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¿Hay esperanza de paz para Colombia?

© Foto : Vicky PeláezVicky Peláez
Vicky Peláez - Sputnik Mundo
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La liberación de los 10 secuestrados, de los cuales seis son policías y cuatro militares, por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la renuncia de esta organización al secuestro con fines de extorsión, son noticias que vislumbran la posibilidad del inicio de un diálogo y de la negociación política entre el gobierno y la guerrilla.

No hay camino para la paz, la paz es el camino (Mahatma Gandhi)

La liberación de los 10 secuestrados, de los cuales seis son policías y cuatro militares, por las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la renuncia de esta organización al secuestro con fines de extorsión, son noticias que vislumbran la posibilidad del inicio de un diálogo y de la negociación política entre el gobierno y la guerrilla.

Pero no va a ser nada fácil superar estos sangrientos 64 años de la guerra interna,  igual como  diferencias ideológicas. Todo indica que las FARC jamás van a desmantelar su organización mientras existan miles de  paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el bien ensamblado aparato represivo estatal que mantiene en sus cárceles unos 7,500 prisioneros políticos y de guerra.

Pero de esperanzas vive el hombre.

La experiencia de los años 1980, cuando durante los gobiernos de Belisario Betancourt (1982-1986) y Virgilio Barco Vargas (1986-1990) fue anunciado el “proceso de la paz’’, se convirtió en la tragedia para los guerrilleros de las FARC que decidieron dejar las armas y  adherirse a este proceso formando en 1985 un partido de  la izquierda con fines electorales  bajo el nombre de la Unión Patriótica (UP) junto con varios otros movimientos y partidos colombianos y entre ellos el Partido Comunista.

Pero la paz siempre ha sido una criatura furtiva en la historia de Colombia. El aparato represivo del Estado y los paramilitares a su disposición asesinaron a dos candidatos presidenciales de esta organización: Jaime Pardo Leal en 1987 y a Bernardo Jaramillo Ossa en 1990. El mismo destino corrieron ocho congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y unos 4,000 dirigentes de base, poniendo así el punto final a aquel ‘’proceso de paz’’ que inundó de sangre a Colombia. Los que dudan de eso tienen que ver el documental ‘’Memoria de los silenciados: El Baile Rojo”.

Otro movimiento insurgente, El Movimiento 19 de Abril (M-19) que surgió en 1970 tuvo un destino parecido después de entregar sus armas el 8 de Marzo de  1990 y convertirse en un partido político que se conoció como Alianza Democrática M-19. En un mes y medio su candidato a la presidencia Carlos Pizarro León Gómez fue asesinado dentro de un avión de pasajeros en pleno vuelo, al parecer por órdenes del servicio secreto de Estado (DAS). Miles de ex militantes del M-19 también fueron ultimados por los escuadrones de la muerte de Estado, los paramilitares o narcotraficantes. Así fue la historia de paz anunciada por el estado colombiano en los años 1980 y 1990.

Con estos antecedentes no hay mucho optimismo para una inmediata paz cuyo marco no está definido por el Estado colombiano. Recién en el Congreso están tramitando una reforma constitucional que facilite la incorporación de los líderes de las FARC y de los paramilitares a la vida civil y política.  En las actuales condiciones es una tarea muy difícil que requiere una verdadera voluntad del gobierno, de los guerrilleros,  de los paramilitares y de todo el pueblo cansado de la violencia, sangre  e injusticia. Los cinco millones de desplazados y los 16,907 secuestrados desaparecidos, según un informe del registro Nacional de Desaparecidos, son testimonios del sufrimiento de los habitantes de Colombia.

Tampoco ha sido muy promisoria la respuesta del gobierno de Juan Manuel Santos a este gesto de buena voluntad de las FARC de anunciar el fin de los secuestros y  liberar a los 10 militares y policías secuestrados. Dijo que valora esta iniciativa de la guerrilla pero considera que no es suficiente para comenzar un diálogo.

Remarcó  que ‘’es un paso que valoramos. Valoramos en su dimensión pero como lo dije también ayer, no es suficiente. Queremos unas muestras más fehacientes de su verdadera voluntad de terminar con el conflicto’’. Es decir que para el presidente Santos prácticamente no ha pasado nada y no cabe duda que en el próximo comunicado las FARC pedirán al gobierno  mostrar también su voluntad de paz que en este momento no muestra señales de la vida.

En el país, de acuerdo a la líder de la organización Mujeres por la Paz, Piedad Córdoba, existen 7.500 ‘’presos políticos’’ o ‘’prisioneros de guerra’’ que el gobierno no admite y cuyas condiciones humanitarias en la cárceles colombianas son completamente desconocidas ya que se les negaron todas las visitas de familiares. Muchos de ellos están condenados a 40 años de cárcel o más. Todas las promesas del gobierno de mostrar su buena voluntad permitiendo visitar presos políticos se los está llevando el viento y la llave de la paz, de la que habla frecuentemente el presidente Santos está bien resguardada en los cuarteles militares.

Desde que entró en vigencia el Plan Colombia  en el año 2000 suscrito por Colombia y los Estados Unidos, tanto el presidente Álvaro Uribe (2002-2010) como el actual presidente Juan Manuel Santos, que asumió el poder en 2010, descartaron el diálogo,  prefiriendo poner fin a la guerrilla por la vía militar. Y no hay que olvidar que la famosa política criminal de ’’falsos positivos’’ se instauró en Colombia cuando el actual presidente ocupaba el puesto del Ministro de Defensa. Fue escándalo mundial  cuando se descubrió que la policía, los paramilitares o los militares mataban a jóvenes e  inocentes campesinos en  lugares alejados y los vestían posteriormente con el uniforme de la guerrilla para recibir un incentivo financiero por cada supuesto guerrillero abatido. Varias fosas comunes con cadáveres de jóvenes disfrazados de guerrilleros, llegando hasta unos 2.000 cuerpos en una de ellas, son producto de aquella política.

El reciente anuncio de la llegada de mandos militares norteamericanos fogueados en los combates en Irak y Afganistán para apoyar la lucha contra las FARC no es ningún signo de paz sino un aviso de la continuidad de la guerra. Los asesores militares norteamericanos operan en Colombia desde 1952 y actualmente ocupan siete bases militares en los lugares más estratégicos de Colombia que les dan facilidad del control de prácticamente toda América Latina.

¿Y qué es lo que pueden enseñar a los militares colombianos o que “capital intelectual’’ pueden aportar a sus colegas colombianos que operan en la selva mientras que Afganistán e Irak están ubicados en las zonas montañosas o desérticas? Quizás cómo matar con más eficacia a los civiles y masacrar impunemente pueblos enteros. Los 100.000 iraquíes entre hombres, mujeres, niños y ancianos muertos son testimonio de este ‘’capital intelectual’’ del ejército norteamericano, como lo llamó el Jefe del estado Mayor Conjunto de EE.UU., general Martin Dempsey durante su reciente visita a Colombia.

El anuncio del presidente Juan Manuel Santos que coincidió con la visita del general Dempsey  de que acabará con la guerrilla en el 2014 lo dice todo y borra de un tajo lo que se llama la voluntad de la paz. Lo que no toma en cuenta el presidente Santos es la advertencia del filósofo Pierre Joseph Proudhon que alguna vez dijo que ‘’la paz obtenida con la punta de la espada no es más que tregua’’.

 

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