumadora serie de derrotas mermaron terriblemente la moral de las fuerzas iraquíes. Empezaron las deserciones masivas de las tropas. Las unidades perdían la capacidad de combate, siendo desbaratadas una por una. La operación estadounidense estuvo lejos de ser perfecta pero resulta ridículo criticar los fallos puntuales cometidos durante la misma ante el colapso total del régimen de Bagdad.

Bagdad en tenazas

El plan de guerra estadounidense estaba determinado por la situación geográfica de Irak en la antigua Mesopotamia, la región entre los ríos Tigris y Éufrates. La ubicación de Bagdad sugería llevar a cabo un asalto de la ciudad desde ambas orillas del Tigris. El Pentágono optó por adoptar la táctica de tenaza, como Aníbal en la batalla de Cannas (216 a. C), considerado como uno de los más grandes eventos de táctica militar y la más grande derrota de la historia de Roma.

El objetivo estratégico de la primera etapa consistía en aplastar la resistencia iraquí en las fronteras y tomar las ciudades importantes del sur (Umm Qasr y Basora), tarea que terminó de cumplir el contingente británico para el 7 de abril.

Las fuerzas invasoras se dividieron en dos alas con su eje a lo largo del Éufrates. El ala izquierda formada por el V Cuerpo de Ejército tenía que avanzar hacia la capital de Irak por la ribera derecha del río, desde el sur. El ala derecha estaba formada por infantes de marina, en particular la 1ª División de Marines. Su misión consistía en apoderarse de puentes de importancia estratégica sobre el río Eufrates cerca de Nasiriya, cruzar el río y, tras cruzar también el Tigris, salir a Bagdad desde el Este.

El apoyo aéreo de la operación corría a cargo de un grupo formado por unos 1.800 aviones. Pero lo más interesante de la campaña ocurría en la tierra.

Nasiriya, la puerta a la capital

Al cuarto día de la operación, los marines iniciaron la marcha hacia la ciudad de Nasiriya en el noroeste, un punto clave de la defensa del sur del país. Aquella mañana tuvo lugar un caso, a la vez curioso y trágico, que influyó de forma decisiva en la evaluación de la defensa iraquí por parte de los estadounidenses.

El destacamento de la 507 Compañía de Mantenimiento del Ejército de Tierra (no de combate) cayó en una emboscada. Sucedió porque los estadounidenses se perdieron en las inmediaciones de Nasiriya y, en lugar de rodear la ciudad, la atravesaron.
Para que quede claro: una unidad de retaguardia (33 efectivos en 18 vehículos) cruzó toda una ciudad situada en la primera línea de frente y preparada para defenderse.

Ya a la salida de Nasiriya los oficiales de la 507 Compañía se dieron cuenta de que se habían confundido y no se les ocurrió nada mejor que dar una media vuelta para deshacer el camino. Y casi lo consiguen (los primeros vehículos de la columna, de hecho, lograron evitar la emboscada), pero para ese momento (había pasado ya una hora) el mando de las fuerzas iraquíes en Nasiriya empezó a sospechar que en su territorio pasaba algo raro.

Cuando los iraquíes por fin se dieron cuenta de lo ocurrido, atacaron la columna abatiendo a once soldados y capturando a siete más. Entre estos últimos se encontraba Jessica Lynch, de 19 años de edad. La soldado fue rescatada el 1 de abril y la historia de la joven estadounidense capturada adquirió fama a nivel internacional.

Para liberar a los efectivos de la 507 Compañía, que se quedaron bloqueados en una urbanización, los comandantes de los marines toma la decisión de asaltar la ciudad. Esto le costó al Regimiento de Marines 18 bajas, pero por la tarde del 23 de marzo las fuerzas estadounidenses cruzaron Nasiriya, haciendo la misma ruta que horas antes la desdichada Compañía 507. Entre el 25 y el 27 de marzo todo había acabado y Nasiriya pasó a manos de la coalición.

Una columna de 4.000 marines estadounidenses logró cruzar el río Éufrates tras librar combates callejeros en la ciudad, con lo que los aliados abrieron una nueva línea de avance hacia Bagdad.

El particular 'reconocimiento' efectuado por la Compañía 507 y los ataques de los marines terminaron de convencer al alto mando de EEUU de que la defensa de las ciudades en Irak estaba mal organizada, el número de efectivos en las guarniciones era insuficiente y tanto la competencia militar de los comandantes iraquíes como la preparación de los soldados eran escasas.

Las tenazas se cierran

Mientras tanto el ala izquierda continuaba su marcha hacia Bagdad casi sin obstáculos. Las unidades del la 3ª División de Infantería fueron relevadas por paracaidistas: los destacamentos de la 82.ª y 101.ª Divisiones Aerotransportadas cubrían las líneas de comunicación, demasiado alargadas en esta “guerra sin frente”.

La actitud de las tropas iraquíes no dejaba de sorprender. Aún cuando era posible dar un rodeo para atacar la retaguardia, los militares del ejército de Sadam preferían ataques frontales.

Los milicianos, mientras tanto, armados con ametralladoras y lanzagranadas, se desplazaban de manera caótica para asaltar los grupos de combate estadounidenses, sufriendo numerosas bajas inútiles que no ayudaban precisamente a levantar la moral en esta situación complicadísima para ellos.

La operaciones de las fuerzas invasoras en las ciudades de Najaf (entre 24 y 27 de marzo) y Kerbala (entre 2 y 3 de abril) pusieron de manifiesto la supremacía global de la maquina de guerra de EEUU. Los estadounidenses se podían permitir un orden de batalla flexible, dividiendo las brigadas en destacamentos que actuaban libremente dentro del plan general.

Esta táctica conducía, aparentemente, a la dispersión de fuerzas. Pero en realidad los estadounidenses, gracias a su total superioridad en el aire, sus medios de comunicación y sus servicios de inteligencia, mantenían la situación en la primera línea de combate bajo control, prefiriendo ataques inesperados por detrás de las líneas de la defensa enemiga.

El frente continuo de las guerras del siglo XX se desintegró derivando, desde el punto de vista profano, en una serie de enfrentamientos caóticos. Sin embargo, el nuevo modelo de guerra funcionó tan bien que muchos expertos siguen sosteniendo que la campaña de Irak en 2003 no era otra cosa que un simulacro militar del Ejército de EEUU, desarrollado para probar la doctrina militar de la 'guerra basada en red'. De una manera u otra, se pudo demostrar que el típico 'ejército del tercer mundo' es absolutamente incapaz de oponer resistencia alguna a una maquina de guerra como la estadounidense en un conflicto convencional (no nuclear).

La falta de iniciativa estratégica por parte de los iraquíes permitía a los estadounidenses determinar el momento y la dirección del próximo golpe e imponer sus propias reglas de combate.

Al impetuoso avance de las tropas invasoras contribuyó el hecho de que los militares del ejército de Sadam hubieran retirado las unidades preparadas de las guarniciones de las ciudades para utilizarlas en el campo de batalla. En general, hubo pocos episodios brillantes en esta guerra. Evan Wright, el reportero que acompañó al Primer Batallón de Reconocimiento de Marines durante el transcurso de las primeras incursiones en suelo iraquí, en su libro 'Generation Kill' (Generación asesina) supo plasmar esta rutina del día a día de una guerra moderna.

Los marines llegaron a Bagdad el 8 de abril. Llegaron tarde: el 3 de abril una avanzadilla de la Tercera División de Infantería de EEUU había entrado en el aeropuerto internacional Sadam Hussein, situado a diez kilómetros de la capital. La campaña de 2003 estaba en su fase final: empezaba la batalla de Bagdad.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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