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La vida y muerte de León Trotski fue como una novela política

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(actualizada a las 20:30 10.12.2014)
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Hace 72 años, en ciudad de México tuvo lugar el entierro de León Trotski, fallecido a causa de una herida mortal que recibió el 20 de agosto de 1940. A su funeral acudieron unas 300.000 personas.

Hace 72 años, en ciudad de México tuvo lugar el entierro de León Trotski, fallecido a causa de una herida mortal que recibió el 20 de agosto de 1940. A su funeral acudieron unas 300.000 personas.
 
Trataremos de contestar, aunque sea brevemente, los interrogantes principales sobre León Trotski: ¿Quién fue? ¿Qué hizo en sus sesenta años de vida? ¿Cómo fue a parar a México? ¿Quién y por qué se decidió que era necesario quitarle la vida?
Leiba Davídovich Bronstein, que más tarde se convertiría en León Trotski, fue uno de los más notables revolucionarios rusos de la primera mitad del siglo XX. Nació el 26 de octubre de 1879 en la provincia de Jersón (sur de Ucrania) en una familia de pequeños terratenientes judíos.
 
León Trotski, que optó por cambiar también su nombre de nacimiento, también viajó al exterior donde conoció a Vladimir Uliánov, que por entonces ya se hacía llamar Lenin. Sus relaciones fueron complicadas: hubo de todo, desde abrazos fraternales hasta insultos mutuos.

Lenin llegó a acusar al “Judas de Trotski” de falta de principios y vacilaciones ideológicas. Trotski le pagó con la misma moneda: “El leninismo”, escribió Trotski, “es incompatible con la organización política de los trabajadores, y en cambio florece entre el estiércol de las divisiones partidistas”.
 
Trifulcas inofensivas, para la causa, porque toda rencilla se olvidó cuando llegó la hora de la verdad. Es decir, la Revolución de Octubre. Al respecto, Iósif Stalin, en su artículo publicado el 6 de noviembre de 1918 en el periódico Pravda escribió: “Desde el principio y hasta el final fue el Comité Central del Partido encabezado por el camarada Lenin el que inspiró el golpe, mientras todos los preparativos prácticos para organizar la rebelión se realizaron bajo el mando directo del presidente del Sóviet (consejo de trabajadores) de Petrogrado (actual San Petersburgo) el camarada Trotski”.

En el primer gobierno soviético Trotski ocupó el cargo de comisario (ministro) de Asuntos Exteriores y en marzo de 1918 fue nombrado comisario de Guerra, el 6 de septiembre del mismo año asumió la jefatura del Comité Militar Revolucionario.
 Aquí fue donde se manifestó plenamente su gran talento de organizador. Desde este cargo se encargó de aglutinar los destacamentos militares dispersos y desordenados creando el Ejército Rojo, que triunfó en la Guerra Civil, sepultando definitivamente la esperanza de que el régimen comunista pudiera derrumbarse en breve.
 
Stalin llamó a Trotski “el demonio de la revolución”. Como si se pudiera pensar que entre los bolcheviques hubo ángeles.
 
Tras la muerte de Lenin, guía del proletariado mundial, entre los líderes de los trabajadores encargados de velar por la felicidad y el bienestar de los pueblos se desató una gran lucha. No fue un enfrentamiento ideológico sino una fiera lucha por el poder, que en un día convirtió en enemigos acérrimos e irreconciliables a camaradas inseparables de ayer, y al contrario.
 
Por extraño que parezca, las intrigas y conspiraciones no eran un punto fuerte de León Trotski. Por ejemplo, ignoró a Stalin durante mucho tiempo considerándole un tipo mediocre. Nunca se dignó a dirigirle la palabra de igual a igual. Y este fue su gran error.
 
En otoño de 1924 vio la luz el tercer volumen de las obras de Trotski. En el prefacio, titulado ‘Lecciones de Octubre’, el autor expuso su visión de lo sucedido en 1917 y reveló, con nombres y apellidos, los papeles desempeñados por todos los camaradas en aquellos turbios días.
 
En enero de 1925 León Trotski fue destituido de todos sus cargos.
 
El 17 de enero de 1928 desde una de las estaciones de Moscú salió el tren que llevaba a Trotski al destierro camino a Asia Central. Estuvo cerca de un año en Alma Ata (Kazajstán), pero fue expulsado de la Unión Soviética por renunciar a abandonar la actividad política. Por fin, el 9 de enero de 1937 fue a parar a México, donde continuó su lucha contra Stalin
 
Stalin encomendó la misión de liquidar a Trotski al general de la inteligencia soviética Pável Sudoplátov. Los preparativos para llevar a cabo la operación secreta ‘Utka’ (El Pato) fueron realizados por su compañero Naúm Eitington.
 
No fue una tarea fácil, porque la casa de Trotski en Coyoacán, un barrio de la ciudad de México, donde el exiliado vivía con su esposa y su nieto, está vigilada día y noche y parecía una fortaleza inexpugnable. Era prácticamente imposible penetrar en ella.
 
Eitingon preparó dos grupos separados. El primero, denominado “Caballo”, estaba al mando del célebre pintor y comunista mexicano David Alfaro Siqueiros. En la madrugada del 24 de mayo de 1940, más de 20 hombres armados y vestidos de policías irrumpieron en la casa de Trotski abriendo fuego con fusiles y ametralladoras. Arrojaron una bomba que no estalló y atentado fracasó, porque Trotski y su familia pudieron tirarse al suelo. Posteriormente, Siqueiros confesó que durante la operación en ningún momento le pasó por la cabeza de que “un hombre como Trotski se pudiera esconder bajo la cama”.

Al conocer la noticia sobre el fracaso, Stalin se puso furioso.

Llegó el turno del segundo grupo. La comunista española María Eustaquia Caridad del Río Hernández, colaboró estrechamente durante la Guerra Civil en España con los servicios secretos de la URSS. Fue entonces que conoció a un tal agente Kótov, cuyo verdadero apellido era Eitington. De acuerdo al plan, el hijo de Caridad, Ramón Mercader, que llevaba el pasaporte belga a nombre de Jaques Mornard, tenía que infiltrarse en el círculo de Trotski ganándose la confianza de una de las secretarias del político, Silvia Ageloff. A Ramón, un joven muy atractivo, no le costó trabajo seducir a la joven con la que incluso mantuvo un noviazgo formal.

A finales de abril de 1940 Ramón por primera vez cruzó el umbral de la casa de Trotski. Doce días antes del atentado por primera vez se quedó a solas con Trotski y pasó con él una hora. El motivo formal para este encuentro fue un artículo de Ramón que quería enseñar al exiliado. Mientras Trotski leía, Mercader se colocó detrás de su silla. Esto no pasó desapercibido pero no se tomó ninguna medida.

El 20 de agosto de 1940 “el amigo de Silvia” volvió a visitar a Trotski en su despacho. A pesar del calor llevaba un impermeable y un sombrero.

Durante el proceso judicial Ramón Mercader confesó: “...En el momento cuando Trotski empezó a leer el artículo que usé como pretexto, saqué el piolet... y cerrando los ojos asesté un fuerte golpe en la cabeza. Trotski dio un grito que no olvidaré en la vida”.

Dos horas más tarde Trotski entró en coma y al cabo de 26 horas, a pesar de los esfuerzos de los médicos, murió.
Nikolai Bujarin, al que Lenin llamaba “el más destacado teórico del partido”, dijo en una ocasión: “En la revolución triunfa el primero que consigue romper la cabeza al rival”.
 
Todos los participantes del atentado, excepto Ramón Mercader, pudieron escapar. Caridad fue condecorada con la Orden de Lenin. Murió en París a la edad de 82 años. En la pared de su habitación colgaba un retrato de Stalin.
 
El asesino fue condenado a 20 años de prisión: la pena máxima prevista por las leyes mexicanas. Ramón Mercader cumplió la condena completa sin revelar los nombres de los que le habían encargado el asesinato de Trotski. En 1961 fue condecorado en secreto como Héroe de la Unión Soviética con la Orden de Lenin y la Estrella de Oro, la máxima distinción soviética. En 1978 en uno de los cementerios moscovitas apareció la lápida de granito con la inscripción: “Ramón Ivánovich López, Héroe de la Unión Soviética”.

Los restos de León Trotski están sepultados en el patio de la casa donde fue asesinado de manera tan cruel.