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La Fuerza Aérea de Brasil puede optar por los cazas rusos en tercera ocasión

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(actualizada a las 20:31 10.12.2014)
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El mercado global de armamento mueve miles de millones de dólares al año. Pero pocos contratos atraen tanta atención a los medios de prensa como la reciente licitación convocada por Brasil sobre la compra de 36 aviones de combate y la producción bajo licencia de 84 aparatos más.

El mercado global de armamento mueve miles de millones de dólares al año. Pero pocos contratos atraen tanta atención a los medios de prensa como la reciente licitación convocada por Brasil sobre la compra de 36 aviones de combate y la producción bajo licencia de 84 aparatos más.

Esta licitación despertó aún más interés cuando la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que tomó la posesión del cargo el pasado 1 de enero de 2011, canceló los resultados de una  licitación anterior.

Inicio modesto

El parque aeronáutico de la Fuerza Aérea de Brasil es obsoleto y consiste de unos 50 ó 60 cazas estadounidenses F-5 fabricados en los 1960-70 y 12 aviones franceses Mirage-2000 producidos en la década de 1980.

Además, el Ejército del Aire brasileño tiene en sus arsenales más de 50 aviones de asalto AMX de producción italo-brasileña y unos 100 aviones ligeros de asalto y de entrenamiento de turbohélice Super Tucano de fabricación nacional.

Unos 12 ó 15 cazas Mirage III que se emplean esporádicamente porque su  periodo de su vida útil ya caducó.

Hoy en día, la capacidad de combate de la Fuerza Aérea brasileña es insuficiente en comparación con el potencial económico del país, especialmente, teniendo en cuenta que Brasil está interesado en aumentar su influencia a nivel global.

La primera licitación, conocida como F-X, fue convocada en 1999, cuando Brasil decidió sustituir cazas Mirage III obsoletos incorporando a su Fuerza Aérea una o dos escuadrillas de cazas modernizados. Se preveía comprar de 12 a 24 aparatos por unos US$700 millones.

Casi todos los principales fabricantes de aviones participaron en el concurso, ofreciendo versiones modificadas de los cazas multifuncionales más populares de aquella época, es decir, F-16 de la empresa estadounidense Lockheed Martin, Mirage-200BR desarrollado especialmente para Brasil, nuevo caza sueco JAS-39 Gripen y el ruso MiG-29SMT.

La oficina rusa de diseños Sukhoi también manifestó interés por el mercado brasileño y tuvo planes de ofrecer allí su caza Su-35 (o sea, su versión anterior Su-27M). Se esperaba que el contrato de suministro se adjudicaría a los fabricantes franceses.

Creciente demanda


El concurso no tuvo lugar debido a la crisis económica. Brasil decidió comprar en Francia 12 cazas usados Mirage-2000 de versiones anteriores. Esto hizo posible aplazar la renovación del parque aeronáutico obsoleto hasta 2007.

En aquella época, Brasil planeó sustituir por nuevos aviones no sólo los Mirage III, sino también los F-5 y AMX. El volumen del contrato aumentó de los 12 ó 24 hasta 120 aparatos, de los que 36 deberían ser suministrados del extranjero y el resto se debería fabricar en Brasil bajo licencia.

Asimismo, el monto del contrato aumentó a unos 6 ó 10 mil millones de dólares y los mayores fabricanes incluyeron nuevos modelos en sus ofertas. Además del F-16, EEUU ofreció al país latinoamericano la última versión modificada del principal caza que está en servicio operacional de su Marina de Guerra, F/A-18E/F Super Hornet.

Francia que cesó de fabricar Mirage-2000 ofreció su nuevo avión Rafale. El consorcio europeo EADS presentó el caza Eurofighter Typhoon y el consorcio sueco SAAB participó con el caza JAS-39.

Los fabricantes rusos también ofrecieron su último diseño, Su-35BM (la versión modificada del Su-27).

La transferencia tecnológica fue el aspecto más importante de la licitación. Brasil dio mayor importancia a las perspectivas de construir nuevos cazas bajo licencia con el fin de modernizar la industria aeronáutica nacional.

Los fabricantes europeos tuvieron más posibilidades. Los aparatos estadounidenses se retiraron de la carrera porque EEUU no estuvo dispuesto a compartir la experiencia en la construcción de aviones con Brasil.

Las causas por las que Rusia renunció a participar en la licitación fueron más complicadas. Brasil contaba en que Moscú suministraría los cazas Su-35 para su Fuerza Aérea a cambio de la licencia para la fabricación en Rusia de los aviones civiles de la empresa brasileña Embraer.

Esto pudo tener un impacto negativo en  la realización del programa ruso Sukhoi SuperJet-100, es decir fabricación de aviones comerciales para distancias cortas.

Prototipo de quinta generación

El segundo concurso de adjudicación de contrato acabó sin ganadores a raíz de los precios exagerados de cazas europeos. Al fin y al cabo, el nuevo gabinete de Brasil decidió volver a convocar la licitación. Uno de los modelos que estaría interesado en incorporar en sus arsenales el Ejército del Aire brasileño es el caza Su-35BM ruso.

Según analistas, la posibilidad de adquisición del Su-35BM debería contribuir a más flexibilidad de las empresas europeas en materia de los precios y aún podría obligar a EEUU a transferir la tecnología.

Es probable que el Su-35BM pueda ganar la licitación, porque ha logrado elevar su prestigio internacional desde 2007 debido al desarrollo con éxito del ciclo de vuelos de prueba y al comienzo de su producción en serie para la Fuerza Aérea rusa.

Además, la demanda de los cazas fabricados por la empresa Sukhoi se incrementó en el mercado latinoamericano gracias a la compra de cazas Su-30MK2 para la Fuerza Aérea de Venezuela, entre otras cosas. 

Un argumento más a favor de Rusia es el caza rusa de quinta generación Т-50, que está desarrollándose por la compañía Sukhoi. Los rumores sobre la posible cooperación entre Rusia y Brasil en la fabricación del caza de quinta generación aparecieron en la primavera de 2010 y nadie los desmintió.

Teniendo en cuenta que Rusia y la India firmaron el contrato para el desarrollo del caza de quinta generación para la Fuerza Aérea india en la base del flamante caza ruso T-50, la cooperación ruso-brasileña es muy probable, especialemente con las relaciones de amistad que actualmente mantienen ambos países.

Así las cosas, el suministro a Brasil  del Su-35BM dotados con varios equipos de quinta generación puede ser el primer paso hacia la transferenica del T-50. Y si Rusia incluye esta posibilidad en su oferta seguramente ganará el concurso.

El rival principal del Т-50, el caza estadounidense F-22, que no se exporta todavía y el mercado carece de otro aviones de la misma clase, a excepción del caza chino J-20, con ventajas dudosas.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI