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La última cumbre de la Unión Europea irritó a casi todos

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La cumbre de los líderes de la Unión Europea (Bruselas, 24-25 de marzo pasado), se desarrolló en un ambiente muy irritable para la mayoría de los países miembros.

La cumbre de los líderes de la Unión Europea (Bruselas, 24-25 de marzo pasado), se desarrolló en un ambiente muy irritable para la mayoría de los países miembros.

La agenda de la cita incluyó temas cruciales: Libia, las consecuencias nucleares de los terremotos y tsunami en Japón, la crisis del euro y el colapse del Gobierno portugués, la corrección del curso económico de la zona de euro, y la austeridad económica. Ninguna de estas cuestiones infundió optimismo.

A esto se sumaron los disturbios en la capital belga. En vísperas de la cumbre docenas de miles de inconformes salieron a la calle para protestar por el pacto de competitividad de la UE que supone el aumento de la edad de jubilación, la revisión de las compensaciones salariales e impuestos más altos.

Pero la situación no es tan desesperada como puede parecer. La UE tiene la buena experiencia dem aplazar la resolución de ciertos problemas hasta que desaparezcan por si mismos.

Lo bueno de las cumbres europeas es que son predecibles. Cuanto más acuciantes y graves son los problemas propuestos, tanto más fácil es predecir cómo concluirá la cumbre.

Los temas propuestos en esta última fueron tan serios que, lógicamente, no pudo llegarse a ninguna decisión definitiva, sino que todas las expectativas quedaron cifradas en reuniones y citas posteriores.

Pero lo peor para la UE (junto con la zona de euro, estabilidad económica de Europa y, por lo consiguiente, de todo el mundo) consiste en las tendencias individualistas dentro de la Unión.

Francia y Alemania, los miembros de la UE más maduros e independientes, como siempre permanecieron aparte de los demás.

Tras la negativa de Alemania de apoyar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Libia No 1973, esta, junto con Malta, quedaron ante los demás miembros como elementos separatistas.

Ahora los alemanes afirman que están de acuerdo con lo que hace o haga la OTAN pero no prestarán apoyo militar a sus operaciones. Las razones son puramente de política interior: la canciller Merkel se enfrentará muy pronto a una serie de elecciones locales.

Pero en el curso de la cumbre a Berlín le dieron a entender que su postura puede impedir que le apoyen en sus aspiraciones a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, y la cuestión quedó pendiente.

Francia también está en una posición ambigua debido a las operaciones libias. Nicolás Sarkozy, quien fue el promotor más activo de la intervención, esperaba convertirse en su guía, lo que le puede ayudar a ganar las elecciones presidenciales de 2012.

Sarkozy no quiere que el mando quede en manos de la OTAN, porque esto significaría, en manos de EEUU. Pero al fin y al cabo, el dirigente de la operación bélica es el comandante supremo de la OTAN en Europa, almirante estadounidense James Stavridis.

La gestión política estará en manos de un comité especial formado por europeos, representantes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos, como resultado de un compromiso.

La sorpresa portuguesa

La discusión en torno a la crisis del euro es algo inútil. La situación en la Península Ibérica requiere acciones inmediatas en vez de vanas discusiones.

El 23 de marzo por la tarde dimitió el primer ministro de Portugal, José Sócrates. La oposición centro-derechista se negó aprobar su anteproyecto sobre la economía presupuestaria austera (subida de impuestos, reducción de salarios y beneficios), necesaria para la curación financiera del país que puede ser el tercer posible bancarrota en Europa, tras Grecia e Irlanda.

No obstante, las acciones de la oposición no hicieron más que acercar Portugal a la crisis financiera. Sin Gobierno, sin el programa de Sócrates, Lisboa dudablemente obtendrá nuevos préstamos.

La UE tendrá que recomprar su deuda (más de 60 billones de euros), habrá que tomar medidas económicas aún más severas. Pero, ¿quién las puede tomar si el país no tiene gobierno? Según la legislación, las elecciones deben ser convocadas para junio. Pero aunque Sócrates logre llegar a un acuerdo con el parlamento (lo que es poco probable) y cree una nueva coalición, su programa de austeridad no será aprobado.

Los Social Demócratas ya presienten triunfo en las elecciones, es el partido más popular ahora.

Y sin embargo, Portugal sin Gobierno no es lo peor que pueda ocurrir con la UE. Ocupa tan sólo el 15 lugar por su nivel del PIB (223 billones de dólares, según los datos del año 2010).

Lo peor es que continúe la secuencia de países que se declaren en bancarrotas y cuyas deudas sean recompradas por la UE.

El año pasado al borde del colapso estuvo Grecia salvada ahora por la UE (deudas de 110 billones de euros).  Luego fue Irlanda (85 billones), cuyo Gobierno dimitió a los principios del año. Luego, Portugal (60 billones).

Ahora  predicen que España, la quinta economía de la UE (el PIB es de 1,4 billones de dólares), puede ser la siguiente. Los problemas económicos en el país son muy graves.

Pero si se va abajo España, no será posible recomprar sus deudas sin graves consecuencias para toda la UE. Esto puede repercutir en toda la zona de euro.

La cuestión nuclear


El desastre japonés provocó en la cumbre otra acalorada discusión: ¿qué hacer con la energía nuclear de la UE? Angela Merkel declaró en Alemania una moratoria de tres meses sobre la decisión de prolongar  la duración de servicio de sus estaciones nucleares por otros 10-12 años.

Los alemanes estaban preparándose para renunciar a la energía nuclear en el curso de 25 años, pero ahora la cancillera dice que Berlín revisará su plan nuclear para cerrar las estaciones nucleares ya en 2020.

El año pasado Alemania invirtió en la elaboración de recursos recuperables de energía 20 billones de euros. El porcentaje de energía nuclear en la energía alemana corresponde al 26%. De ahí que su plan de optar por las fuentes de energía más seguras es una tarea real, aunque muy difícil, pero no imposible.

Aunque son pocos los que creen que Alemania dejará de emplear la energía nuclear por completo.

Pero este ejemplo molesta a otros miembros de la UE. Sarkozy no puede ocultar su enojo debido a la decisión de Merkel. Un 70% de la electricidad de Francia es de origen nuclear. El país galo no puede ofrecer ningún programa semejante al alemán. 


LA OPINIÓN DEL  AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI 

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