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La última fase de la eliminación de Gadafi del panorama Libio e internacional

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Libia entra en la última fase operativa para extirpar el mal que padece en la persona de Gadafi, aunque en casos como éste, la intervención externa se antoja casi inevitable.

Libia entra en la última fase operativa para extirpar el mal que padece en la persona de Gadafi, aunque en casos como éste, la intervención externa se antoja casi inevitable.

Ahora la cuestión ya es formal y se plasmará bajo una acción puramente militar o bajo el pretexto de un “acto de ayuda humanitaria” con apoyo de las fuerzas armadas. Ambas soluciones respaldan directa o indirectamente a la “revolución libia”.

En Estados Unidos, en Londres y en París, nadie oculta más que la OTAN se está preparando para una intervención militar, ya que no puede permitir que el país más rico en petróleo del continente africano siga al borde de una guerra civil. Sin embargo, la situación en Libia no puede ser calificada de auténtica guerra, ya que las fuerzas opositoras que combaten con los defensores del régimen de Gadafi en el Este y el Oeste del país están muy mal organizadas. Son grupos dispersos sin un centro de operaciones y sin líder, faltos de armas, adiestramiento y fuerzas para acabar con el dictador.

No hay cura posible

En cuanto a Muamar Gadafi, ya dejó claro en una reciente entrevista a la BBC y en otros medios occidentales que no piensa dimitir (“no soy presidente ni primer ministro, no tengo ningún cargo al que pueda renunciar”); él cree que todo el pueblo le apoya y se considera en guerra con los terroristas de Al Qaeda. A juzgar por su comportamiento durante la entrevista y el contenido de sus declaraciones, Gadafi cree en sus palabras y ha perdido buena parte de la conexión con la realidad.

Las sanciones económicas contra el régimen, el embargo a cualquier suministro legal de armas, la congelación de las cuentas bancarias de Gadafi y sus familiares, todo esto ya es un hecho. Ahora se está acelerando la coordinación de las acciones militares. Con este objetivo la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, ya se ha reunido en Ginebra con sus homólogos de Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia. La OTAN, por su parte, ya ha iniciado las consultas en materia militar.

La Unión Europea insta urgentemente a celebrar una cumbre europea extraordinaria sobre Libia. Puede que se celebre en breve (suele tardarse tres días en preparar este tipo de reuniones de alto nivel), o  puede que no llegue a tener lugar. De momento, se han pronunciado a favor Francia (la iniciativa de convocar la reunión la adelantó precisamente Nicolás Sarkozy), España, Italia y Gran Bretaña. Los demás países miembros no le encuentran mucho sentido, ya que todos son conscientes de que las importantes decisiones militares no se tomarán en una cumbre de la UE. Además, ya hay dos cumbres previstas en la agenda para el 11 y el 24 de marzo.

“Corredores humanitarios” para una ayuda militar

Una intervención militar en Libia, naturalmente, será imposible sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero, por ahora ni Rusia ni China se muestran dispuestas a respaldar esta iniciativa.

Pero las consultas en el Consejo continúan y en el caso de que Gadafi siga empleando artillería pesada y aviación contra los grupos armados y las ciudades rebeldes, Moscú y Pekín podrían revisar sus posturas y dar el visto bueno a la intervención, aunque sea parcial.

Por ejemplo, en el caso de que se emprenda una “misión humanitaria”. Ya se habla de la apertura de “corredores humanitarios” de la OTAN a través de Egipto y Túnez. Los corredores serían asegurados por las tropas de la OTAN, y por ellos circularían no sólo convoyes humanitarios.

Por otra parte, la primera señal de una próxima intervención militar será la aplicación de una zona de exclusión aérea sobre el espacio de Libia. Esto permitirá a la OTAN  derribar todos los aviones de guerra libios dentro de la zona. Lo mismo sucedió en Yugoslavia en 1999 y, antes, en Kuwait en 1991. La posibilidad de establecer esta zona ya ha sido tratada por el presidente de EE.UU., Barack Obama, el presidente de Francia, Nikolás Sarkozy, y el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron.

Si nos atenemos al modelo de preparación de las intervenciones estadounidenses en Kuwait (entre enero y febrero de 1991), Afganistán (2001) o Irak (2003), debemos suponer que en el territorio de Libia ya están desplegadas unidades de misiones especiales de EE.UU, Gran Bretaña y otros países de la OTAN. Varios buques estadounidenses y británicos ya se han acercado a las costas de Libia para servir como apoyo ante cualquier operación de “carácter humanitario o de rescate”. En el Golfo Pérsico operan dos portaaviones de Estados Unidos, desde los que es fácil alcanzar el territorio libio. El Pentágono ha anunciado que ordenaba su reubicación para ofrecer flexibilidad de acciones de cualquier tipo.

Hay que quitarle el control del petróleo a Gadafi

A esas alturas es verdaderamente peligroso dejar a Libia sin un riguroso control internacional. Además de amenazar con la catástrofe humanitaria que representaría la fuga masiva de la población una vez aplastada la rebelión, el conflicto libio supone una inminente crisis petrolera. Los precios ya han alcanzado un nivel que pone al mundo en la antesala de la recaída en la crisis económica.

Este país miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) es el noveno en el mundo con los yacimientos descubiertos más importantes en África: 41.500 millones de barriles. Manteniéndose el nivel actual de explotación, las reservas bastarán para 60 años. Un 80% de todos los campos petroleros de Libia está concentrado cerca de la costa en la provincia de Sirte, en la parte Oeste del país. Sin embargo, los expertos aseguran que los recursos de hidrocarburos en Libia son mucho más grandes, ya que, hasta el momento, se ha explorado tan sólo el 25% de su territorio. Hasta el momento, Libia extraía (debido al conflicto, la extracción se redujo en un 50%) entre 1,8 y 2 millones de barriles diarios. Para el año 2013, se planeaba aumentar la extracción hasta los 3 millones de barriles.

De todas formas, sería una exageración afirmar que el mundo o, tan siquiera Europa, dependa de los hidrocarburos libios. Pero la cuota de este país en los mercados de Italia, Alemania, España, EE.UU y Francia es considerable. Los italianos compran el 38% de las exportaciones de petróleo libio; Alemania, el 19%; España, el 8%; EE.UU., el 7% y Francia, el 6%. Las reservas libias de gas natural son las mayores de África, después de las de Nigeria, Argelia y Egipto. Aunque, según los expertos, podrían revelarse mucho mayores.

Después de que primero la ONU (2003) y luego EE.UU. (2004) levantaran las sanciones económicas contra Libia, a este país regresaron las más importantes empresas occidentales. La exploración y extracción en tierra firme y en plataforma continental las realizan las británicas BP y Shell, las estadounidenses Chevron, Conoco-Phillips, Occidental Petroleum, la francesa Total, la corporación estatal petrolera de China CNPC, el gigante italiano ENI, la noruega Norsk Hydro, la malaya Petronas. Aquí operan petroleras y refinerías canadienses, brasileñas, surafricanas, alemanas, indonesias, árabes e incluso la ucraniana Naftogas.

Además, Libia posee colosales capitales en el Fondo de Inversión Soberano (Lybian Investment Authority, LIA) que gestiona las plusvalías nacionales provenientes de los recursos petroleros. Sus activos se valoran en unos 70 mil millones de dólares.

Por cierto, las sanciones de la UE no se extienden a los capitales de LIA. Claro, sería difícil congelar los activos de las propias empresas europeas. Desde que se levantó el embargo de Trípoli, LIA intensificó sus inversiones en la UE. En primer lugar, en Italia, la ex metrópoli de Libia. Hoy, Libia es uno de los mayores accionistas individuales del banco italiano UniCredit bank (7%). Posee el 2% de las acciones de FIAT, otro 2% del gigante aeroespacial Finmeccanica e incluso es titular del 7,5% de las acciones de Juventus, el club de fútbol más famoso de Italia.

En Gran Bretaña, LIA tiene participación en el Royal Bank of Scotland (el 84% de las acciones del banco pertenecen al gobierno británico, así que éste es coinversor de Gadafi); pertenece a LIA el 3% de la editorial Pearson, propietario del prestigioso diario internacional Financial Times. En Rusia, LIA posee el 1% de las acciones del gigante metalúrgico ruso RusAl.

Así las cosas, es complicado, por no decir imposible, “amputar” definitivamente a Gadafi del organismo financiero mundial. Urge encontrar un sustituto para el dictador. Parece que esto es lo que se está haciendo. Los resultados se verán en una semana, aproximadamente.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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