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El circo londinense. RBC Daily

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El escándalo diplomático entre Gran Bretaña y Rusia adquirió ayer las características de un thriller y una policíaca a la vez.

El tabloide británico The Sun informó sobre la detención de un ruso, enviado supuestamente para asesinar al empresario prófugo Borís Berezovski, en el hotel londinense Hilton Park Lane. Y la Royal Air Force confesó haber ordenado el despegue urgente de sus interceptores Tornado por la posible aproximación de dos bombarderos rusos Tupolev-95 a Escocia.

 

El Ministerio del Interior de Gran Bretaña no comenta el arresto del presunto sicario que, según el periódico The Times, ha sido deportado ya. Lo cual es muy sorprendente, si recordamos la insistencia con que Londres pide a Rusia la extradición de Andrei Lugovói, principal sospechoso en el "caso Litvinenko".

Borís Berezovski admitió ayer en rueda de prensa haber gastado casi US$400 MM para impulsar los cambios en el sistema político de Rusia. No le cabe la menor duda de que el fallido atentado contra su persona tiene como autor al FSB, el servicio ruso de seguridad.

Un funcionario anónimo del FSB, entrevistado por RBK Daily, ya calificó esta declaración como "totalmente desvariada". El coronel general Aleksandr Zelin, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Rusia, comentó en el mismo sentido la noticia de los Tupolev-95. La aviación estratégica de Rusia continuará los vuelos rutinarios sobre las aguas internacionales del Atlántico del Norte, dijo él.

El embajador ruso en Londres, Yuri Fedótov, piensa que Berezovski se empeña en presentarse como opositor político para desviar la atención desde sus fraudes financieros pero algunos observadores consideran que se trata de una provocación de turno para deteriorar aún más la relación entre Rusia y la Unión Europea.

Semejante evolución de los acontecimientos podría beneficiar a EEUU, pues contribuiría a congelar el proceso negociador entre Bruselas y Moscú, acelerar el despliegue del escudo antimisil en Polonia y República Checa, así como aislar a Rusia en las negociaciones sobre el futuro de Kosovo.

Preocupado por el avance en las relaciones de Rusia con Alemania y Francia, Washington usa a la diplomacia británica como cabecera de playa para atacar a Moscú, opina Iván Mélnikov, número dos del Partido Comunista de Rusia y diputado de la Cámara baja del Parlamento federal.

El flamante Gabinete británico, según Mélnikov, no actúa por cuenta propia. El joven ministro del Foreign Office para Europa, Jim Murphy, no consiguió explicar ayer a la Cámara de los Comunes por qué el Gobierno se resiste a extraditar a Berezovski, por ejemplo, canjeándolo por Lugovói, pone en riesgo la posición de las empresas británicas en Rusia y desatiende en el Consejo de Seguridad de la ONU los argumentos de Moscú sobre Kosovo.

Parece que este circo ya genera una sensación de vergüenza en Londres. El Foreign Office entregó ayer al embajador ruso una nota con los nombres de cuatro diplomáticos que deberán abandonar el país. Se les ofrece un plazo generoso, de 10 días. Y el portavoz del premier británico, Michael Ellam, dijo que el Gobierno aceptaría juzgar a Lugovói en un tercer país, reconociendo que no sería del todo correcto continuar insistiendo en la extradición.

 

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