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Colombia: ansiosa de paz y dominada por la guerra

© Foto : Vicky PeláezVicky Peláez
Vicky Peláez - Sputnik Mundo
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Extraño es el mundo que habitamos. Quién hubiera pensado que a miles kilómetros de Moscú en el corazón de la selva colombiana el nuevo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño tenga el nombre de guerra “Timochenko” en honor de uno de los héroes soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, mariscal Timoshenko.

“Entre dos hombres iguales en fuerza, el más fuerte es el que tiene la razón” (Pitágoras de Samos).

Extraño es el mundo que habitamos. Quién hubiera pensado que a miles kilómetros de Moscú en el corazón de la selva colombiana el nuevo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño tenga el nombre de guerra “Timochenko” en honor de uno de los héroes soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, mariscal Timoshenko.

 Lo curioso también que este sobrenombre fue utilizado frecuentemente por la resistencia (partisanos) antifascistas italianos durante la guerra. Y hay más, en el norte de Italia en la ciudad Salsomaggiore, provincia Parma hay  un restaurant Timochenko y su plato favorito es una pizza llamada “Super Timochenko”.

Cuentan los habitantes de aquella ciudad que al iniciarse la Segunda Guerra Mundial muchos ciudadanos de Parma fueron llamados al ejército de Mussolini y posteriormente enviados al frente de  Rusia a la región de Rostov de Don. El invierno cruel quebró su voluntad y capacidad de combatir junto con los alemanes. Después de las primeras batallas se rindieron esperando ser fusilados, de acuerdo a la propaganda fascista, o enviados a Siberia a los campos de trabajo forzado. Sin embargo, les esperó otro destino. Cuentan que el mariscal Timoshenko ordenó  liberarlos, diciendo que los italianos siempre han sido amigos de Rusia. Los que regresaron a Italia jamás olvidaron aquel gesto bondadoso del  guerrero curtido en mil batallas. Por eso muchos que regresaron y se  integraron  en las filas de la resistencia italiana, adoptaron el nombre “Timochenko” como su seudónimo de guerra.

En América Latina, los que se decidieron por el camino de las armas para cambiar la dependencia y el subdesarrollo de sus países habían estudiado la experiencia de los partisanos en la segunda Guerra Mundial y posiblemente supieron del mariscal Timoshenko, de sus hazañas militares y su sensibilidad humana. Así surgió Rodrigo Londoño con el apodo Timochenko como un nuevo líder del movimiento guerrillero más viejo de América Latina, las FARC que tienen bajo su control casi la mitad del territorio colombiano cuya población se reparte en una geografía tropical y montañosa.

Sin embargo, a Rodrigo Londoño y a los miembros de las FARC les hace falta la razón y sensibilidad humana porque usan el secuestro indiscriminado de militares, policías, políticos, empresarios o simplemente hombres, mujeres y niños  como un método de lucha armada. Este método de utilizar a  escudoshumanos, no es la lucha armada por la igualdad y justicia social,  esto se llama TERRORISMO que no tiene ninguna justificación.

 Las FARC han tenido miles de rehenes en todos estos años y algunos de los secuestrados que están en su poder ya llevan más de 15 años en cautiverio. Con estas acciones se igualan en violencia con el Estado y los carteles de narcotráfico trayendo la muerte y desolación a su pueblo.
Precisamente la sensibilidad humana,  la fuerza de la razón y la lógica  de la paz son las que hacen falta en Colombia para terminar con la vorágine de una guerra interna  que comenzó prácticamente desde aquel abril de 1948 cuando el líder populista del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán Ayala fue asesinado en vísperas de las elecciones presidenciales que el iba a ganar con un amplio apoyo popular. El pueblo contestó con “El Bogotazo”  durante el cual  la capital  Bogotá quedó destruida y quemada. La violencia se expandió de la ciudad al campo enfrentándose las milicias de los gamonales y los ricos con las de los campesinos y de la clase obrera. Fue en aquella época cuando los primeros comandos de los boinas verdes norteamericanos hicieron su presencia en Colombia.

La intervención del ejército colombiano para eliminar focos rebeldes, que se inició al final de los años 1950, concertando sus acciones en la región de Marquetalia, Departamento de Tolima donde se formó una “República independiente”, llevó a la dirigencia del Partido Comunista a tomar la decisión de crear las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC –EP). Este proyecto se concretó entre 1958 a 1964 siendo un militante campesino Manuel Miranda Vélez (Tirofijo) nombrado su primer líder que dirigió la organización hasta su muerte en 2008.

Han pasado ya 63 años de violencia desde “El Bogotazo” con miles de muertes, desplazados, desaparecidos y torturados donde el Estado, los carteles de narcotráfico y las FARC  compiten por el poder sin tomar en cuenta la voluntad de la mayoría de los colombianos de alcanzar la paz y perder miedo a la muerte. En este tiempo los mejores hombres de Colombia fueron asesinados. Las balas de Estado se encargaron de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, del ex líder del movimiento guerrillero  M – 19 Carlos Pizarro  en 1990 quien creyó en la posibilidad de la paz que firmó con el gobierno e hizo desmantelar su organización, siguiendo el mismo destino los más destacados líderes y militantes de su organización. El narcotráfico a la vez sentenció a la muerte en 1995 a un líder conservador Álvaro Gómez.

Las listas de los asesinados por las FARC son también infinitas aunque los ofrecimientos del diálogo son cada más frecuentes por parte de esta organización. Pero el gobierno desde que firmó el Plan Colombia con los Estados Unidos en 1999 no dejó ninguna posibilidad lógica para iniciar el diálogo con los guerrilleros llamados terroristas por el Estado que,  igual como su patrocinador, jamás dialogará con los ‘terroristas”. La trágica y frustrada reciente operación de rescate de los  uniformados   en manos de las FARC por el ejército en momentos cuando la organización estaba mostrando la voluntad de liberarlos, no ayuda a la paz sino a mayor violencia.

 Nadie sabe detalles de la muerte de hace dos semanas de los cuatro rehenes pues la prensa oficial siempre está con el gobierno encubriendo a más de 5.000 casos de “falsos positivos” desde 1999 (jóvenes inocentes asesinados por los paramilitares o el ejército y vestidos después sus cadáveres en el uniforme guerrillero), 6.000 desaparecidos, ocultando la existencia de 7.500 presos políticos y más de cinco millones de desplazados en el país donde a los campesinos se les arrebató seis millones de hectáreas de tierra. Todo esto está sucediendo en Colombia donde casi la mitad de la población, unos 20 millones del total de 44 millones, vive en la pobreza, mientras el Estado mantiene uno de los  ejércitos más grandes de América Latina, siguiendo los planes de Pentágono que ya ha instalado sus siete bases militares.

El gobierno no tiene la voluntad del diálogo sino la de exterminar a los “terroristas” cueste lo que cueste sin tomar en cuenta la vida de los secuestrados. En estas condiciones es hora para que el actual líder de las FARC “Timochenko” se acuerde de aquel gesto humano nunca olvidado por los prisioneros italianos del mariscal Timoshenko al liberar a los capturados. Dijo alguna vez el compositor Beethoven que “el único símbolo de la superioridad que conozco es la bondad”.       

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