François Hollande como alternativa a Sarkozy a la presidencia de Francia

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Francia ya tiene claro quién será el principal rival de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales que se celebrarán entre el 22 de abril y el 5 de mayo de 2012. Es el ex líder del Partido Socialista francés, François Hollande, que intentará sustituir al presidente actual en el palacio de los Campos Elíseos.

Francia ya tiene claro quién será el principal rival de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales que se celebrarán entre el 22 de abril y el 5 de mayo de 2012. Es el ex líder del Partido Socialista francés, François Hollande, que intentará sustituir al presidente actual en el palacio de los Campos Elíseos.

Y Hollande, tiene todas las posibilidades de librar a los franceses del “fenómeno Sarkozy” que ya los tiene agotados.

La candidatura de Hollande quedó aprobada tras las primeras en la historia del país elecciones primarias el pasado 16 de octubre. Las primarias inéditas, un sistema de comicios copiado a Estados Unidos, movilizó 2,6 millones de votantes en la primera vuelta y casi a 3 millones en la segunda.

No todos los que acudieron a las mesas electorales son socialistas: el número de votantes supera diez veces el de los militantes del partido. El hecho en sí pone de manifiesto que Francia anhela un cambio de gobierno.

Sarkozy debería andar con cuidado: según los últimos sondeos de opinión pública, actualmente los índices de su popularidad son muy bajos. Tan sólo entre el 28 y 30% de los ciudadanos apoyan al hiperactivo, hiperambicioso, hiperarrogante e hiperpresumido Sarkó, como le llaman los franceses. Mientras entre el 68 y 70% expresan descontento con su gestión. Si los comicios se celebraran mañana, pasado mañana Hollande entraría en el palacio presidencial.

De producirse, este cambio representará un acontecimiento histórico. Durante la Quinta República francesa, fundada por general De Gaulle en 1958, sólo hubo un presidente socialista - François Mitterand (1981-88).

Francia busca la normalidad

Lo más asombroso es que no se puede decir mucho de François Hollande, y fuera de Francia su nombre apenas se conoce.
Si al elegir su presidente los franceses se guiaran por la imagen, energía y temperamento del candidato, el pobre de Hollande sería el último.
En comparación con el actual presidente en Francia se debería decir: “el día y la noche” o “el hielo y el fuego”
No obstante, ésta quizás sea la mayor ventaja del nuevo candidato a la presidencia. Después de todo, el país no puede seguir viviendo en la constante agitación que causa su hipersensible presidente.

Con Hollande, hijo de otorringolaringólogo y trabajadora social, todo será diferente. Los franceses ya le apodaron de L’Homme Tranquille (Hombre Tranquilo) y Monsieur Ordinaire (Señor Ordinario). Por lo visto Francia realmente quiere algo normal después de numerosas extravagancias del pequeño Bonaparte, Nicolas Sarkozy.

El candidato socialista es, por cierto, sólo 2,5 cm más alto que el actual presidente (corren rumores que su estatura es de 162,5 cm) y afirma que es una ventaja ya que los bajitos son difíciles de tumbar.

El parentesco socialista

Casi toda su vida política Hollande, adicto al trabajo, se encontraba bajo la sombra de alguien. Parecía que estuviera condenado a ser siempre el segundo, cargar con todo el trabajo (sea en el partido o en el parlamento) para que otros cosechen el éxito.

Hasta el año 2008 encabezó el Partido Socialista, ahora es diputado de la Asamblea Nacional (cámara baja del parlamento francés) y alcalde de la ciudad de Tulle, capital del departamento de Corrèze.

Hasta 2007 Hollande estuvo bajo la sombra de Ségolène Royal, su pareja, que aquel año se presentó a la presidencia como candidata de los socialistas y perdió frente a Sarkó. Durante su campaña electoral Hollande fue bautizado con un despectivo apodo de “Señor Royal”.  Ségolène Royal, por cierto, fue propuesta como posible candidata para estas primarias, pero tras la primera vuelta exhortó a sus partidarios a apoyar a su ex compañero sentimental con el que tuvo cuatro hijos.

Hollande, mientras tanto, tiene una nueva pareja, la periodista de Paris Match, Valérie Trierweiler.

En la actual política francesa, sobre todo en su ala socialista, es sorprendentemente relevante el factor familiar. Todos están vinculados entre sí por alguna relación que no es precisamente la ideología.

La líder de los socialistas y la desafortunada finalista a la investidura de su partido, Martine Aubry, (que hasta que finalizó la segunda vuelta de las primarias había asegurado que Hollande no es lo que pretende aparentar y es hombre poco práctico) es como una hermana para Hollande.

Su padre, un eminente político europeo, ministro socialista de Finanzas y presidente de la Comisión Europea entre 1985 y1995, Jacques Delors, apadrinó a François Hollande tras la muerte de su hijo Jean-Paul Aubry. La tutoría política y espiritual que su padre brindó a Hollande chocaba a propia Martine Aubry que, desatendida por su padre, cogió manía al “hermanastro”.

Antes de proponer a Hollande como candidato, la bandera socialista la iba a enarbolar Dominique Strauss-Kahn, detenido en mayo de este año en Nueva York por intento de violación de una empleada de hotel.

Posteriormente las acusaciones fueron retiradas por insuficiencia probatoria. Lo mismo ocurrió en Francia, donde la escritora Tristane Banon presentó una denuncia idéntica.

Si no hubiera sido por las aventuras sexuales del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, François Hollande jamás habría llegado a ser candidato para las elecciones del 2012.
 
Sarkozy, también difícil de tumbar

Ahora todo dependerá de los candidatos y, naturalmente, de los electores franceses.

Los expertos en relaciones públicas ya obligaron a Hollande a cambiar de imagen, perder diez kilos, dejar de vestir trajes mal hechos y lucir otro modelo de gafas. O sea, le hicieron aparentar más elegancia y juventud.

Aun así, Sarkozy al lado de Hollande parece una mariposa al lado de un muro de cemento. Y aunque al actual presidente le predicen un fracaso en los comicios de 2012, nadie daría una mano para garantizar el triunfo de Hollande.

Nicolas Sarkozy es un luchador por naturaleza. Ahora se dispone a reconquistar la confianza del electorado con su política exterior (el triunfo en Libia aumentó ligeramente su popularidad) ó resolviendo problemas financieros de la zona de euro y de la deuda griega.

Además, a pesar de que no hubo comunicado oficial, por lo visto acaba de recibir un arma tan potente como un hijo recién nacido – este factor siempre ablanda los corazones de los electores.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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