Las perspectivas de los candidatos a las presidenciales de Francia

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A partir de ahora y durante los próximos doce meses, los franceses deberán definir sus preferencias en cuanto a los candidatos que se disputarán la presidencia en los comicios en 2012.

A partir de ahora y durante los próximos  doce meses, los franceses deberán definir sus preferencias en cuanto a los candidatos que se disputarán la presidencia en los comicios en 2012.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales está fijada el 22 de abril de 2012 y como seguramente habrá necesidad de una segunda vuelta, ésta ya está fijada para el 6 de mayo. En el mes de junio se celebrarán las elecciones a la Asamblea Nacional.

Todavía, el presidente actual, Nicolas Sarkozy, no ha anunciado su disposición de luchar otra vez para  continuar otro mandato como inquilino del Palacio del Elíseo, pero al respecto, se han pronunciado y escuchado  tantas indirectas,  que este asunto ya está fuera de toda duda.

Además, según la prensa francesa, su equipo ha aconsejado a Sarkozy que “madure”, es decir, que deje de meterse con los periodistas, que controle su lenguaje y que no muestre sus emociones ni su agresividad en público.

Los principales rivales de Sarkozy también son conocidos: por la presidencia lucharán la presidenta del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen.

Los socialistas elegirán al candidato sólo el otoño que viene, y pesar del reciente descalabro en Nueva York,  el candidato más probable parece ser el economista, jurista y político Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI), actualmente detenido en  por las autoridades de EEUU por presunta agresión de carácter sexual contra la empleada de  un hotel.

Otros candidatos a la presidencia son los líderes del Partido Socialista, Martine Aubry, François Hollande y Segolene Royal, quien perdió frente a Sarkozy en las elecciones de 2007.

Los socialistas, en caso de querer ganar, y seguramente, lo quieren, deberían elegir como candidato a Strauss-Kahn, si es que su reputación no queda muy descalabrada tras el escándalo sexual en Nueva York.

Antes de que fuera apresado por presunto intento de violación y agresión sexual la semana pasada, los resultados de los últimos sondeos de la opinión pública demuestran que, si este político de 62 años fuera candidato a la presidencia, Nicolas Sarkozy difícilmente llegaría a la segunda vuelta.

A Strauss-Kahn le da preferencia el 30% de los encuestados, a Hollande (ex secretario del Partido Socialista), el 22%, a su líder actual, Martine Aubry, el 21%, igual que a Marine Le Pen y a Sarkozy, con tan sólo el 20%.

Strauss-Kahn vuelve a enfrentarse a Sarkozy

Los caminos de Nicolas Sarkozy y de Dominique Strauss-Kahn se cruzaron  en más de una ocasión: curiosamente Strauss-Kahn nació en la próspera zona de Neuilly-sur-Seine del área metropolitana de París, cuyo ayuntamiento fue encabezado años más tarde por Sarkozy.

El actual presidente francés apoyó activamente la candidatura de Strauss-Kahn al puesto de Director del FMI y se rumorea que lo hizo para que no se le ocurriera presentar su candidatura en las elecciones presidenciales de 2012.

Para ello, Strauss-Kahn debería dimitir y los partidarios de Sarkozy aseguran que en este caso traicionaría los intereses del país en un organismo financiero tan importante.

Strauss-Kahn intentó presentar su candidatura por el Partido Socialista en 2007, pero se vio desplazado ante el carisma de Segolene Royal. Sin embargo, en aquella ocasión hizo un llamamiento a la creación, en la pausa entre las dos vueltas, de  un “frente anti-Sarkozy.”

En aquel momento no le fue de gran utilidad, pero ahora todo parece indicar que va a volver a este frente. La principal ventaja de Strauss-Kahn consiste en que dispone de una amplia experiencia internacional y de un gran “bagaje económico”.

Es quien toma las decisiones sobre los potentes flujos financieros y los préstamos del FMI. Cuando Strauss-Kahn entre 1997 y 1999 fue ministro de Economía, Finanzas e Industria en el Gobierno de Lionel Jospin, la economía francesa vivía una etapa de auge, el PIB y los ingresos crecieron y el paro se redujo.

Entonces, el político formuló  la iniciativa de introducir una semana laboral de 35 horas de duración, innovación suspendida posteriormente por Sarkozy. Y en el momento de depositar los votos, los electores suelen recordar estos detalles.

Las suposiciones de que Strauss-Kahn, siendo judío, en cuyas venas corre la sangre de los sefardíes y de los asquenazíes, no podría contar con los votos de los árabes y los musulmanes franceses, no dejan de ser simples suposiciones.

Porque no se cumplen,  sobre todo, después de la elección como presidente Sarkozy, hijo de inmigrantes húngaros.

El abuelo materno del actual presidente era también sefardí, inmigrante de Tesalónica.

Y no obstante, es muy pronto para “guillotinar” a Sarkozy, que es un hombre que no se rinde tan fácilmente y que además cuenta con un fuerte potencial administrativo y propagandístico.

De modo que el resultado de las elecciones no se podría predecir con exactitud, siempre y cuando se cumpla el pronóstico de que Strauss-Kahn quedará entre los dos pretendientes en la segunda vuelta.

Ahora, queda por resolverse el impacto que tendrá en el electorado su horripilante escándalo con la camarera del hotel noyorkino, aunque definitivamente, todo dependerá de la decisión del Partido Socialista y del propio Nicolas Sarkozy.

El mayor enemigo de Nicolas Sarkozy es Nicolas Sarkozy

En los cuatro años completos de su presidencia, Nicolas Sarkozy se ha convertido en la paradoja francesa: nunca ha visto Francia presidentes como el actual. Con tanta frecuencia se ha mudado de “piel política e ideológica”, que de un año a otro se transformaba en adversario de sus antiguos principios. No es ningún secreto que es un rasgo inherente de los políticos, una especie de ley de la vida política. Ser consecuente e ideológicamente impecable no son las condiciones más propicias para forjarse una carrera política.

Sarkozy, sin embargo, ha superado todos los límites posibles de la versatilidad política.

Nicolas Sarkozy es, en sí, el origen de sus propios males y fracasos y también de su menguante popularidad. Sus rivales no tienen nada que ver, el presidente lo hace todo solo.

Dijo en cierta ocasión un antiguo consejero de Sarkozy que “su esencia es cero convicciones y cero lealtad, a no ser que se trate de lealtad a sus propios intereses”. Inmediatamente después de ganar las elecciones, Sarkozy redujo el IRPF y aumentó la duración de la semana laboral y llamó a los franceses a abandonar la pereza y a trabajar más para ganar más.

En 2009, empezó a hablar del “capitalismo con principios morales” y exigió que se pusieran límites a la avaricia de los banqueros, insistiendo en una estricta disciplina financiera y una fuerte regulación del sector financiero mundial. Y al mismo tiempo se rodeaba de lujo durante sus vacaciones.
En cuanto a la política exterior, primero se peleó con la Canciller alemana, Angela Merkel, poniendo en peligro la alianza franco-alemana y empezó a apostar por Londres.

Sin embargo, un año después volvió a cultivar el afecto de Alemania. Tuvo un período de ferviente entusiasmo por Barack Obama que se convirtió después en abierta enemistad a causa de las discrepancias relativas a los asuntos económicos y a la situación en Libia.

Sarkozy renovaba su Gabinete, se enzarzaba en procesos judiciales contra sus antiguos allegados, ayudó a su hijo de 23 años a ponerse al frente del barrio financiero La Defénse (debiendo renunciar luego por el escándalo).

Y al mismo tiempo aseguraba que la reforma de educativa iba encaminada a que se valoraran los conocimientos y la experiencia de una persona y no su “linaje”.

A día de hoy los franceses parecen haber perdido la cuenta de las “caretas políticas” de su polifacético presidente. Incluso la guapa y elegante esposa del presidente, Carla Bruni, de la que Sarkozy presume como si fuera un atributo presidencial, ha empezado a hastiar a los franceses.

Si a Sarkozy sólo le votaran los miembros de su Gabinete y sus partidarios más fervientes, estando en resto de la población al margen de la votación, ganaría sin lugar a dudas. Pero… en fin, todo dependerá de los rivales que tenga: los socialistas han de hacer su elección en el Congreso del otoño del año que viene, a pesar de la situación de Strauss-Kahn, que es muy poco envidiable.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
 

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