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El bloqueo de Estados Unidos a Cuba o 50 años de soledad

© RIA NovostiHace 50 años, el 19 de octubre de 1960, el Gobierno de los Estados Unidos impuso un embargo comercial contra Cuba.
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Hace 50 años, el 19 de octubre de 1960, el Gobierno de los Estados Unidos impuso un embargo comercial contra Cuba que acabaría convirtiéndose en el bloqueo económico más prolongado en la Historia de la Humanidad.

Hace 50 años, el 19 de octubre de 1960, el Gobierno de los Estados Unidos impuso un embargo comercial contra Cuba que acabaría convirtiéndose en el bloqueo económico más prolongado en la Historia de la Humanidad.

Y a pesar de que ese bloqueo nunca ha sido absoluto, ha constituido un importante experimento, porque  después de aislar ese pequeño país de la economía más potente del planeta durante medio siglo, los promotores de esa aventura demostraron exactamente lo contrario de lo que les habría gustado demostrar.

Resultó que en un mundo altamente globalizado como el actual, se puede sobrevivir sin tener contacto alguno con el principal “sistema económico mundial” (término introducido por el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein).

Esto implica que “el final de la historia”, pronosticado por la élite intelectual estadounidense en los años 90 del siglo anterior, nunca va a ocurrir.
Es evidente que vivir aislado del principal “sistema mundial” es una experiencia muy dura. Ese hecho parcialmente lo  confirmó el propio Fidel Castro, el pasado mes de septiembre en el hospital, cuando hizo una declaración completamente inimaginable hasta hace poco: el Comandante manifestó que no valía la pena “exportar” el modelo económico cubano, ya que no servía ni para Cuba.

Posteriormente, Castro precisó que no había que tomar sus palabras como la capitulación ante el capitalismo; y, sin embargo, los apuros económicos de los cubanos de a pie son tan evidentes, que sólo los hermanos latinoamericanos más pobres y mal informados sueñan con compartir su destino.
No se consiguió “exportar la Revolución” a otros países, pero tampoco se confirmaron los planes de nueve presidentes estadounidenses que hicieron cuentas de que el régimen castrista no aguantaría con las dificultades económicas.

Las apuestas en este juego aumentaron con el tiempo. En un principio, en 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder en Cuba, el Gobierno de Dwight Eisenhower apenas suspendió los viajes de turismo a Cuba, e introdujo un embargo a las exportaciones del azúcar cubano.

Al percatarse de que a los cubanos no les asustaba que su economía quedara paralizada por falta de piezas de repuesto para los equipos de fabricación estadounidenses, el presidente Kennedy  autorizó las incursiones de “voluntarios” anticastristas e impuso un bloqueo marítimo. Entre 1963 y 1977 a los ciudadanos estadounidenses no pudieron viajar a Cuba.

Durante el Gobierno del demócrata Jimmy Carter dicha prohibición fue levantada y empezó a vislumbrarse la posibilidad del diálogo, pero Ronald Reagan, quien sucedió a Carter, no tardó en restablecer en 1981 la mencionada prohibición que, con ciertos retoques, se mantiene vigente hasta el día de hoy.

A lo largo de todos estos años, Cuba no ha dejado de culpar al gobierno estadounidense de haber alzado un muro que separa pueblos y familias. Esta postura es apoyada por la Asamblea General de la ONU, que desde 1992 casi anualmente aprueba resoluciones que instan a las autoridades de EEUU a levantar el embargo.

En su postura obstinada, EEUU suele ser apoyado sólo por Israel, y en algunas ocasiones ha obtenido el respaldo de exóticos aliados como Micronesia, las Islas Marshall o Uzbekistán.
Sin duda, este apoyo no es suficiente para respaldar un bloqueo total, y por esta razón,  no es extraño que la opinión pública estadounidens, sobre todo su sector más liberal, no vea con muy buenos ojos ni el embargo comercial ni la prohibición de los viajes a la isla.

La reciente decisión del presidente Barack Obama de prorrogar las sanciones durante otro año, dificilmente reforzará su popularidad entre sus electores liberales que hace poco tanto se alegraron de poder comunicarse con sus familiares cubanos o de hacerles una visita.

También, es difícil mantener desde el punto de vista moral, sobre todo, teniendo en cuenta las recientes declaraciones de Fidel Castro que en algo recuerdan un cambio de prioridades.

El líder cubano ha dejado de parecer el malo empedernido (como lo presentaban los medios de comunicación de EEUU) ya que por lo menos, es capaz de reconocer sus errores. En una entrevista al periódico mexicano “La Jornada”, por ejemplo, Castro calificó de “una gran injusticia” la persecución emprendida por las autoridades  cubanas contra los homosexuales en los años 60 y 70 del siglo anterior.
Hasta 1979 en Cuba estuvo vigente una la ley que permitía encarcelar o condenar a trabajos forzados a los homosexuales. En 1980, el destino de estas personas se conoció a través de uno de los episodios más trágicos y a la vez más cómicos del bloqueo estadounidense a Cuba.

En aquel momento, del puerto cubano de Mariel salieron rumbo a EEUU los  barcos de la llamada “escuadra de la libertad”. El permiso de su salida había sido negociado largamente por los EEUU que se empeñaban en que las autoridades cubanas dejaran abandonar la isla a los presos políticos y otros disidentes.

No obstante, resultó que entre los 125.000 pasajeros de la “escuadra”, aparte de disidentes a quienes el presidente Carter les prometió asilo político, había expresidiarios, personas con trastornos psíquicos y muchísimos homosexuales.
En palabras de la prensa estadounidense, se trató de una “cruel broma del Comandante”. Se supo que para poder salir de la isla bastaba con presentarse a una comisaría de policía y declararse homosexual.

Teniendo en cuenta que en aquel momento en EEUU la tolerancia hacia los homosexuales era menos condescendiente que la existe en la actualidad, seguramente Carte pudo apreciar todo el encanto  del “regalito” que le envió Castro.
Pero, ¿a qué se debe el actual cambio de prioridades en Cuba?

Es probable que este hecho tenga que ver con que el país está adoptando paulatinamente el camino hacia la economía de mercado.
En una reciente declaración, el presidente de Cuba,  Raúl Castro anunció que en el marco de las reformas en curso, reducirá en 500.000 las plazas de los funcionarios públicos. Para un país con 12 millones de habitantes semejante cifra es más que considerable.

Los despedidos,- añadió Castro,-  deberían buscar empleo en el sector privado, y en estas condiciones, el lema de antaño “socialismo o muerte” comienza a tambalear.

Cuba poco a poco se está integrando en el “sistema mundial”, del cual lleva medio siglo excluida. No obstante, los empresarios de Canadá y Europa Occidental desde hace tiempo ignorando las prohibiciones de EEUU, operan con todo éxito en Cuba y por lo visto, no tienen planes de salir.

En EEUU también quedó atrás el período de fuerte “presión” hacia aquellas empresas extranjeras que no observaban el embargo.
Y no obstante, merece la pena recordar la famosa Acta de la libertad y la solidaridad democrática cubanas, más conocida como la Ley Helms-Burton, que fue aprobada en los años 90, cuando se esperaba la desintegración completa de los países del “bloque socialista” y que debería de arrastrar consigo el gobierno en Cuba.

Pero la vida resultó ser más complicada e impredecible que cualquier veredicto ideológico. Quizás, por esta razón,  EEUU debería ceder y empezar a interactuar con Cuba por lo menos tal como lo hizo con la Unión Soviética en la época de Brézhnev.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI.

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