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Malabarismos de Putin podrían ser signo de desesperación. Gaceta.Ru / Vedomosti

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En vez de aclarar la correlación de fuerzas en Rusia de cara a las elecciones y la situación del período postelectoral, el cambio del Gobierno confirmó una cosa obvia: la lucha por el derecho de suceder a Vladímir Putin en 2008 todavía continúa.

 

La prueba de turno es la promoción de una figura poco convincente hacia la jefatura del Gabinete.

La sustitución de un primer ministro que ya no es muy joven (Mijail Fradkov) por otro, aún más entrado en años (Víctor Zubkov), podría interpretarse igualmente como elemento de alguna combinación sutil y como gesto de desesperación. Resulta que el Kremlin en su versión actual - aparentemente monolítico, dotado de ingentes recursos y sin enemigos serios fuera - es incapaz de resolver un problema que ocho años antes, a pesar del acoso, había superado con éxito enorme.

Por analogía con 1999, se acostumbra a pensar que el puesto de primer ministro es camino directo a la presidencia pero la verdad es que, a día de hoy, no sirve como trampolín para saltar al Kremlin. El Gobierno se limitó a las funciones técnicas durante tanto tiempo que no puede recuperar, de la noche a la mañana, la autonomía política.

Más que un premio, este cargo sería un castigo para el eventual sucesor de Putin. Especialmente, porque el nuevo Gobierno tendrá que enfrentarse con algunas decisiones impopulares y problemas de que pudo librarse su antecesor: la reforma del sector de servicios municipales (o una nueva negativa de implementarla); el inminente fracaso del programa hipotecario; la eventual ralentización del crecimiento económico y de las superganancias petroleras, con el subsiguiente impacto en las obligaciones sociales del Estado. Se trata de problemas que afectan directamente al grueso de la población.

El control sobre las instituciones públicas podría, en principio, ayudarle al sucesor a transformarse en presidente pero todas ellas ya están infectadas por el virus del "uso técnico" y arrastran el lastre de las deudas aplazadas. Crear algo desde cero también es imposible: se trate de nanotecnología u otros proyectos ambiciosos de escala nacional, la imperfección actual y las deudas futuras se perciben en todas partes. La vertical del poder en su conjunto no es más que un apéndice técnico al presidente.

Por tanto, la mejor posición para aspirar a la presidencia de Rusia es la del propio presidente. La dificultad es que el tercer mandato consecutivo es ahora imposible a menos que el actual líder y las élites, cansadas de vivir constantemente en suspenso, se decanten por este "mal menor", escribe el diario digital Gaceta.Ru.

 

Otro periódico ruso, Vedomosti, señala que Víctor Zubkov podría perfectamente actuar como "presidente técnico" en 2008-2012 o trabajar estos cuatro años como "primer ministro técnico" con otro "presidente técnico", hasta que vuelva Putin. Tampoco es descartable que Zubkov asuma el cargo por poco tiempo, para desviar la atención desde dos personajes demasiado publicitados - Serguei Ivanov y Dmitri Medvédev - o desde otro "delfín" que permanece aún en la sombra.

Sea como fuere, Putin dio el primer paso. Tiene plena libertad de actuación pero necesita convertir en algo su influencia. Además de las elecciones, en las que Putin podría aportar fácilmente hasta un 30% de los votos extra al sucesor oficial, hay lucha bajo alfombra en el Kremlin, y es lo fundamental cuando hablamos del traspaso del poder dentro del sistema actual. Si no se hace nada antes de la votación, el propio Putin empezará a parecerse a un "pato cojo".

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