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Serandai cede ante el pánico en su lucha contra el tiempo para encontrar supervivientes

© RIA Novosti . Tom BalmforthSerandai cede ante el pánico en su lucha contra el tiempo para encontrar supervivientes
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Los socorristas y civiles que remueven escombros en busca de supervivientes en la devastada costa de Serandai permanentemente se ven obligados a suspender sus actividades ante las llamadas de alerta de tsunami en la prefectura de Miyagi, en el este de Japón, donde todavía impera el pánico y la incertidumbre.

Por Tom Balmforth. Los socorristas y civiles que remueven escombros en busca de supervivientes en la devastada costa de Serandai permanentemente se ven obligados a suspender sus actividades ante las llamadas de alerta de tsunami en la prefectura de Miyagi, en el este de Japón, donde todavía impera el pánico y la incertidumbre.

Y mientras los helicópteros de rescate sobrevuelan la zona de desastre, la policía con altavoces ordena a la población evacuar inmediatamente la costa y avanzar hacia el interior cruzando cultivos de arrozales cubiertos con coches volcados tras el reciente tsunami en busca de refugio tierra a dentro.

Esto pasa cada vez que en la zona ocurre otra de las múltiples réplicas o seísmos de menor intensidad que siguen sacudiendo el territorio nipón tras el gran terremoto del pasado viernes, uno de los más graves en su historia.

El riesgo que cada estertor telúrico provoque nuevos tsunamis y arrase los escombros dispersos en la costa contra lo poco que todavía queda en pié obliga a las autoridades a hacer sonar sus sirenas de alerta, que para muchos ya tiene el efecto de una tortura.

Según la prensa local, entre 200 y 300 cuerpos fueron encontrados flotando en el agua en el distrito de Arahama, el punto más occidental de Serandai y la zona más cercana al epicentro del terremoto.

La zona devastada de Arahama se extiende unos seis kilómetros, con árboles derrumbados, sistemas de televisión rotos y neumáticos flotando. Trozos de metal retorcido serpentean en aguas pantanosas donde antes estaban torres eléctricas.

Las casas de madera hundidas en el barro solidificado por el sol del medio día o permanecen sin techos con armazones destripados. Numerosos edificios fueron simplemente arrasados, y desaparecieron dejando como rastro montículos insignificantes de escombros.

El armazón arrugado de una furgoneta azul se atrancó en el escaparate de un mercado local, y un hidropedal roto fue arrojado hacia crestas a seis kilómetros de la costa. El aire de estas poblaciones niponas ya huele a podrido.

“No nos podíamos imaginar que el tsunami sería tan fuerte”, dijo un anciano local apoyándose contra un trozo de madera cerca de su vivienda arruinada.

Su esposa busca el lugar donde se encontraba su domicilio. Sobre escombros están árboles que fueron desarraigados por olas gigantescas y arrojados a través de la tapia.

Poco después de cada alarma policial, la población arrastrando escasas pertenencias se metió en coches para recorrer los largos kilómetros de tierra devastada y refugiarse en lugares seguros.

Cada llamada de alerta, que al final resulta falsa, es comentada con sarcasmo por los vecinos porque el pasado viernes en Serandai hubo tan sólo una alerta y el intervalo entre el temblor y el tsunami apenas superó nueve minutos, recuerdan testigos.

Fue que nadie pensó que se venía en cima una hecatombe e incluso las autoridades no confirmaron la información difundida por una emisora local que reportó de que una ola gigantesca de 10 metros se aproximaba a la costa y así ocurrió.

La cobertura deficiente de los teléfonos móvil y los apagones eléctricos dificultan la comunicación con el resto del país y la población aislada y sola con su miedo cede ante el pánico reforzado por el sonido de las sirenas de ambulancias y bomberos.

Aunque ciertos centros de auxilio distribuyen comida gratuita, en Serandai también crece el miedo ante la escasez alimenticia.

Sobre todo después de que se supo la noticia sobre la explosión en el tercer reactor de la central de Fukushima muchas personas se pusieron a almacenar víveres. Se formó una cola de un kilómetro hacia un supermercado local en el centro de Serandai. Las personas esperan con paciencia desde el amanecer.

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